Un piloto acrobático

Vivo dedicada en cuerpo y alma a un trabajo seguro y metódico: Estoy construyendo un muro. Y nada tiene que envidiar al de Berlín porque cayó, ni al de las lamentaciones porque de nada sirve lamentarse; nada a la Gran Muralla China, ni a las de Troya o a las de Babilonia. Mi muro no tendrá nada que envidiar porque será envidiable. Férreo en su estructura me rodeará cual apuesto protector convirtiéndome en una mujer firme y tenaz:

Mataré con mi profunda mirada. Ataré con mis locas huidas.

Mi frialdad inflamará almas. Mi odio seducirá corazones.

Conmoveré con mi burla cruel. Atacaré con mis silencios oportunos.

Mi honestidad marcará distancias. Mi hipocresía acercará mentes.

Me defenderé con mi sonrisa más provocadora. Venceré con mi indiferencia más absoluta.

Y no hay nada que me haya tomado más en serio a lo largo y ancho de mi existencia, que esta sofisticada construcción. Además, como yo nunca duermo le estoy dedicando mis días enteros. Las veinticuatro horas disponibles en su versión más cualitativa. Así que por eso igual que aseguro que nunca duermo, me estoy asegurando de que nunca caerá, de que bajo ningún concepto se tambaleará, de que jamás tendré que apuntalarlo con ningún tipo de andamiaje mental.

Como humana que soy en mi construcción existe un margen de error, razonable o no, existe: Sólo un piloto acrobático lo podrá sortear, y si lo evita con maña sabiendo eludir sus riesgos, me veré obligada a proyectar y ejecutar para el resto de mis días otro tipo de construcción.

Pero ahora no voy a hablar de puentes difíciles de cruzar. Puentes colgantes afectados por la corrosión de sus materiales, llenos de fisuras y grisuras. Puentes que se derrumban por la velocidad moderada de los vientos o porque separan las palabras de los actos. Puentes en los que pararse justo en su mitad.

Hay un margen de error, razonable o no:

Un piloto acrobático al que agradeceré su tono como buena hipotensa que soy. Algo así como el alivio de un agua helada por mi cuerpo que no duerme ya…

Que pueda sortearlo y evitarlo con maña… Que sepa eludir sus riesgos.

Sofya Keer

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