La secta

Todos mis progresos son desordenados. Cuando eliges crecer en el mismo infierno tu mecanismo de defensa es disfrutar de tus oscuras gestaciones mentales, y esto yo me lo permito frente al fuego con una copa de vino en mi mano pues así disfruto el doble… En ocasiones me permito hasta el triple.

Algunos de esos brotes mentales son el vivo reflejo de las maldiciones del alma, algo tentador por cierto. Otros son un claro síntoma de decadencia, algo lógico por el hecho de ser humana. Pero es que el instinto a veces falla y si lo enfocas con el zoom del pasado suele errar mucho más, algo que ocurre porque de lo contrario nuestro presente no se ajustaría a esa idiosincrasia tan suya de la mortificación por nuestras historias pasadas, más muertas que vivas aparentemente pero en realidad más vivas que muertas. Nunca recurriré a la psicología positiva, me niego. Ni a esas sectas que hablan de rollos de energías y a ratos también se permiten hablar el lenguaje de los dioses, me niego también. Sus inseguridades son las que les teletransportan a esa dimensión o plano directamente, creen por ello estar despojados de sus egos pero nada más lejos de la realidad, y no de las suyas que son más aparentes que las del resto de los mortales terrenales que elegimos el infierno antes que el cielo. Yo al cielo lo quiero para contemplar su inmensidad y para viajar. Para nada más. Y en breve me voy a Turquía porque en Estambul me espera una aventura fascinante, tangible y lujuriosa.

¿Qué adónde me llevan a mí mis inseguridades?, pues al mismísimo infierno, porque yo no estoy despojada de mi ego y con él mantengo una relación muy estrecha, sensual y caótica. Algo que se me hace tan irreprimible como mis preñeces cerebrales.

Mis gestaciones mentales tienen un atractivo irresistible para mi cabeza. Yo no puedo escapar de su embrujo, ellas son así y he de aprovechar la ocasión y saborearlas cuando se presentan ante mí y frente a un buen fuego tomando una copa de vino. Yo sé que así son mejores, aunque no me lleven a ninguna parte pues en el fondo yo nunca he sabido adónde ir ni adónde me dirijo, y en mi naturaleza perdida va mi esencia que nunca me he permitido perder. Eso jamás ocurrirá. Antes muerta.

Él pertenecía a una de esas sectas y yo no creía en el sexo tántrico. Así que lamentablemente no funcionó, mejor dicho, lógicamente no funcionó. Yo no quiero sexo para buscar la plenitud espiritual, yo no comulgo con doctrinas esotéricas, yo quiero y necesito placeres mundanos, besos exploradores, caricias sucias y miradas provocadoras. La lentitud me exaspera porque soy una mujer demasiado impaciente, así que cuando él me hablaba de poner música tranquila y tomar un té a modo de preliminares, mi libido caía en picado y con ella yo. Cuando me hablaba de la contención de la eyaculación o lo que ellos llaman eyaculación interior era mi voz recóndita y profunda la que sonaba fuertemente y resonaba en mi caja torácica diciendo:

 “Definitivamente este tío es un tarado que me quiere volver loca”

Pero no, él hablaba en serio y también hablaba del punto de no retorno aguantando la respiración y apretando la musculatura implicada para no eyacular, pero es que además esto había que repetirlo varias veces para llegar al orgasmo sin vaciarse. A mí que me gusta recrearme en mis humedades y en las ajenas, saborearlas y empaparme con ellas. Todos juntos, mi chico con su ego y yo con el mío, una orgía de esa unidad dinámica que constituye al individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio, y como medio la cama. Un fenómeno claramente físico, de conciencia y cognición. Pero no, él hablaba de cosas raras de la secta, de la luz y de la oscuridad, y para sinsentido yo siempre he preferido y elijo el existencial, la sinrazón de mi vida que es el norte de mi brújula emocional. Mis carencias y mis necesidades o lo que es lo mismo, la madre del cordero, y yo madre y cordero a la vez.

Una noche en la que ya no soporté más el sendero hacia la iluminación, la física cuántica, el tao, la reencarnación, el karma y no sé cuántas simplezas más, salí corriendo para reencontrarme con mi complejidad existencial, las fantásticas llamas del infierno, el reconfortante calor del sexo desenfrenado, sucio y terrenal, la racional e inteligente comprensión de que vida no hay más que una y para consuelos en el cajón de mi mesilla de noche tengo una pequeña y curiosa variedad de juguetes, en mi biblioteca una cantidad ingente de libros alejados de ese plano o dimensión, en mi nevera muy buenos vinos y en mi despensa bombones selectos y chocolate en cualquiera de sus modalidades. Aunque he de reconocer que sigo pensando independientemente del vino y de este fuego que el mejor consuelo siempre es la muerte, así que el que no se consuela es porque no quiere y yo tengo muy claro lo que quiero y muy presente en mi plano consciente lo que no.

Sofya Keer

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Heráclito de Éfeso es mi ídolo

Monólogo en voz alta ante el hombre que no se conoce a sí mismo. Y él escuchándolo:

“Tengo un ídolo desde mi adolescencia. No es de estructura ósea metrosexual, pero a mí me pone en órbita porque me tomo muy en serio todo lo que decía. Sí, he dicho decía porque él ya no está, pero dijo que “a todo hombre le es concedido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente”.

Su nombre era Heráclito de Éfeso, y esta cita suya desde el instante mágico en que la leí aun siendo muy joven, decidí que iba a ser mi objetivo de vida. Lo cierto es que en el camino se han cruzado otros, pero ninguno ha estado a su altura. Él brilla en la lejanía con luz propia y con él brillo yo por hacerle tanto caso.

La cuestión es que todavía no he aprendido a meditar sabiamente pero sí me conozco muy bien, y por ello sé que pasaremos en mitad de la noche y ya no nos miraremos, no nos reconoceremos. Hay una cosa que me sobrepasa, el hecho de ver algo hermoso, la belleza de un sentimiento o de una emoción me supera, porque es así como mi ego desaparece y eso no puedo soportarlo. Recuerda, no nos miraremos, no nos reconoceremos ya nunca más.

No podría soportar una herida narcisista tan monstruosa y desmedida.

Sé que aunque lo odies me muestro distante, yo desde la distancia divago mucho mejor, pero es que mi alma no está para esfuerzos, podría ser un manicomio, una pocilga, incluso parecerse a un jodido forúnculo, pero jamás podría parecer en este preciso instante un alma… ¡Además el absurdo de oír mi respiración junto a la sensación de no poder respirar!… Pero la complicación insospechada surge cuando resulta que no puede serte ajeno lo que está ocurriendo, es tuyo, y te pertenece aunque a ti no te lo parezca. Son las reglas, la cosa es así. Intentaste tenerme en tus manos en la grisura de los días que pasan lentos, en ese ambiente enrarecido y espeso. Por todo ello adivino que ahora toca resurgir de las cenizas de la niebla, sin ningún tipo de pudor, ni siquiera acepto un pudor de esos profundos que todos guardamos celosamente, de esos que nadie sospecha pero que te reconcome hasta el tuétano. Y además resurgir siempre implica esfuerzo. Y es que mi alma no está para esfuerzos, ¿te lo había dicho ya verdad?”…

– Dame fuego por favor…

(Él la observaba atento y en silencio absoluto, pero necesitaba fumar)

“Hoy estoy burda y lo veo claro, si estuviera espiritual lo visualizaría, eso es claramente diferente. Pero la diferencia hoy la marcará un baño caliente que voy a darme en llegar a casa, esclava de mi capricho y deseosa de que mi sorpresa deje ya de ir en aumento. Algo que ya se me hace insoportable, porque tus sorpresas me hacen desdichada. Voy a ahogar en mi bañera nuestros destiempos, nuestros ritmos arrítmicos, nuestros versos leídos juntos cada noche antes de dormirnos. Voy a hacerlo. Nada ni nadie podrá pararme porque me conozco a mí misma tan bien que sé que si me dejas sola en un tiempo aprenderé a meditar sabiamente. Y esa es la otra parte mi objetivo. Te quise pero no te amé, y si lo hubiera hecho nunca hubieras sido mi ídolo. Pero eso ahora no es importante, la importancia de lo que nos ha ocurrido reside en que tu ídolo no era él, ni tu objetivo de vida ese, y al no conocerte a ti mismo bien, no has estado a la altura. Eso es lo más importante y lo más grave, que no sabes quién eres.”

Monólogo del hombre que no se conoce a sí mismo:

Se aleja ante mí, ¿se marcha definitivamente?… ¿Hablará en serio?… ¿No me conozco a mí mismo?… ¿Cómo lo sabe ella?… Y, ¿cómo lo sé yo?… ¿Lo llegaré a saber?…

Sofya Keer

Heráclito de Efeso es mi ídolo

Un paseo por el Paraíso

“No saberme vigilada por ti, follar como mantenimiento y el futuro ya vendrá”…

Sólo le dije eso y en su mirada ensimismada pude reconocer a uno de esos hombres que no quieren darse cuenta de la verdad. Vi tan claro el miedo en sus ojos… Su miedo que automáticamente alejó al mío, y con mi miedo lejos  me alejé aún más de él.

Yo me redescubro de manera incesante constantemente, cada nuevo amanecer es un nuevo motivo para ello, no necesito más, el hecho de sentir que he tenido la suerte de poder despertarme cada mañana es el motor de mis días, esa planificación paranoica es el eje de mi salud espiritual. Yo sólo tengo que cerrar los ojos para que acuda el olvido, mi olvido es así,  facilón y bizarro, y no necesito fuerzas sobrehumanas, eso son falacias, cuentos que necesitamos creernos porque cuando miramos al cielo nos sentimos tan pequeños que necesitamos creer todas esas mierdas. La gente es más dura de lo que tú piensas, no sé por qué te crees esas historias meta-humanas de esos héroes del día a día… ¡Mira al cielo, maldita sea, no hay héroes!… ¡Míralo!… ¿Es que no te hace sentir?, ¡no estoy hablando de volar, hablo de sentir! , sentir no es volar, sentir es tomar carrerilla, pero volar es otra cosa… ¿O eres de esos que necesita una vida agitada para sentir algo?, ¿tal vez escándalos sexuales, a lo mejor necesitas que te digan que fuiste uno de los pioneros en lo abstracto?, por aquello de ser precursor en algo o porque no eres lo suficientemente fuerte, competente o bueno, o porqué vas a morir y todavía no eres consciente de tu mortalidad… Te invito a hacer una visita por el Paraíso, no tardaremos mucho, cogidos de la mano vamos a dar un paseo por allí, seré benévola y te dejaré que traigas tu pasado pero sólo como acompañante sin más interferencias, te lo pido por favor. Nos detendremos los tres en todas las tumbas que llamen tu atención bajo el silencio sepulcral y con el canto reconfortante de los jilgueros, entonces de las frías lápidas de mármol blanco y gris escogerás el epitafio con el que más te identifiques, y si no entras en pánico al ver claramente todos tus errores disfrazados bajo la apariencia de lecciones, te diré cuál es el siguiente paso… Si no entras en pánico te contaré algo que está en otro nivel, algo que no quieres escuchar ahora porque todavía no te has identificado con ninguna leyenda lapidaria, pero espera y verás… Si no sientes no puedes volar, y una vez que eres capaz de sentir acudirá a ti el miedo a volar, y durante un tiempo soñarás que vuelas pero deberás sentir más, mucho más para poder volar, y al sentir más, el dolor acudirá raudo y veloz, y de nuevo más miedos y te limitarás a soñar que vuelas… Así durante mucho tiempo, más del deseable, más del saludable, más del cuestionable… Ahí van tus días y tus malditas noches, también el insomnio… Ahí van tus sueños, los interminables, los rotos, los nítidos y los indescifrables… Ahí vas tu o lo que de ti queda y lo que llega al Paraíso ni es tu esencia ni es ya nada. No espero que me entiendas, es esperar mucho cuando ya no esperas nada de nadie, sin embargo, tengo depositada en ti una verde esperanza:

No saberme vigilada por ti, follar como mantenimiento y el futuro ya vendrá… Es casi perfecto, sólo tienes que dominar tu pánico… Yo mientras he decidido que te espero fumando.”

Sofya Keer

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Mis cinco elementos

Leí demasiado pronto El lobo estepario de Hermann Hesse, y digo demasiado pronto porque ya no volví a ser la misma mujer, mejor dicho la misma adolescente, la misma joven, bueno, dejémoslo en persona:

“Una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no eran cosas para mí”

Yo tengo cinco zonas problemáticas con sus correspondientes elementos, en ellas lo que hay obviamente son problemas, no inconvenientes. La primera se corresponde con el elemento vida, es mi vida, y resulta ser un lugar en el que no consigo poner orden, de hecho creo que poner orden en tu propia vida no es fácil, esto la convierte en una de mis zonas problemáticas.

La segunda se corresponde con el elemento mente, es mi mente, y a veces no es el momento de dar vueltas a la cabeza pero yo suelo hacerlo siempre, esto me coloca fuera de órbita casi constantemente y por ello es otra de mis zonas problemáticas.

La tercera se corresponde con el elemento cuerpo, es mi cuerpo y lejos de asumir que mi continente es fundamental y que por ello su contenido ha de ser un material cuidado y sopesado, me obsesiono con las dietas de piña, la sopa de letras que me entretiene de mis males y me distrae de mis obsesiones, y los caramelos ácidos porque la vida ya es amarga y lo dulce me empalaga y me hace enfermar el alma.

La cuarta zona se corresponde con el elemento incapacidad, y es mi incapacidad para controlar mis puntos fuertes mientras que los débiles me arrastran, estos últimos suelen ser vivencias que me atraen porque me provocan un placer puntual, intenso y efímero, por ejemplo, tener relaciones sexuales sin significado, como hacen los hombres recién separados, o decir lo que pienso y sentirme orgullosa de ser políticamente incorrecta:

” ¡Muy bien, has dicho lo que piensas!”

La quinta es la que guarda relación con el elemento búsquedas, y es que normalmente los destinos que me busco son los menos oportunos, algo así como los que el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación no recomienda por variados y complejos motivos bajo ningún concepto : Libia que se llamaba Lorenzo, Egipto que era Eduardo, Somalia o sea, Samuel, Nigeria o Nacho, Burundi que su apellido era Buñuel, Irak que se llamaba Ismael, Irán que era Israel, Pakistán que todos la conocían como Patricia y yo lo conocí como Paolo, Corea del Norte que se llamaba Carlos, Siria que era Sandro, Burundi, México y Colombia, pero de ellos no recuerdo nombres, ni sus tonos de voz, ni si funcionaban o no en la cama, ni si me hacían funcionar a mí, ni si todo lo contrario, aunque cuando funcionas bien sola esto no es importante, por eso los olvidé, supongo… La cuestión es que estos destinos poco oportunos, por su fatídico don de la oportunidad siempre me complican a la hora de elegir entre el mundo y yo misma, en serio que me esfuerzo e intento tener claras las cosas para sobrevivir ante la adversidad, y si hay algo en lo que no puedo dejar de creer firmemente es que mis cinco elementos son mi realidad, y mi realidad desde niña siempre ha sido y sigue siendo la de un camino hacia el otro lado, el antagonismo de cada acuerdo, el antónimo de cada sinónimo, la divergencia de cada concordancia del resto del mundo y de todos los mortales.

Y son cinco porque astrológicamente este número es símbolo de aventura, de libertad, de polémica y controversia. Es el cinco porque me declaro inteligente, nerviosa y curiosa a los cuatro vientos, odio las rutinas, las propias y las ajenas, me encanta descubrir nuevas cosas y modos, adoro experimentar, por eso mis cinco elementos que son mis zonas problemáticas son mi refugio, mi casa, mi ser, mi tormento, con ellos puedo ser yo misma con mis yoes, y esto es más de lo que puedo esperar de cualquier ser humano que pretenda estar en mi vida, ocupar mi mente, rozar o tocar mi cuerpo, conocer y respetar mis incapacidades o apoyar y comprender mis búsquedas erráticas.

Todo esto venía a colación porque una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no son cosas para mí, y si tenéis paciencia alguien os contará cómo será mi muerte aunque del cuándo no respondo de momento.

Sofya Keer

Mis cinco elementos

 

 

Más, más y mucho más… Muchísimo más…

Tengo una idea que no sé si quiero plasmar, si debo o no hacerlo no me preocupa, estas son pruebas que ya superé en el camino, y aunque el camino no es sólo caminar, he andado mucho entre el deber y el querer y hace tiempo que decidí quedarme con el segundo, porque además es también desear.

La idea no es sólo una idea va acompañada de un objeto, yo tengo un defecto terrible y es que amo más a los objetos que a los seres humanos, a éstos los puedo llegar a querer, pero claro, eso depende del camino, del caminar y de lo que ande o no ande, depende del tiempo corriendo con su patético “tic-tac”, del apego y el desapego, de los fraudes, las tragedias y muchas cosas más. Ese objeto amado es un cuaderno bastante antiguo, hermoso por su antigüedad, y en él hay un registro que de momento sólo es de consumo o lectura personal, es intransferible e inviolable, porque es mío y de nadie más. Guarda relación con mis gustos sensuales, sexuales y septentrionales por lo de buscar un norte sentimental, pero lejos de todo este morbo en este registro subyacen versos sensibles, digamos que es mi poesía y es de mente, de cuerpo y de alma, más de cuerpo que de mente y más de mente que de alma, pero ni más ni menos demente ni menos ni más corporal.

Entre nosotros la mayoría de las veces hay obstáculos que nos separan. La mayoría de las veces hay abrazos rotos y palabras arrestadas o poco sensatas en el mejor de los casos. El ser humano es así. Hay distopias porque las utopías lloran hasta secarse. Nos situamos siempre en los márgenes periféricos de todo, sin embargo, a veces nos repugna traicionarnos, a veces, pero en ocasiones no.

Me gusta conectar más allá, dicen que tengo un aire melancólico, es como un placer sombrío que en tono ascético e imprudente me dice que el recorrido o la ruta de mi vida va a ser corta, con ese aire melancólico además un caminar solitario y por supuesto la visión oscura de un cadáver exquisito, no me falta detalle, pero no soy una mujer a la que le seduzcan los diluvios de palabras, mi apuesta es sin duda por la equidad, las justas y necesarias, lo demás en acciones por favor, que demuestran mucho más.

Como ocurre en la vida dentro de lo rutinario y lo vulgar todos tenemos nuestras extravagancias… Jajaja…. Ahora me río a carcajadas porque fue creciendo cuando empecé a sentir el dolor que me ocasionaban aquellos hombres que no paraban de hablar, cuando hablan mucho desaparece todo el sex appeal posible, el habido y el por haber. Yo necesito del silencio porque los silencios ante el hombre que deseo me dejan pensar, y pienso cosas sucias, obscenidades que luego recojo en ese amado y antiguo cuaderno que está lleno de sinopsis de esos silencios sucios. Y aunque la absolutidad es imposible, no he encontrado un pasatiempo tan absolutamente divertido y mordaz como este, y he sido adicta al póker, a los cromos antiguos, a los crucigramas, al alcohol, al cannabis sativa y al porno, y ninguno es tan absolutamente divertido y mordaz como este registro. Por otra parte, siendo justa con ellos y conmigo, debo confesar que está elaborado desde la sensibilidad, toda la sensibilidad posible que cabe en el deseo carnal, ese asociado siempre a la lujuria y alejado de lo espiritual, ese del goce físico y de lo terrenal. Sin embargo, en mi deseo carnal son mi mente y mi alma las que desean de verdad, mi mente y mi alma utilizan mi cuerpo como canal transmisor y él es el que dispara las dosis de mi sensibilidad que con el silencio se disparan muchísimo más. Con él no hay prejuicios, no hay delitos, perversiones, rechazos ni privación de libertad, no hay víctimas, adulterios ni abusos, hay silencio junto a mi cuerpo, mi mente, mi alma y ese hombre deseado frente a mí, aunque sin hablar.

Pero hay algo que no puedo contar, aunque quiera, o aunque deba, esta idea en este objeto esconde algo más, más y mucho más… Muchísimo más.

Sofya Keer

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Rapsodia prolongada

Prolongo las cenas calladas y lentas porque disfruto incomodando a aquellos que no saben qué hacer ante el silencio… Prolongo el dolor cuando reconozco  que hay demasiados caminos que no tomé… Prolongo la duración del tiempo en que permanezco en el eje de vacuidad porque me aleja de todo… Prolongo los fallos estrepitosos  de esa especie de intuición natural con la que me echaron a este mundo ingrato… Prolongo la apnea antes de sacar la cabeza a la superficie porque he leído mucho acerca de la asfixia erótica y nunca se sabe… Prolongo mi vivencia interior cuando floto con la hierba y así encuentro mi poder… Prolongo mi talento para ser infame porque de lo contrario no sería yo, sería mi ego… Prolongo mi calma bebiendo y hablando de cosas intrascendentes con cualquiera porque trascender sólo trasciendo sola… Prolongo el amor a lo deforme porque me formé para especializarme en ello… Prolongo mis desvaríos para sentirme como una loca… Prolongo mis pasiones vergonzosas porque son una consecuencia oriunda de mi causa perdida… Prolongo mi arrogancia para ver si así caigo… Prolongo la apatía y la necedad para que la gente se acerque a mí lo justo y necesario… Prolongo mi exposición a grandes peligros porque entiendo que el placer femenino requiere de apertura… Prolongo  mis lecturas, mis charlas y mis escritos porque sé mucho acerca del estímulo de las palabras…

Prolongo demasiado mis pensamientos y aunque pueda parecer raro, casi nunca pienso nada en serio.

Sofya Keer

Rapsodia prolongada

Mis pequeños sacrificios

He probado infinidad de veces a salir de mi cuerpo y de mi mente para saber quién soy realmente, porque ni mis posesiones, ni lo que creo sentir o pensar soy yo. A estos espacios yo los llamo mis pequeños sacrificios, pues en el fondo constantemente debo vencer mi timidez para hacer ciertas cosas, y cuando intento salirme de mi pequeño molde siento temor por lo que mi mente y mi cuerpo me esconden. Es como ese momento en el que alguien te dice que quiere que te sientas libre a su lado, sin embargo no hay nadie, soy yo la que lucha sin tregua para sentirme libre intentando saber quién soy realmente, saliendo y volviendo a entrar en mi cuerpo y en mi mente. Necesito ese minuto íntimo de silencio para que mi dolor interno salga afuera y deje su herida, su herida que es mía es una invitación sutil a la entrega, entonces capto la sutileza y hecho sal en ella, kilos y kilos de sal, pues no tengo ninguna prisa en que cicatrice… Así es como al multiplicarse el dolor opto por dar un paseo en soledad dejando que el aire acaricie mis mejillas, juego a huir sola, sin el trance de que alguien me pregunte qué es lo que estoy pensando…

Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, y es que hay otro pequeño sacrificio que tímidamente me permito por las noches, este es un sacrificio porque lo mío no es la tecnología… Tengo un Phantom 4 negro sin luces de navegación que recorre discreto y raudo los bloques de mi vecindario… Buscando por buscar o buscándome a mí misma, encontré dos bloques más allá a un chico excitante con el que me cruzo a diario por el barrio y aunque también cruzamos miradas, él ignora que yo sé cómo son sus noches.

Mi drone tiene un sensor especial que me permite seguir sus movimientos nocturnos, su pequeña cámara le graba y yo puedo disfrutar de sus imágenes y aunque no graba audios, no necesito escucharle. A veces empleo los veintiocho minutos de autonomía de vuelo porque me embelesa, pero ahora quiero poner a prueba a mi juguete volátil, pues es capaz de ir hasta cinco kilómetros más allá, y el otro día conocí a un hombre muy interesante de mirada inquieta, que me ha hecho pensar que salirme de mi cuerpo y de mi mente no tiene por qué ser una vivencia de sacrificio… Le seguí disimulando entre escaparates y vive  a unos tres kilómetros de mi barrio, sin embargo, no sé si con veintiocho minutos de autonomía de vuelo, mi pequeño drone tendrá tiempo suficiente para ir, volver y facilitarme esa información nocturna que necesito para saber quién soy yo realmente. No quiero accidentes innecesarios ni que le ocurra nada malo a mi artefacto salvador y volador… Y además no sé porqué cuento  todo esto… Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, así que supongo que esta confesión mía insensata y descabellada es otro de mis pequeños sacrificios, aunque he de confesar que no me ha costado mucho contarla porque creo que estoy empezando a  disfrutar enormemente saliéndome de mi cuerpo y de mi mente. Sólo pido discreción pues sé que este intento de encontrarme a mí misma tiene tintes de ilegalidad.

Sofya Keer

 

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