Vaporizando pensamientos

Al enterarse de su muerte pensó que el mundo era un poco mejor cuando ciertas personas se van, desaparecen, o simplemente ya no están en él.

Con la noticia decidió fumar algo de hierba, solía utilizar un vaporizador para el consumo de la marihuana, una versión terapéutica que le gustaba más porque le aliviaba esos dolores que la asediaban a altas horas de la madrugada quitándole el sueño y las ganas de vivir… Todo era fruto de una infancia caótica y un cúmulo oscuro de acontecimientos negros en su vida, y Sara era así, oscura y caótica.

Con la primera calada y sin ningún remordimiento por su pensamiento inicial ante el óbito recordó aquel momento en el que tuvo que decidir prolongar la situación con él y a la vez suspender sus emociones, así es como contradictoriamente pudo tomar el control, sin notas de despedida huir, y pagar con los pocos ahorros que tenía el servicio de un sicario de alto nivel para con esa muerte garantizar su propia vida, no había ningún seguro más eficaz, eficiente y rentable que ese.

Con la siguiente calada del porro se sintió como la diosa de la muerte, rió a carcajadas como una mujer exenta de cordura, como una desquiciada o enferma mental. Sin embargo, locura era todo el dolor que contenía dentro de su delgado cuerpo y de su ya mínimo ser, dolor era la sensación de su alma rota y de su espíritu triste, dolor eran sus costillas magulladas… Y locura eran los hematomas que escondía bajo sus vestidos, locura era el hecho de no poder volver a confiar en ningún hombre nunca más, no querer hacerlo y además no necesitarlo, ¡eso sí era locura, eso era dolor!…

Acabó de fumarse la hierba, se vistió para tan noble ocasión, y pidió poder presenciarlo todo de principio a fin. Vio cómo lo introdujeron en el infierno a casi 1.000 grados y como una trastornada esperó en la sala las casi cuatro horas estipuladas hasta que lo vio salir reducido a la mínima expresión humana, él ya era polvo. Salió del Tanatorio de luto riguroso y vació su contenido orgánico en el contenedor más cercano, después hizo lo mismo con el relicario.

Llegó a casa con las manos vacías como de costumbre y con un dolor tremendo al que le costaba acostumbrarse, preparó el vaporizador y con una dosis terapéutica quedó profundamente dormida con la tranquilidad de que gracias a ella el mundo era un poco mejor que antes… Y no, no era ninguna locura aunque era consciente de que todavía le duraría demasiado tiempo el dolor.

Sofya Keer

 

woman smoking or vaping an electronic cigarette to quit tobacco

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