Cuándo perdemos el sendero en nuestras vidas? …

El recuerdo del fetiche muerto le hacía sentir profundamente insegura, porque eso la convertía en una persona normal y ella sabía que las personas normales son muy peligrosas.

Comenzó a aceptar invitaciones que inmediatamente rechazaba, se presentaba a fiestas para irse enseguida, la dulce sensación de que las cosas en su vida nunca estuvieron bien fortalecía aún más su espíritu de hierro.

Abrió la vieja puerta que crujía y su crujido le recordó que tener una vida mezquina no era tan grave… Al abrirla el aroma marino y al fondo la marejada; Caminó hacia la oscura inmensidad sintiendo que hay horas de gran soledad en el mar, y esa era una de ellas, ese preciso instante en el que contemplándolo se sintió orgullosa por haber aprendido a vivir con lo que no entendía, se sintió cómoda en su zona de prostitución, esa que el resto del mundo llamaba de confort… Recordó a Nietzsche y su abismo, se planteaba si era ella la que miraba al mar o si era el mar el que la miraba a ella, ¿tal vez se observaban mutuamente?…

En esa hora de tanta soledad en el mar, la soledad era realmente suya, sin embargo aquel adiós fue su libertad y por ello fue también una de esas cosas que se daba a sí misma, aunque a otros les pareciera una invención cómica y surrealista, ella sabía mejor que nadie de las terapéuticas y trascendentales propiedades del adiós. Caminando con los pies hundidos en la fría arena y bajo la oscuridad nocturna una pregunta acudió a su mente:

“¿Cuándo perdemos el sendero en nuestras vidas?”…

El silencio le devolvió un pensamiento:

“La respuesta a esa pregunta te viene grande y es demasiado áspera”

Regresó a casa, cogió los Arcanos, los Mayores y los Menores, a sabiendas de que ese era un juego que no le sirve a nadie, uno de esos juegos que no llevan a ninguna parte… Barajó mientras perdía la fe en todo, pero lo hizo a conciencia para remover con las cartas todas las probabilidades y posibilidades, una tirada de su vida, un concepto aséptico e insuficiente de la existencia, otro juego más que la convertía en vegetal, y todo fruto del agotamiento de la razón sistemática, todo por buscar el éxtasis del orden remoto, todo en una quietud silenciosa.

Sintió la voz solitaria de la desesperación del mañana, mientras en su divergencia mental, se mostraba ante ella todo el arte imperecedero del flagrante olvido de sí misma, y lo peor era que a lo lejos brillaba como un astro, el sendero perdido de su vida.

Sofya Keer

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La responsabilidad en contra

No suena muy original decir que me deslumbró, tal vez decir que me tenía perturbado o totalmente interesado cuando yo ya me encontraba desprovisto de toda sorpresa, sea más atinado y además novedoso. Al margen del canon y de que olía más a tumba que a vida, era culta, sensible y cometía errores y pifias constantemente única y exclusivamente por su neurosis de desplazar con mayor facilidad el círculo vicioso de su vida. Y lo sabía hacer muy bien, lo hacía con un civismo honesto y un cinismo pueril, era la dama en su laberinto, pura inmersión en profundidad, sin manuales de uso en desuso.

Pero no fue fácil, porque se sentía sola constantemente, desolada a ratos y asolada sin tregua alguna… Yo jugué mal mis cartas al desaprobar su modo de vida, eso es algo que todo superhombre que se precie no debe hacer nunca, bajo ningún concepto; Pero lo hice, entonces dejé de estar de candente actualidad en su vida, dejé de ser esa ferviente etapa que hacía sus prosas más deslumbrantes, me convertí en el idiota orgulloso de moral burguesa que la seguía acechando fascinado. Ella por su parte, seguía siendo la mujer intrigante, culta y sensible, seguía siendo la dama en su laberinto, sola, desolada y asolada, constantemente, a ratos, e incluso sin tregua alguna…

Y aunque no suene original me deslumbró como ninguna otra lo ha hecho en toda mi puñetera y falaz vida… Y esto no se olvida fácilmente, por muy fácil que resulte la división del tiempo que el reloj se encarga de gestionar día a día, semana tras semana, mes a mes… Así siento quebrarse mi serenidad, así es como ante el espejo veo en mi mirada los ojos culpables día a día, semana tras semana, mes a mes…

Tic, tac, tic, tac… Tic, tac…

Sofya Keer

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Troglodismo subrepticio

Por encima de todas las cosas deseaba morir, hundirse en el fango o ahogarse en las cloacas, y no corrían tiempos difíciles por su existencia, ni había razones financieras graves o gravosas… Ni tampoco agravantes… Ante el escaparate veía sus ojos aterrados y los intuía transparentes, el vestido de novia se presentaba ante ella como en aquella ocasión, aunque era otro diferente pero no dejaba de ser un símbolo, un ahínco enfermizo para formar modelos cultural y socialmente hablando, ella rechazaba de manera radical esa oscura pretensión, la juzgaba como algo estrafalario, aunque entonces creyó en ella… Creía en las novias felices de blanco, en las princesas castas y puras que ahora eran sucias y putas, facsímedes de las originales pero claramente emancipadas de la madre del cordero, que con la edad será borrego, manso e inocente, puro y simple, tan dulce que será exclusivo y excelente para los sacrificios… Y ya emancipada intentaba asimilar que a veces compartimos cosas con personas que no volvemos a ver nunca, nunca o en  mucho tiempo… Intentaba entender el troglodismo subrepticio de sus hábitos sexuales adquiridos a lo largo del tiempo, prácticas encargadas de sincronizar su vida y convertidas en intentos fallidos para llenar el vacío infértil e irreparable pero a su vez, rebosante de ecos sordos… Escombros sexuales de destrucción emocional y la destrucción que además es muerte… Algo así como la acción de la materia sobre el espíritu, pero salvada por la literatura, por ese gusto suyo de oler las hojas de los libros cuando nadie la veía, en la biblioteca pública y entre reseñas, comentarios, o críticas de libros, entre miradas provocadoras de hombres vacíos que se vaciaban aún más dentro de ella. Y cuando se quedaba sola en casa deseaba morir, hundirse en el fango o ahogarse en las cloacas, se ponía el vestido de novia que únicamente compró para frente al espejo mirarse y contemplar ojiplática a esa princesa que se sentía tan sucia y tan puta, observaba a esa mujer a la que la tiranía de la costumbre no le parecía nada elegante, ya que con su traje de pelagatos arriesgaba con juegos sucios y putos para robarle su tiempo. Ella utilizaba su vestido de novia para eso… No lo usaba para nada más.

Sofya Keer

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Horror vacui

Percibió un temblor gigantesco. A veces era desconcertante sentir que su especialidad era montar cataclismos. Y no sabía muy bien si era una sensación o una realidad instintiva, lo que sí sabía casi a ciencia cierta es que sensación o realidad era su compañera, su amante y amada, era su amiga y su camarada, además estaba unida indisolublemente a ella, fuera sensación o  realidad instintiva, ambas eran un todo, y en él había partes propiedad de las dos, partes de una y partes de la otra, de la otra y de la una, que se mezclaban con un talento enorme hasta el punto de confundir la propiedad exclusiva e intelectual de cada cual, y cada una continuaba su camino que era el mismo y era idéntico, con un esmero casi burgués, y ella con las secuelas en su corazón, y cada una continuaba trabajando puntillosamente en el arte de eclipsarse por su egos y por sus genios.

Era de la intensa mirada al mundo de la una y de la delicada belleza de la otra que nacían esos cataclismos de fascinación irresistible, de prosas impecables e inteligencia narrativa. Un basural que injustamente postergaba cuando se enfadaba y no se conformaba con la duda acerca de su condición, pues no sabía si era sensación o realidad instintiva el haberse especializado en montar cataclismos. Sólo sabía que un cataclismo es un desastre de grandes proporciones, una alteración grande de la normalidad, y tenía la creencia de que eran su especialidad… ¿Sensación, realidad o creencia?…

Uno de sus amantes más apasionados le dijo que el peor cataclismo que puede sentir el hombre es el miedo al vacío, ¿y el horror vacui, qué es?, ¿es una sensación, es una realidad instintiva o es una creencia?…

Y además aquellas voces obscenas en su cabeza que le recordaban que cuando soplan nuevos aires siempre ocurre algo… Y la vejación y la vergüenza de no alcanzar la dimensión traumática exacta de sus historias de vida, y la crudeza de ver lo inalcanzable que puede ser alguien, o el miedo a la intimidad del alma, incluso señalar con descaro sus puntos débiles y no por eso poder cortar el dolor, y lo peor, que por todas estas cosas no podía tomar decisiones profundas pese a sentirse gustosa por el hecho de ser deseada, pese a que en el horizonte otease un estado de amor puro, de esos alejados de la cotidianidad y de las rutinas…

Y al final el triunfo infame del horror vacui pese a poder vibrar de puro deseo, además los  movimientos histéricos al sentirse presa del vacío junto al mudo deseo de él… Y las voces obscenas y perversas en su cabeza obscena y perversa también:

– ¡Bienvenida a tu particular horror vacui!, fúmate un cigarro y espera acontecimientos.

Sofya Keer

 

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Mi mapa de guerra

Siento un cansancio inenarrable, de tanta crudeza que no puedo dormir, no puedo ni planteármelo. Pero hoy no lo necesito tanto como otros días, hoy con suma quietud puedo quedarme despierta toda la noche recreándome en mi raquítica facilidad para otear por ciertos abismos existenciales.

Llevo todo el día pensando en lo difícil que sería vivir sin nostalgia, para mi es el único atisbo de felicidad perpetua, la nostalgia despierta en mí una enorme curiosidad por ese sentir silenciado, extravagante a ratos, rebelde siempre, hipersensible sin duda, genial y puntilloso, indolente y derrochador. Mi sentir teñido de cierto Orientalismo y dinamitador de lo clásico, mi sentir que es místico y es demoníaco, y que yo misma he silenciado, rígida y asustada, tímida e indefensa.

Siento que mi cabeza va a estallar, y no hay culpa ni tampoco miedo… Al menos eso creo… A veces pienso que todo lo que me rodea se puede explicar con números y no con la razón, esto me supera y entonces me imagino como un miembro de un clan mafioso, o trabajando para una revista reaccionaria contra mi propia voluntad, o superando una de las crecidas del Nilo, o siendo transportada en un palanquín sufriendo la enfermedad espiritual de los ricos, usando la sorna para manifestar mi desprecio, con esa marchitez incipiente de la mujer que vive angustiada por el dinero… Pero sé que al final todo se traduce en los pormenores de la espera, y aunque aprendí pronto a esperar sin razón vivo extorsionada por el parásito de la pena…. Este es mi mapa de guerra en el que las luchas y los combates son lentos y graves, en el que sus trincheras lucen mis mil nostalgias y cuya retaguardia desluce gracias a mi millar de tristezas, pero no hay culpa ni hay miedo… Al menos eso creo… Y si creo espero y si espero creo, aunque millones de veces no crea y además  haya aprendido a esperar sin razón.

Sofya Keer

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Tengo un amante

Desde pequeña siempre me decían aquello de:” No mires nunca al sol”, pero yo pensaba que siempre podría vivir en la oscuridad, y mirar a la oscuridad también tenía sus riesgos, sin embargo la buscaba con auténtico ahínco, era proclive a ello desde mi más tierna infancia. Los caminos sinuosos y extraños de la oscuridad me abrumaban… Era como una encantadora sensación de orfandad, el placer de la soledad, la razón por la cual yo latía.

Ahora y desde hace casi un mes tengo un amante. Con él siento una realización somática casi absoluta, en ocasiones la siento como la puta perfección ansiada. La exaltación corpórea versus la espiritualidad, aunque suene pretencioso o ficticio creo que me encuentro justo en el punto de la plenitud sexual anhelada. Quiero vivir esta oscura aventura, ¡y punto!… Me gusta, porque él y su vida me son totalmente indiferentes, sin embargo cuando me visita es como una droga, y escojo drogarme hasta la extenuación, y después cuando se va no  pienso en él, ni en qué hace, ni con quién habla o se relaciona… ¡No me importa nada en absoluto!, lo mejor es que no me siento culpable, y no quiero flores, ni joyas, no quiero regalos, ni cartas, ni versos, y por todo esto creo que esta aventura es algo fantástico. Fantástico y oscuro.

Además este silencio reconfortante después de haber leído o escrito largo rato, el silencio tras el orgasmo… El clímax del silencio y esta oscura aventura mía y placenteramente fantástica… Y más silencio que no consigue alterar el orden de mi habitación con su cielo siempre ausente, con mi leve melancolía y con el privilegio de no tener que pedir perdón por estar triste.

¿Porqué mirar al sol si de la oscuridad disfruto con auténtico ahínco desde mi más tierna infancia? …

(Y mientras, se mira en el espejo observando la huella que en su labio inferior ha dejado uno de los besos apasionados de su amante, la observa sin acordarse de él)

Sofya Keer

Tengo un amante

 

Un bastardo de la existencia

El pensamiento es una de mis pasiones, con él obtengo placer e intensidad, y si lo dijo Nietsche, yo lo comparto, de hecho lo vivo del mismo modo. Para mí es como correr para salvar la vida, pensando entro en un estado intenso y decisivo. Con mi pensamiento mantengo una relación verdadera y plena, es mi musa más lúcida e inteligente, ¡que se pudran los que no creen en las musas, que se hundan en sus cielos grises y profundos!

Yo quiero y necesito la bruma de mi pensamiento, incluso su atmósfera que a veces es asfixiante y otras se muestra cruel, dura e implacable. Consiento sus arrebatos porqué sé que es sensible al clima y tiene el peligro práctico de ser un lugar pagano, en el que el insoportable flujo de la conciencia, me recuerda constantemente la desigual y problemática historia de los seres humanos.

Curiosa y serena con él, soy consciente de mi apego infantil e incluso animal, por culpa de una dependencia diáfana y sublime que vivo más como sensación que como adicción, y en esa dulce y cercana semblanza entre ambas, plasmo mis pensamientos en píldoras, porque mi vida disoluta con el potencial deshumanizador de la niña criada bajo la sombra del sauce que soy, se inclina más hacia lo áspero que a lo ornamental de la vida, además, una de mis obsesiones espirituales es que yo necesito una relación intelectual de comprensión sin límites con mi pensamiento.

No es una visión depresiva, es tan sencillo como sentir el ferviente y auténtico deseo de disputar con uno mismo de manera unánime e incontestable todo, y todo gracias a que mi vida no está siendo clemente conmigo, y aunque un bastardo de la existencia, siento una veneración auténtica y duradera por la oscuridad atroz de mi pensamiento, es más, si él es un bastardo de la existencia, bastarda también me declaro yo.

Sofya Keer

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