Salir de caza

El fascismo corporal es un castigo del siglo XXI, los juicios de si los cuerpos son estética y por lo tanto socialmente aceptables es una lacra que afecta a todo, y sobre todas las cosas a nuestras emociones. No todo el mundo sabe separar la sexualidad de los cuerpos, y esa es una de las claves del éxito en las relaciones. Otro de los problemas de nuestra Era, que además es una amarga herencia es que las creencias universales no son verdades universales. Yo estoy segura de que la belleza no tiene nada que ver con la simetría de los rostros ni con esos cuerpos moldeados, formados y  deformados en los gimnasios. La belleza podría ser simplemente la ausencia de dolor. Este es el eje central de mis soliloquios, uno tras otro tras todas mis relaciones fallidas y dolorosas, un tema recurrente con el que he podido divagar profundamente, y gracias a esas cavilaciones he podido comprender que no se sabe llorar si se hace de rabia o de ira. Llorar es otra cosa. Es algo más profundo. Llorar es un lenguaje sagrado. La gente llora y se equivoca cuando dice que si no hay amor hay rencor, la gente se equivoca porque también existe la indiferencia. Se da menos pero es más saludable y en ciertos formatos hasta indolora.

Huimos de la línea que separa la vida de la muerte, asistimos a sepelios y en los Tanatorios no somos capaces de vernos en el lugar de los muertos que despedimos como si la cosa no fuera con nosotros. ¡Malditas cajas de pino!… Pero claro, ante tantas preguntas mejores son las mentiras y el auto-engaño es otro de los privilegios más vacíos y dolorosos del hombre. A veces me quedo pensativa en lugares concurridos como en este bar. Todo el mundo bebe, baila y trata de escapar de todos estos misterios y entuertos humanos, de toda la falacia de una especie a extinguir como la nuestra. Porque estamos extintos pero no lo sabemos, no lo vemos, no queremos ser conscientes de tanto dolor. Creemos que con estas evasiones mantenemos la muerte a raya, pero no es así.

Estoy bebida y como los escritores somos un poco más distraídos que el resto de los humanos, ando en ese canal mío entre la fantasía y la realidad y no sé porqué le doy vueltas a la cantidad de brujas con conocimientos medicinales que quemaron en Europa. Mis dos amigas que me acompañan están a mi lado bailando y bebiendo como cosacas preparándose para la caza. Yo no bailo. Apoyada en la barra y con mis cavilaciones permanezco en mi canal cuando de repente aparece ante mí un chico que a mis ojos es la ternura salvaje personalizada. Va con un amigo, de momento no sabe de mi existencia y tampoco sé hasta qué punto ignora lo esencial de la suya. Pero de momento eso no lo voy a juzgar. Hoy las chicas y yo hemos salido de caza. Solamente de caza, y bastante tengo con intentar cazar sin convertirme en presa como suele ser mi tradición existencial. Mi biografía está llena de ejemplos como este. Hoy voy con el machete en la boca y voy a triunfar, entendiendo el triunfo como ser la cazadora y no la cazada.

La vida no es una unidad sino trozos o partes, momentos que como este te pueden sorprender ante tanta zafiedad que nos rodea. De repente él me ve. Y entre tanta gente me mira, me hago visible ante sus ojos. Se muestra paciente. Yo le acompaño en su paciencia, así que nos miramos pacientes por un largo intervalo de tiempo. Su mirada es de sorpresa, definitivamente no esperaba encontrarme, no esta noche, pero desgraciadamente me ha encontrado. Sí, resulta que yo ya sé que se arrepentirá de haberme encontrado. Mis amigas ajenas a la historia visual hablan, bailan, beben y ríen dejando a la amiga “rarita” a su aire apoyada en la barra y bebiendo, metida en su canal entre la fantasía y la realidad. Decido entre el ruido del garito concentrarme silenciosamente para que mi mirada no desprenda erotismo ni sensualidad, me concentro para que mi mirada sea una pregunta sin palabras, y mi pregunta es muy sencilla, es un “¿quieres follar conmigo?”, me esfuerzo para hacerle llegar mi mensaje y en el esfuerzo que es para mí como un juramento de los sioux, entiendo que como de costumbre será vano y fútil. Me pido otra cerveza y me retiro de momento dándole mi espalda desnuda porque hoy al salir de caza me he puesto un top grácil y sensual, una prenda muy erótica, por eso no necesito ni quiero que mi mirada desprenda erotismo ni sensualidad. Como había calculado, al girarme él ya está a mi lado, en la barra con su copa en la mano y sonriendo con una dentadura blanca digna de anuncio de dentífrico. Alarga su mano y se presenta:

– Javier.

– ¡Hola Javier!… Raquel.

– ¡Hola Raquel!

El formato es cómico y nos reímos sin parar, pero yo voy borracha y él todavía no. Mis amigas ya posan como el telón de fondo de su persona haciendo las tonterías que hacemos en las noches de cacería, algo terriblemente infantil que sólo puedo sobrellevar por el alcohol que recorre mi metabolismo.

– ¿Vienes mucho por aquí?

– No, sólo cuando salimos de caza y esto lo hacemos muy de vez en cuando.

– ¿Has dicho que habéis salido de caza?

– Sí, eso he dicho.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿entonces yo soy una de tus presas?

– O no. Date un tiempo a ver qué sucede.

– ¿Por qué dices eso?

– Porque es lo que pienso.

– ¿Entonces tengo que esperar?

– Eso es.

– ¿No bailas?

– No esta música.

– Pero entonces, ¿bailas?

– Por supuesto, como si no hubiera un mañana.

– ¡Ja,ja,ja!

– De hecho no lo hay.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿te puedo proponer salir de aquí y dejar de beber por un rato?

– ¿Tan desagradable es mi borrachera?

– ¡Ja,ja,ja!. En absoluto, simplemente es para charlar tranquilamente sin ruidos.

– Tomamos lo que nos queda y salimos, ¿te parece?

– Está bien ¿Qué te apetece hacer, Raquel?

– Lo que me apetece es tocar el agua fría con la punta del pie.

– ¡Ja,ja,ja!

– Oh, vamos! ¿es que no puedes parar de reír?

– Obviamente no. Tu respuesta es…

– Es mi respuesta a tu pregunta. Me apetece eso.

– Está bien. Eres muy graciosa y divertida, por eso no puedo parar de reírme.

– Bueno, me pondré seria.

– No es preciso.

– Lo es… ¿Por qué te has acercado a mí?, ¿qué has leído en mi mirada?

– Me he acercado porque tu mirada es muy sensual. Eres una mujer muy atractiva.

– ¿Y mi top qué te parece?

– Muy erótico y atrevido.

– ¿Y por mi mirada, tú qué crees que yo quiero?, insisto, por mi mirada no por lo que yo te he dicho que he venido a hacer hoy aquí.

– ¡Ja,ja,ja!… Pues he leído en tus ojos que quieres conocerme.

– ¡Pues me ha salido mal!

– Perdona, no te he oído bien…

– Decía que me he equivocado, que me ha salido mal lo de la mirada.

– ¡Ja,ja,ja!

– En serio, deja ya de reír.

– Vale ya paro ¡ja,ja,ja!

– ¿Paras?

– Sí, paro… ¿He leído mal en tus ojos o te has expresado mal con ellos?

– Sin duda, lo segundo.

– Entonces…

– Lo cierto es que no quiero conocerte

– Ah, ¿no?, ¿qué es lo que quieres?

– Me he esforzado inútilmente para que mi mirada no transmitiera erotismo ni sensualidad. Yo sólo quería decirte a través de mi mirada y sin mediar palabra si quieres follar conmigo. Era sólo eso y lo he estropeado totalmente.

– ¡Ja,ja,ja!

– Lógicamente como mi idea era no usar las palabras no te lo voy a preguntar. Así ya no tiene gracia. Creo que ni me apetece.

– ¡Ja,ja,ja! Me encantas, eres una mujer increíble, ¿lo sabes no?

– Lo que sé es que esto no era lo que yo había planeado.

– Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?

– Pues… A ver… ¿Cómo decírtelo?… A mí me sigue apeteciendo tocar el agua fría con la punta del pie…. ¡Ja,ja,ja!

– ¡Ja,ja,ja!, vayamos pues.

La playa queda muy cerca del bar vamos caminando tranquilamente, yo miro a lo lejos tratando de enfocar con mi cristalino que en estado etílico se esfuerza como yo, inútilmente. Le propongo sentarnos en las rocas, me quito mis botines de tacón, mis medias calcetín de red y me acomodo junto a él…

– ¿Sabes que en esta parte de la playa hay mucha profundidad?

– No, no lo sabía. ¿Vienes mucho por aquí?

– Sí… A ratos paseo por esta zona… Y tanteo…

– ¿Tanteas?

Hablamos sin mirarnos, los dos tenemos nuestras miradas perdidas en el horizonte y con el vaivén de las olas que rompen en las rocas parece que nos embelesa más el paisaje marino que nuestros propios rostros. Además claramente no follaremos, entendiendo follar como necesidad biológica y física que es posible sin erotismo ni sensualidad, pues con ellos de por medio siempre se quiere repetir y eso es entrar ya en terreno de relaciones amorosas y /o sus sucedáneas. La caza es la caza.

– Sí, tanteo cómo sería morir aquí… ¡Qué fría está el agua!…

Mi presa deja de mirar al horizonte y me mira asombrado.

– ¿Y por qué haces esos tanteos?, no es una conducta muy común, aquí se viene a hacer lo que ahora hacemos nosotros, por ejemplo.

– También se puede venir a morir.

Él me mira perplejo, ya no habla. Yo sí, y lo hago mirando el horizonte. Perdida en él como en mi propia existencia.

– En el mar muere mucha gente y además muchos de los muertos fuera de él son traídos aquí en forma de cenizas. El mar es una fosa común y sus olas son el frío mármol. No digo esto por los efectos del alcohol, digo esto porque es lo que pienso.

– Es cierto y también bonito lo que dices.

Se relaja y de nuevo desvía su mirada hacia la inmensidad. Yo continúo…

– Al menos una vez debería intentarlo aquí.

De nuevo me mira con un gesto de indeterminación absoluta. Yo sigo…

– Intentar mi suicidio.

– ¿Cómo?, me asustas…

– Tranquilo, siempre lo hago cuando no tengo público. En las anteriores ocasiones no consumé, si mi abuelo viviera seguro que diría algo así: “lo que ocurre es que tú no puedes morir nunca, cariño”… Él me adoraba.

– ¿Entonces lo has intentado ya?

– Dos veces.

– ¡Dios mío!

– ¡Otro cristiano, apostólico y romano!

– En serio, ¿por qué lo haces?

– Porque mi vida es mía y yo elijo qué hacer con ella. A mí nunca me llevará tu dios. Me iré yo sola cuando pueda consumar mi muerte. Deja de mirarme de ese modo. No es el alcohol, es lo que pienso y creo.

– Nunca me había encontrado con alguien así.

– ¿Así?, ¿cómo?, ¿con alguien que no sabe valorar el don de la vida?

– Pues ciertamente la vida es…

– ¡Cállate, la vida es una jodida mierda!, la diferencia entre tú y yo es que yo lo sé, lo veo claro y nítido y tú eres uno más de esos a los que la ceguera y el auto-engaño les lleva a luchar para nada, y es para nada porque tu lucha te va a llevar igualmente a morir, ya puedes meterte en mil combates y en todas las guerras del mundo y luchar como un guerrero de la puta luz, pero caerás definitivamente y comprobarás que no eres nada y tu conducta habrá sido la común, la misma que todos tienen cuando visitan el mar… No serás nada ni nadie.

– Creo que ha llegado el momento de ir a casa.

– Yo también lo creo.

– ¿Vamos?

– No, vete.

– No pienso dejarte sola, además voy a acompañarte a tu casa.

– No lo harás. No quiero que me acompañes.

– Entonces me quedo.

– Está bien me pongo las botas y nos vamos. ¡Uf, no me noto los pies, están dormidos del baño helado!

– Imagino.

Me he despedido de él y he caminado despacio hacia casa. Ha sido una noche bastante absurda, pensar en voz alta al lado de un desconocido ha sido un error. Uno más en mi lista interminable. Ya no tengo la sensación de embriaguez, la brisa marina de la madrugada y el agua fría me han devuelto la cordura mental. El paseo en soledad me está haciendo bien. La soledad me sienta muy bien aunque al resto del mundo le parezca que no. ¿Qué saben ellos?… Lo que yo sabía es que encontrarme iba a ser  una desgracia para Javier. Hoy no podrá conciliar el sueño al conocer a una chica de esas locas suicidas y pensar cosas en bucle le llevará a un insomnio seguro.

Creo que mañana llamaré a Carlos, es el mejor psiquiatra que he tenido en toda mi vida, sin embargo él no evitará lo inevitable. No tiene titulación para eso. Yo voy a elegir mi muerte, el dónde y el cómo, el porqué me lo llevaré conmigo ya que nadie quiere entenderlo. Empiezo a notar esa sensación de vacío cruel y de dimensiones enormes, tan grandes que se desbordan en mi cabeza. Empiezo a sentir que no soy yo aunque nunca me haya encontrado del todo, esta sensación es la que me lleva a ese punto, y todavía no quiero porque necesito algunos paseos más de tanteo, necesito asegurar la tercera ocasión porque a la tercera va la vencida, y necesito que ella me venza cuanto antes. Esto es insoportable, insostenible, casi todos los días abro mis ojos y siento que me ahogo, mi respiración es la que me ahoga, no la necesito para vivir porque no quiero vivir, no amo la vida. Yo no sé amar. Nunca he amado nada. Nunca  a nadie.

Ahora que lo pienso, ¿cómo sería así?… Tumbada, esperándola:

¡Joder, tengo que hablar con Carlos, no puedo esperar a mañana!

Sofya Keer

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2 respuestas a “Salir de caza

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