La secta

Todos mis progresos son desordenados. Cuando eliges crecer en el mismo infierno tu mecanismo de defensa es disfrutar de tus oscuras gestaciones mentales, y esto yo me lo permito frente al fuego con una copa de vino en mi mano pues así disfruto el doble… En ocasiones me permito hasta el triple.

Algunos de esos brotes mentales son el vivo reflejo de las maldiciones del alma, algo tentador por cierto. Otros son un claro síntoma de decadencia, algo lógico por el hecho de ser humana. Pero es que el instinto a veces falla y si lo enfocas con el zoom del pasado suele errar mucho más, algo que ocurre porque de lo contrario nuestro presente no se ajustaría a esa idiosincrasia tan suya de la mortificación por nuestras historias pasadas, más muertas que vivas aparentemente pero en realidad más vivas que muertas. Nunca recurriré a la psicología positiva, me niego. Ni a esas sectas que hablan de rollos de energías y a ratos también se permiten hablar el lenguaje de los dioses, me niego también. Sus inseguridades son las que les teletransportan a esa dimensión o plano directamente, creen por ello estar despojados de sus egos pero nada más lejos de la realidad, y no de las suyas que son más aparentes que las del resto de los mortales terrenales que elegimos el infierno antes que el cielo. Yo al cielo lo quiero para contemplar su inmensidad y para viajar. Para nada más. Y en breve me voy a Turquía porque en Estambul me espera una aventura fascinante, tangible y lujuriosa.

¿Qué adónde me llevan a mí mis inseguridades?, pues al mismísimo infierno, porque yo no estoy despojada de mi ego y con él mantengo una relación muy estrecha, sensual y caótica. Algo que se me hace tan irreprimible como mis preñeces cerebrales.

Mis gestaciones mentales tienen un atractivo irresistible para mi cabeza. Yo no puedo escapar de su embrujo, ellas son así y he de aprovechar la ocasión y saborearlas cuando se presentan ante mí y frente a un buen fuego tomando una copa de vino. Yo sé que así son mejores, aunque no me lleven a ninguna parte pues en el fondo yo nunca he sabido adónde ir ni adónde me dirijo, y en mi naturaleza perdida va mi esencia que nunca me he permitido perder. Eso jamás ocurrirá. Antes muerta.

Él pertenecía a una de esas sectas y yo no creía en el sexo tántrico. Así que lamentablemente no funcionó, mejor dicho, lógicamente no funcionó. Yo no quiero sexo para buscar la plenitud espiritual, yo no comulgo con doctrinas esotéricas, yo quiero y necesito placeres mundanos, besos exploradores, caricias sucias y miradas provocadoras. La lentitud me exaspera porque soy una mujer demasiado impaciente, así que cuando él me hablaba de poner música tranquila y tomar un té a modo de preliminares, mi libido caía en picado y con ella yo. Cuando me hablaba de la contención de la eyaculación o lo que ellos llaman eyaculación interior era mi voz recóndita y profunda la que sonaba fuertemente y resonaba en mi caja torácica diciendo:

 “Definitivamente este tío es un tarado que me quiere volver loca”

Pero no, él hablaba en serio y también hablaba del punto de no retorno aguantando la respiración y apretando la musculatura implicada para no eyacular, pero es que además esto había que repetirlo varias veces para llegar al orgasmo sin vaciarse. A mí que me gusta recrearme en mis humedades y en las ajenas, saborearlas y empaparme con ellas. Todos juntos, mi chico con su ego y yo con el mío, una orgía de esa unidad dinámica que constituye al individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio, y como medio la cama. Un fenómeno claramente físico, de conciencia y cognición. Pero no, él hablaba de cosas raras de la secta, de la luz y de la oscuridad, y para sinsentido yo siempre he preferido y elijo el existencial, la sinrazón de mi vida que es el norte de mi brújula emocional. Mis carencias y mis necesidades o lo que es lo mismo, la madre del cordero, y yo madre y cordero a la vez.

Una noche en la que ya no soporté más el sendero hacia la iluminación, la física cuántica, el tao, la reencarnación, el karma y no sé cuántas simplezas más, salí corriendo para reencontrarme con mi complejidad existencial, las fantásticas llamas del infierno, el reconfortante calor del sexo desenfrenado, sucio y terrenal, la racional e inteligente comprensión de que vida no hay más que una y para consuelos en el cajón de mi mesilla de noche tengo una pequeña y curiosa variedad de juguetes, en mi biblioteca una cantidad ingente de libros alejados de ese plano o dimensión, en mi nevera muy buenos vinos y en mi despensa bombones selectos y chocolate en cualquiera de sus modalidades. Aunque he de reconocer que sigo pensando independientemente del vino y de este fuego que el mejor consuelo siempre es la muerte, así que el que no se consuela es porque no quiere y yo tengo muy claro lo que quiero y muy presente en mi plano consciente lo que no.

Sofya Keer

vino

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2 respuestas a “La secta

  1. Y es curioso cómo los sectarios imparten y adoctrinan, siempre menospreciando a quien no comulga con sus enseñanzas, sobre un sentido no terrenal de la vida apegados al dinero: Ventas de libros, clases maestras, retiros, etc.
    También me llama poderosamente la atención que, según ellos, todos pertenecemos a un mismo universo, único, que a la vez es un millón, multiverso, multidimensional, y que, queramos o no, a esa norma estamos atados, sin remedio; condenados, diría yo, pues.
    Y es por ello, entonces, que si somos parte de ese “fantástico” plan universal, qué importa si seguimos o no su reglas. ¿O acaso están más cerca del Cielo y el Infierno judeo-cristiano? ¿Son los nuevos elegidos y el resto, pese a estar en su juego nos guste o no, caeremos en el pozo infernal por no aplaudir a sus egos al verlos pasar? Que los dioses se levanten y vean esto, porque de nuevo el humano nos enseña que no necesita presencia divina alguna, que sabe valerse solo para esclavizarse.

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