Regalos de consuelo

Me gusta beber en las barras de los bares y de los pubs nocturnos. Me gusta ver a las parejas bailando mientras mis capacidades físicas y mentales se alteran por el consumo excesivo de alcohol. Preparo a conciencia estas premisas para abonar el terreno mental y que así surja mi teoría, que aflore y me permita pasar horas y horas rumiando emociones.

Sólo tenía veinte años cuando llegué a la conclusión de que todos somos o podemos ser un regalo de consuelo para los otros. Esta es mi teoría, y es que cualquiera puede recibir un regalo y cualquiera un consuelo, por lo tanto cualquiera puede ser un regalo en la vida de alguien y del mismo modo o igualmente, un consuelo. Así que el regalo de consuelo es bastante común y por ello podríamos decir que vulgar cuantitativamente hablando, insisto.

– ¡Otra cerveza por favor!

Sí, no me gustan las copas, yo soy mujer de cerveza y las miradas del camarero me animan a beber… Sí, soy mujer de pensamiento, de análisis y de risas y lágrimas con o sin motivos indistinta e indiscriminadamente. He sido soy y seré un regalo de consuelo, en otras ocasiones si eso, me dejarán ser y punto, pero lo que sí tengo claro es que pelearé como gato panza arriba para ser yo misma con o sin mi circunstancia, y en este punto debo decir algo a mi favor, y es que estoy aprendiendo a desconectarme de ella. A fin de cuentas una circunstancia no es más que una característica no esencial de tiempo, lugar o modo que rodea e influye en una persona o en hechos relacionados con ella, es decir, algo totalmente prescindible cuando le haces un hueco considerable al ser y a su gran amigo-enemigo el ego.

¿Cuántas personas hay en el mundo que si estuvieran con aquellos que desearon y no pudieron tener se convertirían en los seres más desdichados del Planeta Tierra?, ¡sí, más desdichados todavía, eso he dicho!, y es que nos esforzamos por desear lo que no es bueno para nosotros, nos esforzamos en convertir las necesidades sentidas en reales cuando la diferencia entre ambas es abismal y el abismo a veces, es una cuestión de vida o muerte, esto va por Nietzsche y por nadie más.

Así que esas personas que entran en nuestras vidas cuando las deseadas se van huyendo campo a través, son las que se encargan de salvar nuestros pellejos y nuestras mentes debilitadas por el famoso “lo que pudo haber sido y no fue”… Algo que por cierto es irreal y simbólico, y por ello muy humano sin duda.

La pareja baila mientras yo intuyo que ella es el regalo de consuelo de él, que por cierto baila como si no hubiera un mañana y lo que hay en su vida es un ayer que ella se ha encargado de eclipsar con su buen hacer y su carácter grácil y elegante, porque la chica tiene clase, y mucha. Además folla mejor que la que él deseaba, ¡hay tantos regalos de consuelo que se lo montan tan bien en la cama!, o donde se tercie el alivio, porque alivio es también consuelo, ¿no?… Él vive ajeno a su suerte porque la mujer que perseguía y deseaba no tenía el nivel cualitativo  que  la actual, a la que llamaré regalo de consuelo para aclararnos y a la que perderá como no sea consciente en tres, dos, uno, porque todo cansa y consolar también. El regalo de consuelo no es necesario, o sí, va en los gustos y también en los colores, pero lo que sí es cierto es que nuestras existencias extintas cargadas de anhelos son el caldo de cultivo idóneo para buscar consuelo en cualquier rincón o en el mejor de ellos si es el mejor de los casos. También hay personas que ni quieren ni buscan consuelo, pero se lo encuentran y no porque lo merezcan, porque merecer es deber y el deber se paga caro cuando los derechos se pierden a cada paso, y además sabes que serás incapaz de salir derecha del bar porque vas a pedirte otra:

– ¡Otra, por favor!

El primer trago frío me trae a la cabeza una idea narcisista y ególatra aunque alcohólica,  y es que sé que si le contara mi teoría a Schopenhauer porque él estuviera o estuviese vivo, obviamente, en esta barra de este antro de mala muerte, yo lo sé, me utilizaría como regalo de consuelo aunque no necesitara consolarse, porque mi teoría no puede ser más repugnante en cuanto al uso y desuso que le estoy dando a mi especie. Eso al filósofo alemán le pondría. Lo sé… Es que lo sé.

Pero en el fondo no es tan repugnante ni descabellada mi teoría. El ser humano se merece todo lo que le pasa y todo lo que le va a suceder porque está hecho a base de anhelos y deseos inalcanzables, y lo peor es que no está educado en la tolerancia a la frustración. Esto sí es repugnante teniendo como tiene a su disposición intelecto y razón. El ser humano lo merece todo, hasta un regalo de consuelo que además le folle mejor.

– ¡Sírveme otra y de paso, deja de mirarme de ese modo!

El camarero se acerca sonriendo con una boca y una dentadura de anuncio de dentífrico, sabe que estoy como una cuba aunque no puede imaginar todo lo que hay dentro de esta cabeza loca y en este preciso instante.

– ¿Y cómo te miro?

– ¿Cómo si yo fuera tu regalo de consuelo?

– ¡Vaya, pues no me importaría que me consolases!

– Haremos lo siguiente, me pones la última y hablaremos largo y tendido sobre Nietzsche, Schopenhauer, el amor malentendido y la necesidad de consuelo del hombre que nunca será superhombre. ¿Qué te parece?

– Lee mi mirada.

Rápido y atinado. Hoy me consuela él, y de los regalos de consuelo que follan peor pensaré y haré un análisis exhaustivo fumando hierba.

Sofya Keer

48372296_1275872655887449_1207720704573702144_n

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s