No es nada urgente ni serio, sólo necesito escribir

La vida es hermosa cuando es terriblemente clara. Cuando sus límites y contornos  se desdibujan. Cuando la extirpación de ciertos deseos te lleva a ese punto en el que puedes ver claramente que el sentido de tu latido es su finitud. Siempre es lo mismo: nacimientos y muertes, muertes y nacimientos. El círculo perfecto y su movimiento hierático circular. Coronas de flores.

Esta mañana al levantarme de la cama agitada por un extraño sueño me he mirado en el espejo. Tenía cara de desenterrada, he podido sentir la herida como la rotura de un vidrio. He captado a la perfección mi vuelo torpe y ciego.

No es nada serio ni urgente, sólo necesito escribir. He llamado a mi jefe y le he dicho que hoy no podía salir a la calle. Hoy es uno de esos días en los que no quiero ver a nadie. No quiero hablar ni comunicarme. No quiero que me miren ni quiero que nadie sienta el deseo de comunicarse conmigo. Las palabras son un cebo, las miradas una trampa. Hoy no me apetece contonearme como una pantera negra ante tu mirada hambrienta de un éxtasis prohibido que sólo yo podría proporcionarte, en un jardín con sombra, a la sombra de un sauce, en las sombras de un amanecer muerto o con la sombra de tu mujer como el aliento acechante en mi nuca. Hoy no.

En mi extraño sueño, esotérico, asombroso y espantoso, mi vida era sangrienta y cruda, y mi muerte era la encargada de darle forma.

Tenía forma circular y en el centro de un círculo inmenso de fuego en una cama inmensa tan redonda como él, un grupo de hombres irreconocibles y desnudos se dedicaban única y exclusivamente a darme placer. Yo desnuda también me ofrecía a lo que fuera aconteciendo, ¡era placer, maldita sea!… Había momentos de intensidad salvaje, otros en los que se entremezclaban mesura con pensamientos que me alejaban de esa figura circular redundante y se convertían en una elipse casi perfecta. Alternado pequeños orgasmos continuados de baja intensidad acudían a mí esas preguntas que desde niña quedaron sin respuesta. Cuando mis orgasmos eran desmesurados en mi impostura sexual no cabían pensamientos, sentimientos, ni emociones de ninguna clase. Entonces sólo me dejaba llevar hasta saciarme. Eran hombres que estaban en aquella cama redonda para darme placer. Entre ellos no había sexo, ni contacto físico. Sólo podían interactuar conmigo, saciarse y saciarme a base de turnos y en no pocas ocasiones, hacían un elaborado y coordinado trabajo de grupo para entre varios llevarme al éxtasis de no saber si soy pregunta o respuesta. La duda circular entre orgasmos.

Escribo porque no entiendo nada. No entiendo mi sueño. No entiendo mi vida. Menos aún que sea mi muerte la que le dé sentido. No me entiendo. Y supongo que mi sueño ocurrió un domingo porque los domingos están malditos.

Siento una necesidad arrítmica de renuncia. O se es o no se es. Soy pregunta o soy respuesta. En mi sueño todo era consentido. Deseado, vacío y sinsentido.

A lo largo de mi vida hay algo que ha llamado poderosamente mi atención, sobre todo con la vivencia de la sexualidad. La tónica general del hombre es tener una visión microscópica del sexo y de la actividad sexual propiamente dicha. Este es uno de los fracasos más escandalosos de nuestra especie.

El sexo es ese gran desconocido que a mucha gente le horroriza conocer porque hay cierta incapacidad para entender la actividad sexual como algo natural, necesario, reconfortante y por supuesto, satisfactorio.

Pese a toda la niebla que habita en mi mente, mi universo erótico y mi risa loca son dos cosas que nunca sacrificaría. Por nada ni por nadie. No lo haría porque ya sé a ciencia cierta que sufrir es una tontería. No lo haría porque el ánimo con que hago las cosas es prioritario a mis acciones. No lo haría porque la relación entre las palabras y las cosas es muchas veces un fraude. Demasiadas veces lo es. No lo haría porque me suelo quedar profundamente desencantada cuando las cosas se convierten en estupideces y ambas renuncias para mí, lo serían. Serían dos estupideces. Dos renuncias estúpidas. Y yo una estúpida por consentirme tal desencanto.

Todo esto no es un intento freudiano de darle un sentido a mi sueño. No pretendo encontrar el sentido a mi ser onírico cuando lo que me ocurre es que no consigo entenderme. No consigo ser o no ser.

Creo que lo que pretendo es escribir para entender, y el choque entre la realidad y mi yo, dejando de lado mi ego y mi unión sensual con él, es ya como el descanso del guerrero.

Con este impacto puedo quebrar la seriedad, ver la vida como un juego e incluso sentir un despertar en ella. Cuando choco con la realidad es como una alucinación lenta que se recrea y me permite pensar cosas perturbadoras que desatan mi risa loca y me salvan de su abismo. Es flotar como un corcho y con una ternura insoportable, apartar los objetos de vidrio al alcance de esas personas que todavía no saben que el sabor de las cosas viene realmente del contacto con el paladar. Así que ya no me asusta el choque entre la realidad y mi yo porque estas cosas tan divertidas no se pueden hacer con miedo.

En otra ocasión escribiré sobre esos detalles escabrosos de la relación sensual que mantengo con mi ego. Lo haré fumando hierba, esa de calidad superior que mi camello me trae a casa, a veces, cuando a ambos además, nos apetece un rato de desahogo en la intimidad.

Raúl es un camello de barrio. Es muy sexi, aunque no es consciente de ello. Lo más difícil de sobrellevar es que su  inconsciencia en este sentido lo convierte en un hombre extremadamente atractivo, y aunque se dice de los extremos que no son aconsejables, a veces hay que hacer excepciones que sirvan para aflojar esas normas que nos gobiernan. Estrictas y rígidas hasta la saciedad.

Y de eso va el asunto. De saciarnos. Supongo que por ello, hasta en mis sueños trato de saciarme. Sin embargo aunque lo intento, soy una idiota porque siempre preferiría darte ese éxtasis prohibido con la sombra de tu mujer como el aliento acechante en mi nuca. Te prefiero antes que a la relación sensual que mantengo con  mi ego, antes que mis desahogos con Raúl. Antes que… Bueno, no debo arriesgar pues sólo ha sido un sueño, sin embargo sé que mis preferencias no tienen nada que ver con mi equilibrio, con ellas mi bienestar más bien suele brillar por su ausencia.

Supongo que por eso escribo. Porque no consigo entender. Porque no entiendo nada. No me entiendo. No entiendo mi vida ni que mi muerte le dé sentido. No entiendo mi sueño.

No es nada urgente ni serio, sólo necesito escribir.

Sofya Keer

tatuaje-circulo-zen-1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s