El espectro

Todavía no sé si fue real o fue un sueño, pero ante mí apareció como surgida de la nada la extraña y tétrica figura de una mujer desmelenada de rostro pálido y dolorido. Había tanto dolor…

Por su expresión arriesgaría a decir que incluso la veía capaz de sentir el dolor de los otros. Tal vez el mío. Por su textura arriesgaría a decir que no pertenecía a este mundo, no al de los vivos desde luego. Por su mirada arriesgaría a decir que mi asombro se tornó pánico y mi escepticismo se tambaleó como los cimientos de una férrea estructura tras un terremoto de dimensiones extremas e incalculables. Por la velocidad de mis pulsaciones arriesgaría a decir que mi integridad física se estaba viendo seriamente amenazada con lo que cualquier entidad viviente llamaría “Una aparición”.

Una aparecida en mi dormitorio, en mitad de la noche, inquietando mi alma, alterando mi ser y rompiendo todos mis esquemas, uno tras otro; Nunca hubiera podido imaginar una situación igual, ni tan siquiera semejante.

Empecé a cavilar. Si mi mente contiene todo lo que pienso, siento o imagino, ¿qué es esto?… Un novedoso centrifugado mental sacudía mis pensamientos, los flagelaba sin piedad contra los muros de mis hemisferios cerebrales.

Ella flotaba suspendida en el aire a una distancia prudente, yo sentada en mi cama la observaba atónita pensando que debía buscar una manera para ejercer el control de mi sistema de bombeo, pues mi corazón se salía de la caja torácica y mi mente era como un torbellino que yo trataba de frenar a toda costa, mientras mi oscura mirada se clavaba en la suya de ocaso, en un intento inútil de ejercer algún tipo de mando sobre aquel espectro. Había tanto dolor…

Permanecimos mirándonos fijamente unos instantes. Yo sentada, intentando aparentar tranquilidad, ella flotando tranquilamente. De repente decidió hacer nuestra distancia más corta, y mi corazón acelerado vivió su decisión como una nueva amenaza. Para mí esa distancia era ya imprudente, e instintivamente alargué el brazo derecho, y nuevamente simulando tranquilidad le dije:

-No, por favor, no te acerques más.

Ella respetó mi petición sin dejar de clavar su mirada de ocaso en mi oscura mirada. Me respetó en silencio, flotando, mirándome. Por mi parte, un nuevo intento de relajar mi pulso me llevó a la idea de observar bien aquel ser que tenía ante mí. En silencio, como estaba ella… callada, mirándola… calladas ambas, mirándonos.

Un largo vestido oscuro oscilaba con ella, oscuro y largo como su cabello. Su rostro tremendamente triste y constreñido me sugirió la indeterminación de un destino único y fatal. Nuestras miradas seguían sumidas en ese encuentro fortuito, o tal vez determinado cuando ella alargó sus brazos y abrió sus manos buscando las mías.

A mi mente se le resbaló un pensamiento antiguo: “¡A los fantasmas no se les puede tocar!”. A mi boca se le escapó una sonrisa ante el resbalón de aquel pensamiento viejo, y así pude ver por primera vez una sonrisa morada en sus labios. Y qué bello es el color púrpura. Qué hermosa ella, toda morada.

Pensé que no debía tener miedo pues su amarga y triste sonrisa me reconfortó extrañamente. Tal vez sonrió porque sabía lo que yo había pensado. Tal vez simplemente creyó que había empatizado con ella. Tal vez empaticé porque, para mi asombro, lo hice… lo hice creyendo que iba a coger humo, pero cogí y toqué unas gélidas e inertes manos cuyo helor recorrió mi cuerpo entero como un escalofrío veloz y fulgurante. Cerré mis ojos mientras ese escalofrío me recorría, y al abrirlos ella había desaparecido.

No sé si es real o es sueño, pero mi dormitorio está más frío que el resto de la casa desde entonces. Desde entonces siempre tengo flores moradas en mi escritorio. Desde entonces no soy la misma, y aunque antes no tenía muy clara mi identidad, este es un antes y un después que no es como los demás.

Estoy investigando acerca de los anteriores inquilinos.  La anciana vecina de al lado, que es muy amable, me ha dicho que compre orquídeas moradas y que deje de investigar.

Sofya Keer

flores-bonitas-orquideas

2 respuestas a “El espectro

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