Mirando cornisas desde un manicomio

Sal de mi cabeza, te lo pido por favor… Cierro los ojos para dormir, y si me duermo, siempre intento perderme y si me pierdo en mis sueños anhelo el sueño eterno. No me resulta fácil olvidar ciertos detalles, por ser bellos y anodinos, como por ejemplo que me volvía loca tu pinta de traficante de armas, o cuando hablábamos largas horas y me hacías volver a la realidad con frases como: “pocos medios pocos problemas resuelven”, tampoco puedo olvidar cuando en la calle mientras hablabas con algún vecino te aproximabas a mí pidiendo disculpas por la interrupción de la charla y sonriendo  me susurrabas: “ Sube a casa y espérame casi desnuda en el sofá”, lo hacías con un tono agresivo y territorial fingido que me provocaba un tremendo y excitante escalofrío que recorría mi cuerpo entero… Desde mi atolondrada cabeza hasta mis pies que ya levitaban por tu insinuación en ese “casi desnuda” que tus labios pronunciaban susurrando… Adorabas el brillo de labios con olor a fresa que me ponía a diario y te acercabas contoneándote para lamerlo y comértelo con sensuales bocados en mi labio inferior, recuerdo cómo después decías: “Por favor, vuelve a ponerte esa mierda tan sensual en tu boca… Hazlo, por favor” …

Y por favor te lo pido, no estoy acostumbrada a rogar, sal de mi cabeza con esos eternos porqués, con mi culpa como bandera, con nuestros excesos inútiles ya… Recuerdo cuando me dejabas hablar y hablar sin parar, sin interrupciones, algo muy poco caballeroso de tu parte. Te mostrabas distante y distraído para que mi enfado alcanzase cotas insospechadas, entonces me cogías en brazos me llevabas a la cama, me desnudabas, te desnudabas y ya no había tiempo… No había espacio… Yo flotaba, y tú lo hacías conmigo.

Ahora todo es tan normal, es como mirar cornisas desde un manicomio. No puedo olvidar tu mirada lasciva y tierna a la vez, algo maravilloso que te convertía en el hombre que todo lo hacía bien. Y yo estoy haciendo un gran esfuerzo apartada de ti, con la puerta de casa como frontera y con una congoja infinita que me desborda en esta extraña soledad. A ratos una música imaginaria en mi cabeza me distrae del silencio y con afán de burla me lleva a ese punto fijo en la nada en el que mi mirada se centra hasta que mares y mares de lágrimas me salvan de mi particular naufragio mental. Ya lo ves, no te exagero, es todo tan normal como mirar cornisas desde un manicomio, ¿quién iba a sospechar de alguien que desde un frenopático pasara las horas muertas mirando las cornisas de la tremenda construcción psiquiátrica?, nadie sospecharía, todo el mundo lo vería normal… Tan normal…

Nuestra intensidad se disparaba y apuntaba maneras, y el tiro era certero y la diana no fallaba, la diana siempre era yo, tu centro era yo y apuntabas y me dabas y yo caía rendida…Y no fallabas… Y no fallaba, nuestra intensidad nunca fallaba.

La pregunta que no puedo dejar de hacerme es : ¿Qué es lo que falló?…

Sofya Keer

34792668_10155633305093575_356859203307962368_n

 

Anuncios

2 respuestas a “Mirando cornisas desde un manicomio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s