Del problema de la superpoblación

Demasiada ambición intentar protegerse de uno mismo, desconectar del mundo podría ser más que suficiente, sin embargo ya nada asegura el éxito, mi éxito se pierde o se aleja entre la mugre lodosa de los días agotados que además son cansinos. Y le echo la culpa al problema de la superpoblación y de tanto hijo de su madre que anda suelto, pero sé que ese no es el problema real.

No encontrarse en el camino adecuado es algo que ocurre, la duda, la duda ocurre también, y el descontento vital existe, ¡claro que existe!, y la verdad no es ya alarmante ni grave ni gravosa, igual que los secretos que han perdido ese aura de misterio, sí, esos secretos que pesan sobre mi cabeza ya no saben dar color a mis días, es demasiada ambición, y el mundo está loco y desordenado y ciertamente es un problema el de la superpoblación, porque todos y cada uno de los seres humanos que habitamos la Tierra nos encontramos así, es demasiada ambición tratar de protegerse de uno mismo,  nadie puede hacerlo, y de entre todos los millones de hombres que superpoblamos el  Planeta, no hay ni tan siquiera uno que tenga un refugio real de sí mismo, pero la cuestión que más me alarma es que yo no soy diferente.

Espero días de lluvia para empapar el alma, algo que  sería reconfortante, tal vez lo más cercano a ese refugio, sin embargo si ha de venir sé que será una lluvia ácida, o lo mismo una dorada, pero me quedaré esperando la lluvia que choca y golpea los cristales de mi coche cuando decido poner el velocímetro a doscientos, y mi latido a la velocidad de una arritmia letal que me permita estar muerta cuando salte  al abismo.

Así que pediría un deseo, y sería aprender a apreciar la vida, la tuya, la mía y la de cada uno de los seres que han convertido mi existencia en un problema superpoblando las ciudades, los pueblos, las áreas metropolitanas, los guetos urbanos o mi cabeza. Pediría un deseo y dejaría de lado los placeres ociosos de alcoba, las arenas movedizas de mi mente y mi lógica del caos ilimitado que juega a limitarme constantemente.

Pero no voy a pedir un deseo que no se cumplirá, voy a continuar por mi camino inadecuado, con mi duda irresistible, con el descontento vital con el que me acuesto y que me hace el amor al amanecer cada mañana como a mí me gusta, despacio y recreado, voy a asumir el vacío de la verdad y de mis secretos… Creo que voy a continuar con este sentimiento de soledad que a todos los que superpoblamos el mundo nos embarga, voy a poblar mi alma de silencio a falta de esa lluvia redentora, voy a poner el velocímetro de mi coche a doscientos y el latido de mi corazón a la velocidad de una arritmia letal, voy a saltar muerta al abismo, y voy a hacer todo esto para protegerme de mí misma aunque suene demasiado ambicioso.

Pero además me voy a vestir muy elegante porque la ocasión lo merece, y yo también.

Sofya Keer

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