Te pienso con fuerza y dulzura

Contra mi voluntad ocurren cosas a diario. Por eso no necesito un seguro de vida, me he acostumbrado a estar en la cuerda floja y ha llegado un punto en el que ya ni flojeo. Tampoco necesito a nadie que me saque del arroyo, disfruto mucho mojándome, y además es empapada cuando juego a explorar mis barreras místicas. Muchas veces siento que me quedo sin aliento, una sensación de que no hay aire me invade, pero soy consciente de su ficción pues sé que su origen es mi cinismo que juega a desorientarme… También tengo mala conciencia desde que estrené el fatídico y mal denominado “uso de razón” porque siempre intento poner sentido donde sólo hay vacío, y eso no está bien, es casi pecaminoso, tal vez, incluso tiene un tono vulgar. Cuando mi mirada se pierde melancólica sé que por poco dinero vendería mi alma, puedo visualizarlo, ¡es que lo veo!, después me iría sin cargo de conciencia alguno, mi elección sería indiscutible e inmoral, sin embargo yo la adornaría con una dosis de delicadeza, con un toque de belleza y con mucho sentido del humor, sería algo así como el sexo de reconciliación para luego pelearse para siempre, y después prometerte inútilmente que no lo harás más. Sería algo así como lo que nos ocurrió a nosotros. La vendería por hastío, porque esta maldita sensación invasora de aburrimiento vital es más bien una posesión, y no sé si el resto de la humanidad también la comparte o reparte conmigo, pero no me importa que así sea o no, y arriesgo a decir que lo sé a ciencia cierta siendo mujer de letras. Sé que lo haría por poco dinero. Y esto es una suposición inmoral, incluso suena a puro chantaje, podría hacerte creer que es una absoluta casualidad que al final podría ser una desfachatez, ¿qué quieres que te diga?… “La verdad por favor, dime la verdad”, me dirías comprensivo…Y yo te contestaría cínica e irónica: “Gracias por tu comprensión…”

Mi sentido de la orientación es culpa de mi madre y el no saber si estoy haciendo escala o estoy ante el destino final es culpa tuya, todo lo demás, sí, he dicho “todo lo demás” es solamente culpa mía, por ejemplo el estar siempre a la espera de novedades alentadoras que no llegan, y además el saber que es mejor que ni tan siquiera acerquen posiciones, ni aprovechando la nocturnidad ni tampoco su alevosía, este nimio ejemplo y lo demás, lo reconozco, es todo culpa mía.

Las mujeres engañamos como lo hacéis los hombres, sin embargo dicen las malas lenguas que nosotras somos más listas, ¿qué de dónde saco tanta seguridad?, ¡pues no lo sé!, pero te recuerdo que en la cuerda floja yo ya no flojeo, arriesgaría a decir que ya no sé flojear, también puedo decirte que cuando beso a un hombre sé si es distinto, y puede ser distinto para bien o distinto para mal. Luego puedo entrar en razón y volver con mi ex, o decir que me gusta cómo eres pero que no te necesito como esposo o compañero, aunque lo cierto es que sé que nunca te echaría de mi cama, no hasta la hora de dormir, perdón de soñar, que sin duda prefiero hacerlo sola. Es como una de esas discusiones acerca de quién besó el primero, ¡qué tontería!, o una conversación muy animada ante una tumba, ¡qué es esto tan descabellado!…No quiero fiestas, ni líos con hombres, cogeré un taxi para irme a un monasterio, que nunca he sabido si se dice navegar o conducir un barco, que nunca jamás he explorado las posibilidades de mi degeneración innata, ni tampoco las de la adquirida, que nunca he firmado acuerdos prematrimoniales, y nunca hubiera podido imaginar que, ni imaginarte así, ni imaginarme tan… ¡Qué más da!, así son las cosas, tan… Y tanto.

Te pienso con fuerza y dulzura en una especie de onda triste que oscila y levita sobre mi abismo que es nuestro. Te juro que quisiera que cayera, que se despeñara y se convirtiera en átomos en ese oscuro fondo suyo. Te juro que no puedo hacerlo, que sigue oscilante levitando triste sobre la tortura de mi sentir y en la locura de mi cabeza. Que me siento desfallecer desde la altura de este abismo, que me quito los tacones para evitar el vértigo emocional, que caigo al suelo por la inercia de mi pesar, y que todo es simbólico porque la verdad es la que es, y te pienso con fuerza y dulzura en una especie de onda triste que oscila y levita sobre mi abismo.

Ese que los dos sabemos… Ese  que es el que nos separa.

Sofya Keer

Te pienso con fuerza y dulzura.jpg

 

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