Una habitación en llamas

No hay nada tan corrosivo como la memoria, si busco basura o cochambre siempre acabo encontrándola. No necesito ayuda lo hago muy bien sola, soy la absurda experta en el sufrimiento que con un enfoque juguetón e imaginativo además de inconsciente incluso con una sensualidad intrépida, puedo poner la habitación en llamas a base de torturas, dolor y padecimiento.

No voy a hacer un tratado de las categorías kantianas porque aquello que tiene su fundamento en la experiencia o bien se obtiene de esta es más que suficiente para lo que hoy ando elucubrando. Y pensando y cavilando me he ido muy atrás, a esa educación sentimental que no me dieron. Me he ido tan lejos en mi memoria que he visto pasar muy rápidamente por mis pensamientos una kodak del año veinte aunque soy baby boomer de los setenta, y era entonces cuando el miedo y la ignorancia me ahogaban sin yo saberlo. Nací miedosa, ignorante y ahogada por el cordón umbilical que ya fue el primer intento fallido antes de yo ver la luz. La luz de la mesa del quirófano obviamente.

Ni la carga más pesada ni la duda más atroz han podido conmigo. Sin considerar la carga como duda ni la duda como carga he pasado períodos de altibajos tan vertiginosos que la montaña rusa Kingda Ka en Estados Unidos nunca superaría pese a ser la más alta del mundo, ni la Formula Rossa de los Emiratos Árabes tampoco siendo como es la más rápida. En cualquier caso y como ocurre con los candidatos a subir en los vagones de estas atracciones mi vida no es apta para enfermos cardíacos. He estado en lo más alto y también en lo más bajo. He superado la velocidad existencial límite infinidad de veces y todo porque mi cabeza oye voces constantemente que me dicen que debo extinguir mi existencia la cual curiosamente yo ya siento como extinta. Los que me rodean no lo sabían ni hoy lo saben pero es que no necesitan saber más, simplemente a veces les doy sustos que son intentos fallidos porque nací predestinada por ese oscuro nexo de unión prenatal con mi madre. Lo peor es que no son voces tétricas sino hermosas las que me susurran dulcemente que mi vida es una mierda y un fraude asqueroso, y es el cómo me lo dicen y no el por qué lo hacen lo que yo valoro. Esos dulces susurros aceleran mi corazón, a las personas complicadas las pulsaciones se les disparan por cosas muy diferentes al resto de los humanos. Y yo soy muy complicada, no hay ningún valor en ser mediocre, la excelencia está en la diferenciación, somos mortales porque de lo contrario nuestro error se perpetuaría hasta el infinito y este detalle es de todo menos nimio.

Soy una mujer estratega que no se queda con el simple deseo, yo voy más allá y elijo la decisión. No es fácil pero la dificultad nunca es un impedimento es tan sólo un obstáculo más y además es uno de tantos. Cada noche mientras duermo muero un poco y si tengo la suerte de amanecer la muerte definitiva puede venirme en cualquier momento del nuevo día o por lo menos, algún intento de huida aunque sea fallido. Mis deseos son los que alimentan mi imaginación con sus fantasías, son los que ceban mi estado de ánimo. Los obstáculos me hacen crecer y los impedimentos sopesar, sin embargo son mis decisiones las que me nutren porque en cada decisión va una dosis importante de mi libertad, por eso sé muy bien que la verdadera estrategia existencial es la toma de decisiones, y es que crecer es lo suyo pero nutrirse es lo más y esto no es incompatible con mis deseos de morir porque ellos crecen y se nutren con cada día que pasa y yo sigo viva. Deseo cosas, deseo hombres, decido y me siento libre haga lo que haga en sus dosis justas y necesarias o en ocasiones sin  mesuras, crezco y me nutro pues multiplicarme no es necesario, pero siento mi vida acabada por una derrota tan antigua y lejana que no quiero ni necesito recordar. Me quedo con ese poso, con su esencia porque es algo tan triste que no puedo, no quiero y no necesito expresarlo ni escrito ni verbalmente. Sólo me quedo con la pena que me derrumba y me agota intensa y profundamente mientras vivo. Cuando aquello ocurrió algo muy grande que guardaba en mi interior se me arrancó a golpes demasiado violentos, me descarnó y desgarró mi alma entera, y ya nada fue lo mismo, yo dejé de ser muy pronto lo que era. Y lo que era no puedo anhelarlo porque no era tampoco lo que deseaba, sin embargo era, y desde entonces sólo parezco porque estar no estás cuando andas constantemente pensando en el modo de dejar de ser, estar o parecer.

Y pese a estar constantemente en llamas mi habitación nunca podría utilizar el fuego como intento de huida porque me siento incapaz e incompetente para destruir lo único que me hace sentir bien y serena mi espíritu. No puedo hacerlo, incluso me cuesta imaginarlo. Tal vez en un tiempo me sienta más destructiva y entonces un día cuando amanezca decidiré morir mientras mi espacio se quema conmigo y yo con él. Pero qué tristeza pensarlo, qué pena ante tanta decadencia…

Con cada intento fallido elijo una nueva víctima, siempre hay un nuevo hombre que despierta mi curiosidad cuando vuelvo a la vida y siempre me sirve para pasar un tiempo desconectada de la muerte, pero curiosamente es gracias a los hombres que siempre vuelvo a la idea del suicidio. Ellos me ayudan, algunos incluso me empujan a ello, aunque realmente mi pulsión de muerte no necesita incentivos ya que como me dicen esas dulces voces mi vida de por sí es una mierda y un fraude asqueroso, pero me gusta el sexo y disfrutar de él hasta que el hastío en forma de guadaña otea en mi mente de nuevo, es mi otro gran incentivo ante tanto obstáculo e impedimento vital. Supongo que en este sentido no puedo ser más freudiana, mi existencia es sólo sexo y muerte, una rutina muy cruda sabiendo a ciencia cierta como ya sé que vida no hay más que una. Y esto lo sé porque he estado tres veces en coma, me he ido al otro lado y he regresado sin ver ningún túnel y ninguna luz, o mejor dicho, siempre desde mi primer intento la luz que he visto es la de la mesa de quirófano o la de la habitación de algún hospital, pero ninguna más. Ninguna otra.

Ni la carga más pesada ni la duda más atroz han podido conmigo y las víctimas son ellos porque el verdugo soy y seré yo. Pero juro que si esa carga pesada se convierte en duda y esa duda atroz en carga, la víctimas serán también verdugo y éste será además víctima.

Sofya Keer

fuego-en-las-manos1-e1439019356693

 

 

Anuncios

Bloqueados, del verbo bloquear

Hoy la vecina del tercero del bloque de enfrente lleva todo el día en la ventana soltando barbaridades en idiomas diferentes que no sabe hablar, cierto que yo tampoco, pero estoy hablando de ella, como todo el vecindario. Creo que por la época primaveral, el cambio del tiempo y la presión atmosférica, la dosis que debería haber tomado no ha sido ingerida adecuadamente, tal vez ni se la tomó. Dicen que es esquizofrénica, pero esta semana he leído un artículo muy interesante en el que estudiosos de la materia decían de la esquizofrenia que es una enfermedad inexistente. Así que yo me pregunto: ¿Cuántas cosas creemos que son y no son, cuántas que existen y son inexistentes?…

Cuando bajo a la calle desde su ventana me saluda a gritos y me cuenta o me pregunta cosas intrascendentes porque para ella la vida no tiene trascendencia. Cuando me despido porque mi existencia se expande más allá de las cuatro paredes que estoy pagando a una entidad bancaria que realmente me está robando, ella se mete y en breve sale a tender la ropa, siempre tiene ropa en las cuerdas, no sé si la lava o no pero siempre está tendiendo ropa en las cuerdas, quizás ese es su único contacto con el exterior porque al parecer vive sola. La llaman trastornada, descerebrada, pero para mí sólo es una mujer que no trasciende por la química que contiene su físico, aunque alguna noche cruel me han dado ganas de asomarme a la ventana y decir a gritos:

– ¡Joder, tómate las malditas pastillas ya!

Yo creo firmemente que todos tenemos paranoias, puras o contaminadas, perturbaciones mentales fijadas en una idea, que o son crónicas o persisten, con ser un ególatra, un narcisista o con tener una baja autoestima ya eres un candidato perfecto para sufrir este trastorno. Así que no sólo mi vecina está trastornada, yo tengo una paranoia… Soy hábil y tengo un talento especial para dar una apariencia de realidad a lo que mi mente concibe. Todo me sirve con tal de demostrar lo que tengo en mi espíritu, nada que se diga en contra me disuade ni me incomoda porque mi idea es firme y está arraigada en mi ser de ese modo. Un modo paranoide.

Descerebrarse es muy fácil, con ser torpe, estúpido o un ignorante ya eres considerado un descerebrado, así que no sólo mi vecina parece estar descerebrada. Yo cometo torpezas léxicas que en principio son graciosas pero me han puesto en algún que otro aprieto.

La intrascendencia desde mi punto de vista es el mayor logro del ser mortal, sin embargo yo no sé por qué me esfuerzo constantemente en trascender siendo consciente de mi mortalidad y de la intrascendencia que esto implica en mi vida. Eso es ego, es inconstancia, narcisismo, eso es una enfermedad existente de la existencia y de la que jamás ningún estudioso de la materia podrá decir que es inexistente, porque es, está y me hace parecer siéndolo. Soy y estoy trascendente, por eso lo parezco.

Tal vez ser un débil mental es un defecto involuntario a la par que extendido y el arte de la simulación nos mantiene a raya mientras existimos, sin embargo todos estamos enfermos, todos tenemos un tocado que a veces nos lleva al estado de hundido y otras nos mantiene en la superficie aunque a contracorriente. Siempre he captado una belleza insoportable en las enfermedades de la mente, insoportable porque las personas que las sufren están tan dentro de sí mismas y tan dedicadas a su enfermedad que hacen cosas, que ante mi mirada son realmente maravillosas.

Ella sigue ahí, gritando, todo el mundo corresponde a sus saludos, ella ríe y habla sin parar mientras tiende su ropa. Después se enciende un cigarrillo  detrás de otro y así pasa sus días… Hay gente que se los pasa bebiendo o consumiendo drogas que no puede pagarse, otras personas los pasan debiendo dinero a alguien que en su momento se portó demasiado bien con ellas, hay gente desagradecida, mentirosa y cruel con fetidez de aliento que pasa por las vidas ajenas dejando mal sabor de boca. Hay personas que no son lo que aparentan porque ni son humanas ni están a la altura aunque midan un metro noventa. Y todas estas y muchas más que enfermas no toman pastillas como sin embargo sí hace mi vecina, que tal vez las necesiten pero que tal vez no, pues tal vez sólo están bloqueadas… Y tal vez eso es lo que le ocurre a mi vecina del bloque de enfrente… Que está bloqueada.

En la vida cuando nos bloqueamos ya no somos, no estamos, no parecemos ni tan siquiera. En el mundo virtual ocurre lo mismo, cuando bloqueas a alguien es porque no quieres ningún contacto con esa persona, no quieres que te lea, ni que te siga, no quieres que sepa nada de tu vida ni de la vida de los tuyos… Igualmente con Whastapp… Esas personas bloqueadas no son, no están, ni tan siquiera parecen… Menudo día lleva, sigue gritando:

– ¡Cuidado, que esto es muy pequeño, aquí se sabe todo! Jajaja….Cuidado con lo que hacéis que al final todo se sabe!….¡Cuidado con las mentiras, porque tarde o temprano todo se sabrá!…

La otra tarde me dijo:

– Sé que tienes novio.

– ¿Ves?, si es que al final todo se acaba sabiendo… (Le contesté riendo)

Ella empezó a reír como una trastornada, o como una descerebrada, así como intrascendente. Yo me reí del mismo modo. Reímos juntas diferenciándonos en una sola cosa, en que ella toma pastillas para no sé qué y en que yo no sé porqué no las tomo.

Sofya Keer

bloqueados