Grisuras navideñas

Uno de los pocos dones de los que puedo presumir es de mi extremada sensibilidad, y en un mundo que es de todo menos sencillo este don es como mirar a tu alrededor y encontrar el manantial. Y no importa que nada más nacer ya tuviera mi primer intento suicida con el cordón umbilical, ni tampoco importan mis senos bonitos ni mi boca besable, porque mi sensibilidad es lo más hermoso de mi ser y su porte extravagante, casi presuntuoso aunque suene raro ralentiza mi envejecimiento, el de mi alma, el de mi mente y el de mi cuerpo… Sentir mucho es saludablemente mortal, a veces es como abrir un boquete y desde la brecha abierta otear el abismo, otras es como una lluvia moderada y agradable, o como un amante de un día, y en no pocas ocasiones es como si me dejasen salir a empujones de un embotellamiento humano en un antro nocturno y de perdición. Mi sensibilidad en Navidad se dispara y veo toda la putrefacción de mi especie bajo árboles que brillan y lucen sus mejores galas acompañando al sinsentido de una celebración hipócrita, en la que nace y muere alguien que nunca nadie ha conocido personalmente ni visto jamás, y yo soy tan sensible que veo lo indecente y mugriento de estas fechas que para mí son tan frías como besar el rostro de un muerto.

Sin el menor titubeo estas atávicas costumbres están llenas de una insensibilidad casi obscena… Las calles están cada Navidad más llenas de personas sin hogar, hombres, mujeres y niños que no saben lo que es un plato de caliente, los hay que recientemente han sido desahuciados de sus casas y se estrenan en este mundo en el que lo material brilla por su ausencia y brilla tanto como nuestros árboles navideños…. Mientras, en el otro extremo estamos los privilegiados que por nuestra buena suerte, quejarnos es motivo más que suficiente para que con un golpe certero y maestro separen nuestras cabezas de nuestros cuerpos y así, una vez convertidos en troncos de Navidad posteriormente podríamos ser devorados por bestias de un mundo de ultratumba en el que también se celebre este teatro año tras año y por los siglos de los siglos… Y nos devorarían sin piedad y sin escrúpulos hasta el último átomo de nuestras carnes putrefactas… Lo estoy viendo, esta sería la escena que mi extremada sensibilidad visualiza si nos quejásemos de nuestra buena estrella, pero si lo agradecemos tampoco es suficiente, ser agradecidos es de bien nacidos, según el dicho popular, pero es muy cómodo y estrepitosamente fácil, igual que pedir perdón:

“Lo siento o perdona, no quería herirte “ (aunque lo he hecho) o  “gracias por todo lo que tengo” (aunque no puedo ponerme realmente en el lugar de los desposeídos y ya, ya lo sabemos, no es culpa mía, ni tuya, ni nuestra, ni de vosotros, ni de ellos)…

¿Ah, no?… ¿De quién es la culpa?, aunque dicen que buscar culpables no soluciona nada… ¿O tal vez sí?… ¡Bueno!, volviendo al perdón y a las gracias, ¡pues resulta que son tremenda y descaradamente fáciles!… Y es que desde este polo lo tenemos todo más fácil, porque lo tenemos todo, y punto.

Punto y final… Ah!, perdón por las molestias si pecáis del llamado espíritu navideño y gracias por leerme si la Navidad es vuestra celebración más querida… Ahora sí:

Punto y final.

Sofya Keer

 

25352337_1014279548713429_7760518115601297791_o

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s