Jaquecas

Las crisis migrañosas alteran tu conciencia. Sientes que de un momento a otro tu cabeza podría estallar, y permaneces ahí, indefensa y sumisa como una loba herida abandonada para morir sola e impregnada por el dolor. Es tu modus vivendi y siempre tienes un protocolo, el modus operandi.

En mi caso, somos compañeras de viaje desde una edad muy temprana. Es como naufragar sin mar y esperar que un relámpago traiga consigo el cambio. Necesitas un sitio oscuro, fresco y tranquilo, para poder escuchar solamente la quietud del silencio. Es otro de mis espacios en soledad. Como la lectura o como escribir. Cierras las puertas a todo; al amor, a la conversación, a la vida misma y las abres de par en par al refugio. Es como el principio de inmovilidad frente al peligro, además nadie puede sacarte del charco, ni los médicos, que son los grandes desconocedores de nuestro dispositivo cerebral y neurológico, y además se convierten en camellos que te venden sustancias tóxicas que de tanto consumir no surten el efecto ansiado. Que no el deseado, porque con las crisis eres capaz de no desear nada. Nada de nada. Ni la mejoría. Y dejas de desear sin necesidad de despojarte de tu ego. Creedme, se puede hacer. Con él y con las jaquecas hasta la muerte.

El dolor crece, aumenta a un ritmo desenfrenado hasta hacerse fuerte, muy fuerte, como un vino tinto barato. Querrías que alguien te rompiera la crisma. Con un golpe certero dejarlo todo y que el dolor te deje en paz. Y de paso la gente. Y por qué no, el mundo entero.

Después de tensar la cuerda hasta el límite o tal vez hasta límites insospechados, después de transformarte en alguien que no eres tu porque el dolor no te deja fluir, después de censurarte hasta el alma y poseerte, desaparece, y con la crisis se va una parte de ti, una faceta hostil, huraña, solitaria, casi suicida, y asqueada, porque en el fondo se puede vivir con dolor, se puede, intentando fingir que no está, que no duele tanto, se puede pensando que tienes suerte porque hay cosas infinita y cruelmente peores, y lo realmente infame, es que se puede vivir con dolor porque te acostumbras a él. Y duele porque es horrible, y te hunde y te levantas y sigues pensando que en alguna crisis venidera finalmente tu cabeza estallará, y lo dejarás todo y entonces el tormento te dejará en paz. Y piensas en la paz que no existe y en la eternidad que no llega. Y quieres dejar de pensar. Pero no puedes. La cosa es así, a más pensamientos más dolor. Aunque eso me ocurre con o sin migrañas. Pero con ellas no hay color.

Sin embargo he de reconocer que tras las crisis tengo pensamientos e ideas muy diferentes a los habituales en mi rutina. Son un tanto insólitos. Me llenan de energía, me inspiran y en ocasiones me permito no compartirlos con nadie. Con ellos disfruto de la sensación de estar sana, sin dolores. Son como una dosis más de alegría. No de felicidad. Una alegría muy curiosa… algo así como mi agradecimiento por el respiro que me produce esa maravillosa  sensación que sólo trae la ausencia de dolor.

Entonces vienen a mi cabeza ideas… ideas como la de un telegrama:

Estoy como un hámster en una rueda STOP

No es un viaje de negocios, empiezo de cero en otro continente STOP

No eres la única, nunca lo fuiste STOP

Nunca te amé, nunca he amado a ninguna mujer STOP

Incluso odié a mi madre hasta el final STOP

Empiezo de cero y espero que a la de tres, toda esta mierda estalle STOP

Por supuesto conmigo dentro STOP

No puedo decir que nunca olvidaré estos años juntos STOP

Pues ya los he olvidado STOP

Ahora ya puedes odiarme, así me quedaré tranquilo STOP

Alguien me lo dijo una vez: “Si piensas con el pene te irá como el culo” STOP

Pero mi cabeza la empleo para otros menesteres. FIN

En el parque había una temperatura casi primaveral. Pero no era primavera.

De sus ojos se desbordaban mares y mares de lágrimas. Pero no sabía muy bien porqué lloraba.

En la vida ocurren cosas insuperables. Pero no tenía la menor duda de que ésta era una de las que sí iba a superar. Y pronto.

Sólo necesitaba entender por qué lloraba tanto. A fin de cuentas llorar no elimina el dolor, y sin duda, hay infinidad de remedios o desahogos que no te congestionan ni te dejan esas bolsas moradas en los ojos por varios días. Cualquiera podría pensar que has tenido una crisis migrañosa agresiva, en lugar de que has recibido un desengaño de dimensiones extraordinarias en forma de telegrama.

Sofya Keer

8a47ef24-ebe3-43df-9f38-ec9c7907aac3 (1)

 

2 respuestas a “Jaquecas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s