Salir de caza

El fascismo corporal es un castigo del siglo XXI, los juicios de si los cuerpos son estética y por lo tanto socialmente aceptables es una lacra que afecta a todo, y sobre todas las cosas a nuestras emociones. No todo el mundo sabe separar la sexualidad de los cuerpos, y esa es una de las claves del éxito en las relaciones. Otro de los problemas de nuestra Era, que además es una amarga herencia es que las creencias universales no son verdades universales. Yo estoy segura de que la belleza no tiene nada que ver con la simetría de los rostros ni con esos cuerpos moldeados, formados y  deformados en los gimnasios. La belleza podría ser simplemente la ausencia de dolor. Este es el eje central de mis soliloquios, uno tras otro tras todas mis relaciones fallidas y dolorosas, un tema recurrente con el que he podido divagar profundamente, y gracias a esas cavilaciones he podido comprender que no se sabe llorar si se hace de rabia o de ira. Llorar es otra cosa. Es algo más profundo. Llorar es un lenguaje sagrado. La gente llora y se equivoca cuando dice que si no hay amor hay rencor, la gente se equivoca porque también existe la indiferencia. Se da menos pero es más saludable y en ciertos formatos hasta indolora.

Huimos de la línea que separa la vida de la muerte, asistimos a sepelios y en los Tanatorios no somos capaces de vernos en el lugar de los muertos que despedimos como si la cosa no fuera con nosotros. ¡Malditas cajas de pino!… Pero claro, ante tantas preguntas mejores son las mentiras y el auto-engaño es otro de los privilegios más vacíos y dolorosos del hombre. A veces me quedo pensativa en lugares concurridos como en este bar. Todo el mundo bebe, baila y trata de escapar de todos estos misterios y entuertos humanos, de toda la falacia de una especie a extinguir como la nuestra. Porque estamos extintos pero no lo sabemos, no lo vemos, no queremos ser conscientes de tanto dolor. Creemos que con estas evasiones mantenemos la muerte a raya, pero no es así.

Estoy bebida y como los escritores somos un poco más distraídos que el resto de los humanos, ando en ese canal mío entre la fantasía y la realidad y no sé porqué le doy vueltas a la cantidad de brujas con conocimientos medicinales que quemaron en Europa. Mis dos amigas que me acompañan están a mi lado bailando y bebiendo como cosacas preparándose para la caza. Yo no bailo. Apoyada en la barra y con mis cavilaciones permanezco en mi canal cuando de repente aparece ante mí un chico que a mis ojos es la ternura salvaje personalizada. Va con un amigo, de momento no sabe de mi existencia y tampoco sé hasta qué punto ignora lo esencial de la suya. Pero de momento eso no lo voy a juzgar. Hoy las chicas y yo hemos salido de caza. Solamente de caza, y bastante tengo con intentar cazar sin convertirme en presa como suele ser mi tradición existencial. Mi biografía está llena de ejemplos como este. Hoy voy con el machete en la boca y voy a triunfar, entendiendo el triunfo como ser la cazadora y no la cazada.

La vida no es una unidad sino trozos o partes, momentos que como este te pueden sorprender ante tanta zafiedad que nos rodea. De repente él me ve. Y entre tanta gente me mira, me hago visible ante sus ojos. Se muestra paciente. Yo le acompaño en su paciencia, así que nos miramos pacientes por un largo intervalo de tiempo. Su mirada es de sorpresa, definitivamente no esperaba encontrarme, no esta noche, pero desgraciadamente me ha encontrado. Sí, resulta que yo ya sé que se arrepentirá de haberme encontrado. Mis amigas ajenas a la historia visual hablan, bailan, beben y ríen dejando a la amiga “rarita” a su aire apoyada en la barra y bebiendo, metida en su canal entre la fantasía y la realidad. Decido entre el ruido del garito concentrarme silenciosamente para que mi mirada no desprenda erotismo ni sensualidad, me concentro para que mi mirada sea una pregunta sin palabras, y mi pregunta es muy sencilla, es un “¿quieres follar conmigo?”, me esfuerzo para hacerle llegar mi mensaje y en el esfuerzo que es para mí como un juramento de los sioux, entiendo que como de costumbre será vano y fútil. Me pido otra cerveza y me retiro de momento dándole mi espalda desnuda porque hoy al salir de caza me he puesto un top grácil y sensual, una prenda muy erótica, por eso no necesito ni quiero que mi mirada desprenda erotismo ni sensualidad. Como había calculado, al girarme él ya está a mi lado, en la barra con su copa en la mano y sonriendo con una dentadura blanca digna de anuncio de dentífrico. Alarga su mano y se presenta:

– Javier.

– ¡Hola Javier!… Raquel.

– ¡Hola Raquel!

El formato es cómico y nos reímos sin parar, pero yo voy borracha y él todavía no. Mis amigas ya posan como el telón de fondo de su persona haciendo las tonterías que hacemos en las noches de cacería, algo terriblemente infantil que sólo puedo sobrellevar por el alcohol que recorre mi metabolismo.

– ¿Vienes mucho por aquí?

– No, sólo cuando salimos de caza y esto lo hacemos muy de vez en cuando.

– ¿Has dicho que habéis salido de caza?

– Sí, eso he dicho.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿entonces yo soy una de tus presas?

– O no. Date un tiempo a ver qué sucede.

– ¿Por qué dices eso?

– Porque es lo que pienso.

– ¿Entonces tengo que esperar?

– Eso es.

– ¿No bailas?

– No esta música.

– Pero entonces, ¿bailas?

– Por supuesto, como si no hubiera un mañana.

– ¡Ja,ja,ja!

– De hecho no lo hay.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿te puedo proponer salir de aquí y dejar de beber por un rato?

– ¿Tan desagradable es mi borrachera?

– ¡Ja,ja,ja!. En absoluto, simplemente es para charlar tranquilamente sin ruidos.

– Tomamos lo que nos queda y salimos, ¿te parece?

– Está bien ¿Qué te apetece hacer, Raquel?

– Lo que me apetece es tocar el agua fría con la punta del pie.

– ¡Ja,ja,ja!

– Oh, vamos! ¿es que no puedes parar de reír?

– Obviamente no. Tu respuesta es…

– Es mi respuesta a tu pregunta. Me apetece eso.

– Está bien. Eres muy graciosa y divertida, por eso no puedo parar de reírme.

– Bueno, me pondré seria.

– No es preciso.

– Lo es… ¿Por qué te has acercado a mí?, ¿qué has leído en mi mirada?

– Me he acercado porque tu mirada es muy sensual. Eres una mujer muy atractiva.

– ¿Y mi top qué te parece?

– Muy erótico y atrevido.

– ¿Y por mi mirada, tú qué crees que yo quiero?, insisto, por mi mirada no por lo que yo te he dicho que he venido a hacer hoy aquí.

– ¡Ja,ja,ja!… Pues he leído en tus ojos que quieres conocerme.

– ¡Pues me ha salido mal!

– Perdona, no te he oído bien…

– Decía que me he equivocado, que me ha salido mal lo de la mirada.

– ¡Ja,ja,ja!

– En serio, deja ya de reír.

– Vale ya paro ¡ja,ja,ja!

– ¿Paras?

– Sí, paro… ¿He leído mal en tus ojos o te has expresado mal con ellos?

– Sin duda, lo segundo.

– Entonces…

– Lo cierto es que no quiero conocerte

– Ah, ¿no?, ¿qué es lo que quieres?

– Me he esforzado inútilmente para que mi mirada no transmitiera erotismo ni sensualidad. Yo sólo quería decirte a través de mi mirada y sin mediar palabra si quieres follar conmigo. Era sólo eso y lo he estropeado totalmente.

– ¡Ja,ja,ja!

– Lógicamente como mi idea era no usar las palabras no te lo voy a preguntar. Así ya no tiene gracia. Creo que ni me apetece.

– ¡Ja,ja,ja! Me encantas, eres una mujer increíble, ¿lo sabes no?

– Lo que sé es que esto no era lo que yo había planeado.

– Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?

– Pues… A ver… ¿Cómo decírtelo?… A mí me sigue apeteciendo tocar el agua fría con la punta del pie…. ¡Ja,ja,ja!

– ¡Ja,ja,ja!, vayamos pues.

La playa queda muy cerca del bar vamos caminando tranquilamente, yo miro a lo lejos tratando de enfocar con mi cristalino que en estado etílico se esfuerza como yo, inútilmente. Le propongo sentarnos en las rocas, me quito mis botines de tacón, mis medias calcetín de red y me acomodo junto a él…

– ¿Sabes que en esta parte de la playa hay mucha profundidad?

– No, no lo sabía. ¿Vienes mucho por aquí?

– Sí… A ratos paseo por esta zona… Y tanteo…

– ¿Tanteas?

Hablamos sin mirarnos, los dos tenemos nuestras miradas perdidas en el horizonte y con el vaivén de las olas que rompen en las rocas parece que nos embelesa más el paisaje marino que nuestros propios rostros. Además claramente no follaremos, entendiendo follar como necesidad biológica y física que es posible sin erotismo ni sensualidad, pues con ellos de por medio siempre se quiere repetir y eso es entrar ya en terreno de relaciones amorosas y /o sus sucedáneas. La caza es la caza.

– Sí, tanteo cómo sería morir aquí… ¡Qué fría está el agua!…

Mi presa deja de mirar al horizonte y me mira asombrado.

– ¿Y por qué haces esos tanteos?, no es una conducta muy común, aquí se viene a hacer lo que ahora hacemos nosotros, por ejemplo.

– También se puede venir a morir.

Él me mira perplejo, ya no habla. Yo sí, y lo hago mirando el horizonte. Perdida en él como en mi propia existencia.

– En el mar muere mucha gente y además muchos de los muertos fuera de él son traídos aquí en forma de cenizas. El mar es una fosa común y sus olas son el frío mármol. No digo esto por los efectos del alcohol, digo esto porque es lo que pienso.

– Es cierto y también bonito lo que dices.

Se relaja y de nuevo desvía su mirada hacia la inmensidad. Yo continúo…

– Al menos una vez debería intentarlo aquí.

De nuevo me mira con un gesto de indeterminación absoluta. Yo sigo…

– Intentar mi suicidio.

– ¿Cómo?, me asustas…

– Tranquilo, siempre lo hago cuando no tengo público. En las anteriores ocasiones no consumé, si mi abuelo viviera seguro que diría algo así: “lo que ocurre es que tú no puedes morir nunca, cariño”… Él me adoraba.

– ¿Entonces lo has intentado ya?

– Dos veces.

– ¡Dios mío!

– ¡Otro cristiano, apostólico y romano!

– En serio, ¿por qué lo haces?

– Porque mi vida es mía y yo elijo qué hacer con ella. A mí nunca me llevará tu dios. Me iré yo sola cuando pueda consumar mi muerte. Deja de mirarme de ese modo. No es el alcohol, es lo que pienso y creo.

– Nunca me había encontrado con alguien así.

– ¿Así?, ¿cómo?, ¿con alguien que no sabe valorar el don de la vida?

– Pues ciertamente la vida es…

– ¡Cállate, la vida es una jodida mierda!, la diferencia entre tú y yo es que yo lo sé, lo veo claro y nítido y tú eres uno más de esos a los que la ceguera y el auto-engaño les lleva a luchar para nada, y es para nada porque tu lucha te va a llevar igualmente a morir, ya puedes meterte en mil combates y en todas las guerras del mundo y luchar como un guerrero de la puta luz, pero caerás definitivamente y comprobarás que no eres nada y tu conducta habrá sido la común, la misma que todos tienen cuando visitan el mar… No serás nada ni nadie.

– Creo que ha llegado el momento de ir a casa.

– Yo también lo creo.

– ¿Vamos?

– No, vete.

– No pienso dejarte sola, además voy a acompañarte a tu casa.

– No lo harás. No quiero que me acompañes.

– Entonces me quedo.

– Está bien me pongo las botas y nos vamos. ¡Uf, no me noto los pies, están dormidos del baño helado!

– Imagino.

Me he despedido de él y he caminado despacio hacia casa. Ha sido una noche bastante absurda, pensar en voz alta al lado de un desconocido ha sido un error. Uno más en mi lista interminable. Ya no tengo la sensación de embriaguez, la brisa marina de la madrugada y el agua fría me han devuelto la cordura mental. El paseo en soledad me está haciendo bien. La soledad me sienta muy bien aunque al resto del mundo le parezca que no. ¿Qué saben ellos?… Lo que yo sabía es que encontrarme iba a ser  una desgracia para Javier. Hoy no podrá conciliar el sueño al conocer a una chica de esas locas suicidas y pensar cosas en bucle le llevará a un insomnio seguro.

Creo que mañana llamaré a Carlos, es el mejor psiquiatra que he tenido en toda mi vida, sin embargo él no evitará lo inevitable. No tiene titulación para eso. Yo voy a elegir mi muerte, el dónde y el cómo, el porqué me lo llevaré conmigo ya que nadie quiere entenderlo. Empiezo a notar esa sensación de vacío cruel y de dimensiones enormes, tan grandes que se desbordan en mi cabeza. Empiezo a sentir que no soy yo aunque nunca me haya encontrado del todo, esta sensación es la que me lleva a ese punto, y todavía no quiero porque necesito algunos paseos más de tanteo, necesito asegurar la tercera ocasión porque a la tercera va la vencida, y necesito que ella me venza cuanto antes. Esto es insoportable, insostenible, casi todos los días abro mis ojos y siento que me ahogo, mi respiración es la que me ahoga, no la necesito para vivir porque no quiero vivir, no amo la vida. Yo no sé amar. Nunca he amado nada. Nunca  a nadie.

Ahora que lo pienso, ¿cómo sería así?… Tumbada, esperándola:

¡Joder, tengo que hablar con Carlos, no puedo esperar a mañana!

Sofya Keer

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Estíbaliz es nuestro nombre y la desilusión nuestra bandera

Perder la ilusión es morir y morir en vida lleva un porcentaje considerable de la herencia de nuestra basura genealógica y otros restos colindantes. Pero esto no puede saberse desde lo superficial. Todo en nuestras existencias es epidérmico y desde ese punto no podemos llegar al fondo de nada, y como el que nada no se ahoga yo surqué los mares para conocer la historia de mis ancestros, todos ellos muy decepcionados.

Mis tatarabuelos vivieron enfermos y desilusionados hasta el final de sus días. Mis bisabuelos perdieron la ilusión y murieron en vida muy pronto. Mis abuelos la perdieron completamente viviendo juntos y desenamorados de manera mutua durante sus vidas tristes y longevas. Mis padres sufrieron la misma desdicha cual maldición cuyo poder mágico llevara consigo el deseo maligno de que sus existencias tuvieran de todo menos ilusión.

Así que yo nací desilusionada, incluso en la noche de Reyes yo siempre estaba más pensativa que deslumbrada, no conseguía entender aquella extraña magia de que aquellos tres hombres montados en sus camellos hicieran algo tan increíble y fantástico en una sola noche. Cuando descubrí el fraude navideño disfruté mucho al sentirme más inteligente que el resto de los niños y niñas que creían con ilusión aquella extraña magia inconcebible para mí. Yo era la más inteligente y también la menos ilusionada, pero mi carga ancestral era la losa de frío mármol que aún arrastro… Y sin duda es fría como el mármol de mi Panteón familiar.

Sin embargo en mis descubrimientos allende los mares, he tenido momentos realmente hermosos porque la tristeza es bella y si la celebras mojándola con lágrimas puedes llegar a alcanzar un nivel de entendimiento muy importante. Yo puedo entender perfectamente el desencuentro, el desamor, la enfermedad y la soledad que les acompaña sin reservas. Yo soy capaz de encontrar en ellos el eje central del engranaje de cualquier existencia, el argumento del sentido o el alegato de la sinrazón. Yo puedo con todo desde la frialdad de mi desilusión heredada. Descubrir un viejo diario de tu bisabuela es algo conmovedor, su ortografía trabajada sobre unas hojas amarillentas con aroma a nostalgia y desengaño fue mi hallazgo más celebrado. Un diario repartido en cinco cuadernos de tapas duras que he tardado mucho tiempo en leer y no sé cuánto tardaré en digerir. Sin embargo cuando te tragas la ilusión ya nada se te puede indigestar, así que ando llorando por mis rincones predilectos sabiendo a ciencia cierta que mi rostro es su vivo reflejo, y mi mirada perdida, distraída y triste es sin duda la suya. Puse su foto en un marco  y cuando alguien viene a casa y lo ve siempre se crea una fascinación irreprimible ante nuestro parecido físico pese a la realidad. Y no me puedo ilusionar porque me desilusiona más el hecho de no haberla conocido, pero no es sólo nuestro parecido físico que se aprecia indudablemente en esa vieja fotografía lo que me conmueve, es nuestro sentir, nuestro intelecto, nuestro raciocinio lo que me dejó realmente fuera de juego. Y esto lo he podido ver en todas y cada una de esas páginas de ese diario en cinco partes. Algo impresionante. Leerla ha sido leerme a mí misma y en esta lectura inesperada me he encontrado cara a cara con mi propia desilusión que antes fue la suya. El bisabuelo tardó poco en descubrir las cartas que ella intercambiaba con el amor de su vida, uno de sus primos hermanos del que lógicamente la familia la separó sin titubeos por motivos obvios de época. Según su diario, el bisabuelo interceptó la que fue su última carta y tirándola al suelo le propinó un tortazo que le hizo girar la cara, cuando mi bisabuela giró su cuello y la llevó de regreso al sitio inicial, dice textualmente que quedó mirándolo fijamente sin derramar ni una sola lágrima. Desde aquel preciso instante todo se rompió, su vida se hizo añicos y él organizó una mudanza al otro lado del mundo. Así que hasta que murieron vivieron en una casa de campo de estilo clásico en Argentina. Lejos de todos los amigos y de ambas familias. Él la quiso castigar de ese modo, aislándola, pero su castigo fue mayor y sé de lo que hablo. Su mujer vivió con él amando a otro y los dos frutos de esa unión forzada y forzosa fueron dos abortos. Con el segundo ella habló en secreto con la matrona y le pidió por favor que la vaciase. Le contó su historia y la doctora contribuyó y engañó al bisabuelo diciéndole que era necesario para que su esposa no muriese. Para él ella perdió todo su interés pues tenía 25 años y ya no era una mujer completa, así que ella pensó que por lo menos ya no tendría que soportar más violaciones en su matrimonio. Sin embargo esto duró solamente dos años hasta que una noche mientras la abuela dormía notó como él se metió debajo de las sábanas, subió su camisón, bajó sus bragas y comenzó a lamer y a chupar con una ansiedad asquerosa e insoportable los labios de su vulva, su clítoris y la entrada de su vagina. Según escribió en su diario gritó y le golpeó con sus manos en la cabeza pero él siguió hasta que bajó sus pantalones y con la erección prominente de su miembro viril la penetró incansablemente hasta desgarrarla. Estuvo hospitalizada dos semanas en las que leyó y escribió sintiéndose más aliviada sin él, pero su vida tuvo muchos episodios de estos que la convirtieron en una mujer fría y desilusionada hasta las últimas consecuencias. Y es que fue ella la que por encargo pagó a un sicario para matar al bisabuelo. Así está escrito y aunque estos diarios han pasado por las manos de mis abuelos y de mis padres, al parecer nadie llegó a este capítulo, o si alguien llegó guardó silencio para siempre.

De mi bisabuela además tengo el nombre, y de tantas cosas que tengo de ella desde que empecé a leer su diario, cada día me guardo un espacio para imaginarla y como no podía ser de otra modo, lejos de ilusionarme me desilusiona que no hayamos podido coincidir en ninguno de los capítulos de su vida, aunque sólo hubiera sido en alguna página de alguno de esos cinco cuadernos, ya que nuestro ADN nunca podría coincidir.

Ella leía y escribía en secreto, leer y escribir eran su refugio, por eso sabía lo que era el clítoris y muchas cosas más que otras mujeres ignoraban entonces. Por eso tuvo la fuerza de hablar con aquella matrona y pedirle la operación, por eso no lloró cuando él cruzó su cara con una bofetada, por eso pese a estar casada se carteó con su primo hermano, por eso contrató a un matón para que acabara con su pesadilla. Por eso cuando la amante de mi bisabuelo durante esos dos años en los que no tuvo sexo con ella, se presentó en su casa con mi abuelo en brazos que era el fruto de aquella infidelidad, ella no titubeó ante el abandono de su madre biológica y lo crió como a un hijo, de hecho mi abuelo siempre habló de ella como de su madre.

Por todo esto me siento orgullosa de mi basura genealógica y de sus restos colindantes y además me gusta mi nombre porque es el de ella… ¿Qué más puedo pedir a la vida?…

Estíbaliz es nuestro nombre, la desilusión nuestra bandera y yo mañana tengo una cita importante con alguien que se encargará de acabar con mi pesadilla.

(Nota a pie de página: Hay personas que no tienen nuestra sangre sin embargo se parecen a nosotros porque todos tenemos un doble. Ella era mi doble y siempre será mi bisabuela, aunque mi abuelo no fuera fruto de su vientre. Lo importante realmente es que no fue el fruto de aquella unión nefasta con el bisabuelo.)

Sofya Keer

Mother-Daughter

Una habitación en llamas

No hay nada tan corrosivo como la memoria, si busco basura o cochambre siempre acabo encontrándola. No necesito ayuda lo hago muy bien sola, soy la absurda experta en el sufrimiento que con un enfoque juguetón e imaginativo además de inconsciente incluso con una sensualidad intrépida, puedo poner la habitación en llamas a base de torturas, dolor y padecimiento.

No voy a hacer un tratado de las categorías kantianas porque aquello que tiene su fundamento en la experiencia o bien se obtiene de esta es más que suficiente para lo que hoy ando elucubrando. Y pensando y cavilando me he ido muy atrás, a esa educación sentimental que no me dieron. Me he ido tan lejos en mi memoria que he visto pasar muy rápidamente por mis pensamientos una kodak del año veinte aunque soy baby boomer de los setenta, y era entonces cuando el miedo y la ignorancia me ahogaban sin yo saberlo. Nací miedosa, ignorante y ahogada por el cordón umbilical que ya fue el primer intento fallido antes de yo ver la luz. La luz de la mesa del quirófano obviamente.

Ni la carga más pesada ni la duda más atroz han podido conmigo. Sin considerar la carga como duda ni la duda como carga he pasado períodos de altibajos tan vertiginosos que la montaña rusa Kingda Ka en Estados Unidos nunca superaría pese a ser la más alta del mundo, ni la Formula Rossa de los Emiratos Árabes tampoco siendo como es la más rápida. En cualquier caso y como ocurre con los candidatos a subir en los vagones de estas atracciones mi vida no es apta para enfermos cardíacos. He estado en lo más alto y también en lo más bajo. He superado la velocidad existencial límite infinidad de veces y todo porque mi cabeza oye voces constantemente que me dicen que debo extinguir mi existencia la cual curiosamente yo ya siento como extinta. Los que me rodean no lo sabían ni hoy lo saben pero es que no necesitan saber más, simplemente a veces les doy sustos que son intentos fallidos porque nací predestinada por ese oscuro nexo de unión prenatal con mi madre. Lo peor es que no son voces tétricas sino hermosas las que me susurran dulcemente que mi vida es una mierda y un fraude asqueroso, y es el cómo me lo dicen y no el por qué lo hacen lo que yo valoro. Esos dulces susurros aceleran mi corazón, a las personas complicadas las pulsaciones se les disparan por cosas muy diferentes al resto de los humanos. Y yo soy muy complicada, no hay ningún valor en ser mediocre, la excelencia está en la diferenciación, somos mortales porque de lo contrario nuestro error se perpetuaría hasta el infinito y este detalle es de todo menos nimio.

Soy una mujer estratega que no se queda con el simple deseo, yo voy más allá y elijo la decisión. No es fácil pero la dificultad nunca es un impedimento es tan sólo un obstáculo más y además es uno de tantos. Cada noche mientras duermo muero un poco y si tengo la suerte de amanecer la muerte definitiva puede venirme en cualquier momento del nuevo día o por lo menos, algún intento de huida aunque sea fallido. Mis deseos son los que alimentan mi imaginación con sus fantasías, son los que ceban mi estado de ánimo. Los obstáculos me hacen crecer y los impedimentos sopesar, sin embargo son mis decisiones las que me nutren porque en cada decisión va una dosis importante de mi libertad, por eso sé muy bien que la verdadera estrategia existencial es la toma de decisiones, y es que crecer es lo suyo pero nutrirse es lo más y esto no es incompatible con mis deseos de morir porque ellos crecen y se nutren con cada día que pasa y yo sigo viva. Deseo cosas, deseo hombres, decido y me siento libre haga lo que haga en sus dosis justas y necesarias o en ocasiones sin  mesuras, crezco y me nutro pues multiplicarme no es necesario, pero siento mi vida acabada por una derrota tan antigua y lejana que no quiero ni necesito recordar. Me quedo con ese poso, con su esencia porque es algo tan triste que no puedo, no quiero y no necesito expresarlo ni escrito ni verbalmente. Sólo me quedo con la pena que me derrumba y me agota intensa y profundamente mientras vivo. Cuando aquello ocurrió algo muy grande que guardaba en mi interior se me arrancó a golpes demasiado violentos, me descarnó y desgarró mi alma entera, y ya nada fue lo mismo, yo dejé de ser muy pronto lo que era. Y lo que era no puedo anhelarlo porque no era tampoco lo que deseaba, sin embargo era, y desde entonces sólo parezco porque estar no estás cuando andas constantemente pensando en el modo de dejar de ser, estar o parecer.

Y pese a estar constantemente en llamas mi habitación nunca podría utilizar el fuego como intento de huida porque me siento incapaz e incompetente para destruir lo único que me hace sentir bien y serena mi espíritu. No puedo hacerlo, incluso me cuesta imaginarlo. Tal vez en un tiempo me sienta más destructiva y entonces un día cuando amanezca decidiré morir mientras mi espacio se quema conmigo y yo con él. Pero qué tristeza pensarlo, qué pena ante tanta decadencia…

Con cada intento fallido elijo una nueva víctima, siempre hay un nuevo hombre que despierta mi curiosidad cuando vuelvo a la vida y siempre me sirve para pasar un tiempo desconectada de la muerte, pero curiosamente es gracias a los hombres que siempre vuelvo a la idea del suicidio. Ellos me ayudan, algunos incluso me empujan a ello, aunque realmente mi pulsión de muerte no necesita incentivos ya que como me dicen esas dulces voces mi vida de por sí es una mierda y un fraude asqueroso, pero me gusta el sexo y disfrutar de él hasta que el hastío en forma de guadaña otea en mi mente de nuevo, es mi otro gran incentivo ante tanto obstáculo e impedimento vital. Supongo que en este sentido no puedo ser más freudiana, mi existencia es sólo sexo y muerte, una rutina muy cruda sabiendo a ciencia cierta como ya sé que vida no hay más que una. Y esto lo sé porque he estado tres veces en coma, me he ido al otro lado y he regresado sin ver ningún túnel y ninguna luz, o mejor dicho, siempre desde mi primer intento la luz que he visto es la de la mesa de quirófano o la de la habitación de algún hospital, pero ninguna más. Ninguna otra.

Ni la carga más pesada ni la duda más atroz han podido conmigo y las víctimas son ellos porque el verdugo soy y seré yo. Pero juro que si esa carga pesada se convierte en duda y esa duda atroz en carga, la víctimas serán también verdugo y éste será además víctima.

Sofya Keer

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Bloqueados, del verbo bloquear

Hoy la vecina del tercero del bloque de enfrente lleva todo el día en la ventana soltando barbaridades en idiomas diferentes que no sabe hablar, cierto que yo tampoco, pero estoy hablando de ella, como todo el vecindario. Creo que por la época primaveral, el cambio del tiempo y la presión atmosférica, la dosis que debería haber tomado no ha sido ingerida adecuadamente, tal vez ni se la tomó. Dicen que es esquizofrénica, pero esta semana he leído un artículo muy interesante en el que estudiosos de la materia decían de la esquizofrenia que es una enfermedad inexistente. Así que yo me pregunto: ¿Cuántas cosas creemos que son y no son, cuántas que existen y son inexistentes?…

Cuando bajo a la calle desde su ventana me saluda a gritos y me cuenta o me pregunta cosas intrascendentes porque para ella la vida no tiene trascendencia. Cuando me despido porque mi existencia se expande más allá de las cuatro paredes que estoy pagando a una entidad bancaria que realmente me está robando, ella se mete y en breve sale a tender la ropa, siempre tiene ropa en las cuerdas, no sé si la lava o no pero siempre está tendiendo ropa en las cuerdas, quizás ese es su único contacto con el exterior porque al parecer vive sola. La llaman trastornada, descerebrada, pero para mí sólo es una mujer que no trasciende por la química que contiene su físico, aunque alguna noche cruel me han dado ganas de asomarme a la ventana y decir a gritos:

– ¡Joder, tómate las malditas pastillas ya!

Yo creo firmemente que todos tenemos paranoias, puras o contaminadas, perturbaciones mentales fijadas en una idea, que o son crónicas o persisten, con ser un ególatra, un narcisista o con tener una baja autoestima ya eres un candidato perfecto para sufrir este trastorno. Así que no sólo mi vecina está trastornada, yo tengo una paranoia… Soy hábil y tengo un talento especial para dar una apariencia de realidad a lo que mi mente concibe. Todo me sirve con tal de demostrar lo que tengo en mi espíritu, nada que se diga en contra me disuade ni me incomoda porque mi idea es firme y está arraigada en mi ser de ese modo. Un modo paranoide.

Descerebrarse es muy fácil, con ser torpe, estúpido o un ignorante ya eres considerado un descerebrado, así que no sólo mi vecina parece estar descerebrada. Yo cometo torpezas léxicas que en principio son graciosas pero me han puesto en algún que otro aprieto.

La intrascendencia desde mi punto de vista es el mayor logro del ser mortal, sin embargo yo no sé por qué me esfuerzo constantemente en trascender siendo consciente de mi mortalidad y de la intrascendencia que esto implica en mi vida. Eso es ego, es inconstancia, narcisismo, eso es una enfermedad existente de la existencia y de la que jamás ningún estudioso de la materia podrá decir que es inexistente, porque es, está y me hace parecer siéndolo. Soy y estoy trascendente, por eso lo parezco.

Tal vez ser un débil mental es un defecto involuntario a la par que extendido y el arte de la simulación nos mantiene a raya mientras existimos, sin embargo todos estamos enfermos, todos tenemos un tocado que a veces nos lleva al estado de hundido y otras nos mantiene en la superficie aunque a contracorriente. Siempre he captado una belleza insoportable en las enfermedades de la mente, insoportable porque las personas que las sufren están tan dentro de sí mismas y tan dedicadas a su enfermedad que hacen cosas, que ante mi mirada son realmente maravillosas.

Ella sigue ahí, gritando, todo el mundo corresponde a sus saludos, ella ríe y habla sin parar mientras tiende su ropa. Después se enciende un cigarrillo  detrás de otro y así pasa sus días… Hay gente que se los pasa bebiendo o consumiendo drogas que no puede pagarse, otras personas los pasan debiendo dinero a alguien que en su momento se portó demasiado bien con ellas, hay gente desagradecida, mentirosa y cruel con fetidez de aliento que pasa por las vidas ajenas dejando mal sabor de boca. Hay personas que no son lo que aparentan porque ni son humanas ni están a la altura aunque midan un metro noventa. Y todas estas y muchas más que enfermas no toman pastillas como sin embargo sí hace mi vecina, que tal vez las necesiten pero que tal vez no, pues tal vez sólo están bloqueadas… Y tal vez eso es lo que le ocurre a mi vecina del bloque de enfrente… Que está bloqueada.

En la vida cuando nos bloqueamos ya no somos, no estamos, no parecemos ni tan siquiera. En el mundo virtual ocurre lo mismo, cuando bloqueas a alguien es porque no quieres ningún contacto con esa persona, no quieres que te lea, ni que te siga, no quieres que sepa nada de tu vida ni de la vida de los tuyos… Igualmente con Whastapp… Esas personas bloqueadas no son, no están, ni tan siquiera parecen… Menudo día lleva, sigue gritando:

– ¡Cuidado, que esto es muy pequeño, aquí se sabe todo! Jajaja….Cuidado con lo que hacéis que al final todo se sabe!….¡Cuidado con las mentiras, porque tarde o temprano todo se sabrá!…

La otra tarde me dijo:

– Sé que tienes novio.

– ¿Ves?, si es que al final todo se acaba sabiendo… (Le contesté riendo)

Ella empezó a reír como una trastornada, o como una descerebrada, así como intrascendente. Yo me reí del mismo modo. Reímos juntas diferenciándonos en una sola cosa, en que ella toma pastillas para no sé qué y en que yo no sé porqué no las tomo.

Sofya Keer

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