Por cierto, el pasado no existe pero sí es importante

Vuelve el pasado en forma de llamada telefónica. Tu teléfono no está silenciado ni tampoco apagado. Entonces ese mantra tuyo: “El pasado no existe” se desmorona así, en milésimas de segundo, y entonces en millones de átomos se rompe un esquema… O no estaba muerto o ha resucitado, lo de la parranda no puedo contemplarlo, pero cuando eres de las que no comulga con la resurrección, cuando eres de esas entiendes dos cosas: la primera, que te han pillado en bragas con el teléfono operativo, y la segunda, que nada importa si eres tú la que ha decidido que el pasado no existe, o si directamente lo estrangulaste una noche cualquiera, en la que la cerveza corría a la misma velocidad que te movías tú cuando viste reflejado ese nombre en la pantalla del móvil mientras ACDC en forma de tono de llamada te advertía de que nunca descansarás hasta que mueras. Un destino funesto como el del resto de los humanos, así que descartados ya todos los discursos falaces e interesados que giran en torno a tu victimismo sólo queda una cosa, llegar al conocimiento de la naturaleza humana para entender algo así de farragoso y triste como esto.

La Odisea fatal de la humanidad en la que el Universo pierde paulatina y trágicamente todo su valor, ese es el escenario humano por excelencia y por naturaleza. Algo aterrador de lo que nos cuesta mucho hablar y por ello no lo hablamos, y al no hablarlo pierde su importancia y al perderla no es algo importante. Ya no lo es. Así es como lo banal, lo secundario y lo superficial ganan puestos en el ranking. Así es como morimos antes de nuestra muerte.

Desde que salgo por la mañana de casa y empiezo a interactuar con personas, hombres y mujeres indistinta e indiscriminadamente, lo noto. Lo noto y lo siento tanto… Lo siento mucho porque aunque pueda parecer exagerada, a mí me entristece la superficialidad. Sin embargo con lo superficial nos relacionamos sobrados aunque realmente el calificativo es automatizados. Con una conversación superficial puedes follar, puedes conseguir un empleo, puedes caer bien a la gente. PUEDES… Si profundizas en la conversación puedes no follar, puedes no conseguir el trabajo, puedes caer bastante mal a la gente, luego NO PUEDES.

Ni todas las leyes vigentes ni las derogadas ni las que están por llegar (visto lo visto), nos sirven, porque a los muertos sólo les rige la ley del silencio, y nosotros callamos para restar la importancia real a todo esto, y todo esto es el espacio o intervalo que abarca desde que vemos la luz hasta que regresamos a la oscuridad, un espacio que llaman vida para restarle importancia pero en realidad es la existencia, me gusta más ese nombre porque me gusta dar la importancia real a las cosas. Ni más ni menos, sólo la justa trascendencia. Pero como de esto tampoco hablamos, no es importante la diferencia entre vida y existencia, superficialmente hablando es lo mismo. Lo mismo. Pero no lo es.

Ya nadie ve la importancia cuando dices que prefieres una catarsis incontrolada a un orgasmo sin control (absténganse los graciosos superficiales de referirse a la marca de preservativos, que el orgasmo sin control sería sin dominio, sin mando, sin preponderancia ni regulación, como tiene que ser), al decirlo desde el modo superficial te juzgan como una frígida en el peor de los casos y en el mejor como una graciosa trasnochada. Pero no es importante tampoco lo que se piensa desde la superficie. No para mí. Yo bajo a las profundidades, bajo también a los infiernos, y puedo jurar que es al subir a la superficie cuando tengo que coger aire para respirar, me ahogo en la superficie y es en las profundidades que esa asfixia, ese sofoco y esa penuria desaparecen, en la profundidad siento la abundancia, la riqueza, el alivio y el consuelo existencial.

Y es magnífica y llamativa la pluralidad en todos los ámbitos y sentidos, sin embargo hay un algo indefinido que me define como inconformista porque la superficialidad reinante es la desesperanza más absoluta, a mí es que me causa una impresión terrible, descorazonadora, y si soy o no una pensadora farragosa eso no es importante, y si la importancia es relativa, eso no es importante, y si mañana morimos tampoco lo es, aunque tal vez alguien quiera hablar de esto… ¿Hay alguien que quiera dar la importancia justa a todo esto?, ¿alguien preparado?… Sería darle sólo la importancia justa.

Por cierto, el pasado no existe pero sí es importante.

Sofya Keer

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