Mis pequeños sacrificios

He probado infinidad de veces a salir de mi cuerpo y de mi mente para saber quién soy realmente, porque ni mis posesiones, ni lo que creo sentir o pensar soy yo. A estos espacios yo los llamo mis pequeños sacrificios, pues en el fondo constantemente debo vencer mi timidez para hacer ciertas cosas, y cuando intento salirme de mi pequeño molde siento temor por lo que mi mente y mi cuerpo me esconden. Es como ese momento en el que alguien te dice que quiere que te sientas libre a su lado, sin embargo no hay nadie, soy yo la que lucha sin tregua para sentirme libre intentando saber quién soy realmente, saliendo y volviendo a entrar en mi cuerpo y en mi mente. Necesito ese minuto íntimo de silencio para que mi dolor interno salga afuera y deje su herida, su herida que es mía es una invitación sutil a la entrega, entonces capto la sutileza y hecho sal en ella, kilos y kilos de sal, pues no tengo ninguna prisa en que cicatrice… Así es como al multiplicarse el dolor opto por dar un paseo en soledad dejando que el aire acaricie mis mejillas, juego a huir sola, sin el trance de que alguien me pregunte qué es lo que estoy pensando…

Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, y es que hay otro pequeño sacrificio que tímidamente me permito por las noches, este es un sacrificio porque lo mío no es la tecnología… Tengo un Phantom 4 negro sin luces de navegación que recorre discreto y raudo los bloques de mi vecindario… Buscando por buscar o buscándome a mí misma, encontré dos bloques más allá a un chico excitante con el que me cruzo a diario por el barrio y aunque también cruzamos miradas, él ignora que yo sé cómo son sus noches.

Mi drone tiene un sensor especial que me permite seguir sus movimientos nocturnos, su pequeña cámara le graba y yo puedo disfrutar de sus imágenes y aunque no graba audios, no necesito escucharle. A veces empleo los veintiocho minutos de autonomía de vuelo porque me embelesa, pero ahora quiero poner a prueba a mi juguete volátil, pues es capaz de ir hasta cinco kilómetros más allá, y el otro día conocí a un hombre muy interesante de mirada inquieta, que me ha hecho pensar que salirme de mi cuerpo y de mi mente no tiene por qué ser una vivencia de sacrificio… Le seguí disimulando entre escaparates y vive  a unos tres kilómetros de mi barrio, sin embargo, no sé si con veintiocho minutos de autonomía de vuelo, mi pequeño drone tendrá tiempo suficiente para ir, volver y facilitarme esa información nocturna que necesito para saber quién soy yo realmente. No quiero accidentes innecesarios ni que le ocurra nada malo a mi artefacto salvador y volador… Y además no sé porqué cuento  todo esto… Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, así que supongo que esta confesión mía insensata y descabellada es otro de mis pequeños sacrificios, aunque he de confesar que no me ha costado mucho contarla porque creo que estoy empezando a  disfrutar enormemente saliéndome de mi cuerpo y de mi mente. Sólo pido discreción pues sé que este intento de encontrarme a mí misma tiene tintes de ilegalidad.

Sofya Keer

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