A que no? …

Dejarme llevar por la ira no es la idea aunque son muchas las veces en las que tengo pensamientos que no me llevan al sitio anhelado, así que esto no me deja perpleja, sin embargo una extraña asociación de ideas me lleva a pensar que desde una azotea se pueden cerrar muchos asuntos inconclusos. Esto es algo interesante porque tengo muy claro que hay que cerrar para abrir, además el encanto de una azotea puede resultar  sobrecogedor e impactante. Lo mismo que yo puedo parecer hueca y opaca. Lo mismo que el sentido se acaba convirtiendo en sinsentido.

Desde tanta altura todo es tan minúsculo que resulta ridículo, puedo permitirme el lujo de vivir ajena al escándalo que hay abajo, pero no al estómago  porque miro y una sensación vertiginosa me invade, siento miedo, un horror indescriptible que sin embargo lo prefiero a las mariposas, ¡no quiero ni las de colores exóticos, no las quiero ni regaladas, no las necesito!… Mi estómago está hecho a prueba de bomba porque como no me gusta mentir siempre opto por el silencio, y es tan bueno. El silencio es bueno para tantas cosas… Y aunque las tolera no las soporta ni las digiere bien… Sí, hablo de esa sensación de tener mariposas en el estómago que se asocia a determinada emoción o sentimiento, o como quiera llamarse, yo no soy una especialista en esta materia así que no puedo decir nada más.

Me llamo Alejandra y no soy una mujer con pulsiones suicidas, siento más debilidad por  las masacres, se llevan más, incluso sueño con ellas. Tampoco dejaría una nota de suicidio, ¿si te quieres ir para qué establecer comunicación alguna?, sería un desperdicio de vínculo o un vínculo desperdiciado. Tampoco me compraría un reloj “28”, no necesito saber los días, las horas, los minutos ni los segundos que me restan, sé que soy mortal y esta información es más que suficiente para mí. Con este dato tan fundamental sé que si mi ataúd es introducido en el nicho y nadie me echa de menos habré malgastado mi vida. Lo que me preocupa en un sentido metafísico es que… A ver, ¿cómo explicarlo?… ¿Y si todo esto es mentira?, todo… Absolutamente todo… Mis movimientos repetitivos en la vida, tanto los armónicos como los desordenados, mis vibraciones, las buenas, las malas y las sensuales, mi trayectoria y mi crecimiento, los que dicen quererme y yo no siento su amor, los que no me dicen que me odian pero yo siento su odio, mi soledad perpetua, mis prismas y dimensiones incluidas las tremebundas. Mi insomnio, mis lágrimas, mis risas y mis carcajadas feroces, mis promesas de darlo todo y también cuando lo he dado todo por nada… Mi espesura y mis ligerezas, mi hostilidad y mis sensibilidades extremas, mi repugnancia indiscriminada y mi generosidad incondicional, mis veranos largos, tediosos y calurosos, o mis inviernos cortos, divertidos y fríos, mis meditaciones junto al hambre brutal de mi alma. Mi tristeza que no se va, que no quiere irse, que va y se queda… ¡Que se quedó para siempre!… ¿Y si todo es mentira?… Mis viajes… A Paris, Ámsterdam, Bruselas, Rotterdam, Sóller, China, México, Menorca Sicilia, Dinamarca, Brasil, Florencia… ¿Y si no he estado nunca en Japón?… Con lo que me gusta el sushi.

Me voy a morir aunque respete el falso mito de esperar dos horas para el baño tras la comida, aunque cuide mi nutrición y haga deporte, aunque quiera creer en los milagros caeré fulminada como la torre, y todo por el simple hecho de haber nacido. No hay milagros, moriré pese a haber sido una buena neonata, una adorable niña, una adolescente maravillosa y una joven amorosa, moriré pese a ser la mujer que soy, la mujer mortal en la que me he convertido con el paso del tiempo… Moriré igualmente.

Mirar hacia abajo desde un piso número veintiséis es toda una experiencia de vida o de muerte, según cómo se mire… Sé que también moriré pese a ser tan graciosa y hábil con el uso de las palabras.

Mirar hacia abajo no es lo mismo que hacerlo hacia arriba, sin embargo el reto real es mirar hacia adentro, porque dentro de uno mismo hay demasiado para destripar si tienes tripas o estómago. La primera vez que miré hacia mi fuero interno tuve la misma sensación que ahora desde esta azotea cuando lo hago hacia abajo. Vi enseguida el escándalo que desde esta altura ahora me es ajeno. Vi mi vida y mi muerte porque son las dos caras de una misma moneda… Curiosamente desde dentro me sentí más viva que muerta aunque al ver todo lo que pude ver deseé la muerte, pero en ese preciso instante morir no estaba en los planes que al nacer me dieron así que continué explorando, y así hasta ahora combatiendo con las dos caras de esa misma moneda.

Desde aquí el equilibrio ansiado pierde todo su sentido, la balanza ciega de la justicia se contonea retándome. No quiero perder de vista el motivo real por el que estoy aquí arriba mirando hacia adentro mientras miro hacia abajo, ¿dónde ubicar la locura, aquí en las alturas o allí abajo con la masa de viandantes ridículamente minúsculos?… ¿Dónde está el límite y por qué limitarla?…

Hace demasiado viento. Hay demasiada altura. Demasiadas dudas, demasiados pensamientos, demasiado de todo y sin embargo siento que es tan poco. Es por eso que estoy aquí, porque me gusta el viento, porque adoro mis dudas, amo mis pensamientos, es por eso que todo es nada para mí.

Hoy cumplo veintiséis años, uno por planta. No sé cómo enfocar mi vida, no sé cómo enfocarme en ella, no sé qué es el todo pero lo que sé es que no soporto verlo como la nada, así que nada como sentir el balanceo de mi cuerpo en esta cornisa para jugar con mi equilibrio o tal vez para jugármela. La vida es un juego y jugando moriré, pero no voy a pensar que sea ahora, no tiene porqué ocurrir, yo sólo necesito sentir el viento y que desequilibre mi cuerpo para equilibrar mi mente. Es sólo un juego. No tiene por qué ocurrir nada más. Cerraré los ojos y no ocurrirá nada más.

¿A que no?…

Sofya Keer

A qué no

 

 

 

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