Regalos de consuelo

Me gusta beber en las barras de los bares y de los pubs nocturnos. Me gusta ver a las parejas bailando mientras mis capacidades físicas y mentales se alteran por el consumo excesivo de alcohol. Preparo a conciencia estas premisas para abonar el terreno mental y que así surja mi teoría, que aflore y me permita pasar horas y horas rumiando emociones.

Sólo tenía veinte años cuando llegué a la conclusión de que todos somos o podemos ser un regalo de consuelo para los otros. Esta es mi teoría, y es que cualquiera puede recibir un regalo y cualquiera un consuelo, por lo tanto cualquiera puede ser un regalo en la vida de alguien y del mismo modo o igualmente, un consuelo. Así que el regalo de consuelo es bastante común y por ello podríamos decir que vulgar cuantitativamente hablando, insisto.

– ¡Otra cerveza por favor!

Sí, no me gustan las copas, yo soy mujer de cerveza y las miradas del camarero me animan a beber… Sí, soy mujer de pensamiento, de análisis y de risas y lágrimas con o sin motivos indistinta e indiscriminadamente. He sido soy y seré un regalo de consuelo, en otras ocasiones si eso, me dejarán ser y punto, pero lo que sí tengo claro es que pelearé como gato panza arriba para ser yo misma con o sin mi circunstancia, y en este punto debo decir algo a mi favor, y es que estoy aprendiendo a desconectarme de ella. A fin de cuentas una circunstancia no es más que una característica no esencial de tiempo, lugar o modo que rodea e influye en una persona o en hechos relacionados con ella, es decir, algo totalmente prescindible cuando le haces un hueco considerable al ser y a su gran amigo-enemigo el ego.

¿Cuántas personas hay en el mundo que si estuvieran con aquellos que desearon y no pudieron tener se convertirían en los seres más desdichados del Planeta Tierra?, ¡sí, más desdichados todavía, eso he dicho!, y es que nos esforzamos por desear lo que no es bueno para nosotros, nos esforzamos en convertir las necesidades sentidas en reales cuando la diferencia entre ambas es abismal y el abismo a veces, es una cuestión de vida o muerte, esto va por Nietzsche y por nadie más.

Así que esas personas que entran en nuestras vidas cuando las deseadas se van huyendo campo a través, son las que se encargan de salvar nuestros pellejos y nuestras mentes debilitadas por el famoso “lo que pudo haber sido y no fue”… Algo que por cierto es irreal y simbólico, y por ello muy humano sin duda.

La pareja baila mientras yo intuyo que ella es el regalo de consuelo de él, que por cierto baila como si no hubiera un mañana y lo que hay en su vida es un ayer que ella se ha encargado de eclipsar con su buen hacer y su carácter grácil y elegante, porque la chica tiene clase, y mucha. Además folla mejor que la que él deseaba, ¡hay tantos regalos de consuelo que se lo montan tan bien en la cama!, o donde se tercie el alivio, porque alivio es también consuelo, ¿no?… Él vive ajeno a su suerte porque la mujer que perseguía y deseaba no tenía el nivel cualitativo  que  la actual, a la que llamaré regalo de consuelo para aclararnos y a la que perderá como no sea consciente en tres, dos, uno, porque todo cansa y consolar también. El regalo de consuelo no es necesario, o sí, va en los gustos y también en los colores, pero lo que sí es cierto es que nuestras existencias extintas cargadas de anhelos son el caldo de cultivo idóneo para buscar consuelo en cualquier rincón o en el mejor de ellos si es el mejor de los casos. También hay personas que ni quieren ni buscan consuelo, pero se lo encuentran y no porque lo merezcan, porque merecer es deber y el deber se paga caro cuando los derechos se pierden a cada paso, y además sabes que serás incapaz de salir derecha del bar porque vas a pedirte otra:

– ¡Otra, por favor!

El primer trago frío me trae a la cabeza una idea narcisista y ególatra aunque alcohólica,  y es que sé que si le contara mi teoría a Schopenhauer porque él estuviera o estuviese vivo, obviamente, en esta barra de este antro de mala muerte, yo lo sé, me utilizaría como regalo de consuelo aunque no necesitara consolarse, porque mi teoría no puede ser más repugnante en cuanto al uso y desuso que le estoy dando a mi especie. Eso al filósofo alemán le pondría. Lo sé… Es que lo sé.

Pero en el fondo no es tan repugnante ni descabellada mi teoría. El ser humano se merece todo lo que le pasa y todo lo que le va a suceder porque está hecho a base de anhelos y deseos inalcanzables, y lo peor es que no está educado en la tolerancia a la frustración. Esto sí es repugnante teniendo como tiene a su disposición intelecto y razón. El ser humano lo merece todo, hasta un regalo de consuelo que además le folle mejor.

– ¡Sírveme otra y de paso, deja de mirarme de ese modo!

El camarero se acerca sonriendo con una boca y una dentadura de anuncio de dentífrico, sabe que estoy como una cuba aunque no puede imaginar todo lo que hay dentro de esta cabeza loca y en este preciso instante.

– ¿Y cómo te miro?

– ¿Cómo si yo fuera tu regalo de consuelo?

– ¡Vaya, pues no me importaría que me consolases!

– Haremos lo siguiente, me pones la última y hablaremos largo y tendido sobre Nietzsche, Schopenhauer, el amor malentendido y la necesidad de consuelo del hombre que nunca será superhombre. ¿Qué te parece?

– Lee mi mirada.

Rápido y atinado. Hoy me consuela él, y de los regalos de consuelo que follan peor pensaré y haré un análisis exhaustivo fumando hierba.

Sofya Keer

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Pensar cosas inútiles es necesario

Hay personas con un poder hipnótico que aguijonean tu curiosidad sin remilgos ni escrúpulos. Las sensaciones se reactivan al interaccionar con ellas. Es como disfrutar de la lectura de un libro de ilusionismo. Las personas con  este poder son escasas, es como deleitarse con la visión de una alineación planetaria, ¿quién podría negarse a gozar de un espectáculo tan maravilloso, y qué decir de las sensaciones?

Le conocí y me enamoré tan rápidamente que empecé a buscar otros hombres para tentar a mi equilibrio y volver a desestabilizarme por mi bien y el de todo mi ser. Este detalle era para tenerlo en cuenta, era sólo la segunda vez que lo hacía. Obviamente sólo he estado enamorada dos veces en mi vida, de Didier cuando era una cría y juntos jugábamos a ser una pareja de novios mayores, y ahora, con más de cuarenta, después de no sé cuántos años pasando por alto el amor, centrada en una carrera profesional espectacular, fumando hierba de calidad, tomando buenos vinos con toda la escoria pastosa de la empresa, follando con tíos casados que por cobardes nunca iban a separarse de sus esposas y por lo tanto, nunca me perseguirían en serio, y por supuesto sin parar de viajar con dos amigas desmadradas a mi altura y con un nivel de hedonismo similar. Y entonces con toda mi vida montada a lo grande y por todo lo alto, aparece flotando un castillo en el aire que en una servilleta de papel de un bar me pone su nombre y su número de teléfono, y al dármelo me susurra antes de irse y desaparecer por la puerta lo siguiente:

– Llámame solamente si esas miradas que hemos intercambiado no son pura atracción física. Llámame si estarías dispuesta a darlo todo por un futuro juntos,  aunque sea oscuro y voluble. Llámame, me muero de ganas porque lo hagas.

Se dio un puñetazo simbólico en su pecho echó la cabeza hacia atrás por el impacto teatralizado y con un gesto de fatalidad cerró sus ojos. Yo que había cogido la nota y le observaba, rompí a reír. Abrió los ojos de nuevo tras su actuación, besó una de mis mejillas y se despidió.

¡Claro que me enamoré!, no voy a escupir falsedades haciéndome la dura, pero como era legendario en mí, no quería depender emocionalmente de ningún hombre.

Caer continuamente en las decepciones y en las excepciones es una buena y compleja herramienta de crecimiento personal, de lo contrario la torpeza y la confusión se instauran en tu existencia y esta pasa a convertirse en una película pésima, como es mi caso. Yo siempre he desechado las excepciones, ¿por qué iba a hacer lo contrario si me funcionaba?

Pero él sabía cómo mantener el interés de una dama, volví al bar infinidad de veces, él no aparecía por allí, su silencio me dejó fuera de juego y entonces quise jugar. Y aposté fuerte. Tardé un poco pero después de algo más de un mes le llamé.

Empezamos a salir y todo funcionaba como nunca, como tal vez hubiera funcionado con Didier si no se lo hubiesen llevado sus padres al otro lado del mundo. Incluso sabiendo que mi experiencia depresiva es corrosiva, que me atormenta y martiriza. Incluso sabiendo que en ocasiones miro a mi alrededor y me veo rodeada por la nada o el vacío, obsesionada con la indagación existencial, muerta en vida. Incluso sabiendo que no sé si esta mierda parará en algún momento. Teniendo además presente que mis inicios con ella se gestaron de una manera extrema y extraña, sobre todo por su precocidad, pues aunque a veces es difícil precisar el momento de una cosa yo era muy niña, y nunca me apetece recordarlo. Pues hasta ese detalle lo respetó.

Didier también lo sabía todo y pese a ello y siendo unos niños me decía que me amaba. Él también, él no me quería. Él me amaba.

Así que como el camarero del bar donde tomaba el café al lado de la oficina siempre deseó algo conmigo se lo puse fácil, y él alegando que le daba igual que nuestro futuro fuera oscuro y voluble me perdonó. Del mismo modo lo hizo con el becario que llevaba dos meses en la empresa. Y con el vecino del quinto que pasó dos veces por nuestra cama. Y con Didier, con Didier sin embargo no me lo pudo perdonar. Recién llegado de Australia me localizó gracias a una de mis amigas desmadradas y hedonistas, tomamos unas copas y nos fuimos a un hotel. Cuando por la mañana regresé me preguntó:

– ¿Con quién ha sido esta vez?

– Con Didier.

– Coge todas tus cosas y regresa a tu casa definitivamente.

Didier volvió al continente australiano con su mujer e hijos en plural.

Él y yo coincidimos muchas noches en el bar donde nos conocimos. Le miro, pero él ya no me mira. Le amo, me ama pero ya no tiene sentido el amor, y definitivamente con todo esto que acabo de plasmar me reafirmo en mi teoría de que pensar cosas inútiles es necesario.

Sofya keer

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Mi carta de amor

Introducción:

Tengo una carta de amor para ti. No está escrita en sánscrito, está escrita con mi pluma favorita que lo es porque ha soportado perfectamente la inestabilidad de un pulso tembloroso ante las sensaciones que pensar en ti le han provocado. Sé que puedo parecer anticuada por este manuscrito, pero lo cierto es que hasta mis capítulos más tórridos y bizarros también suelo secuenciarlos en papel y bolígrafo. Sólo espero que la puedas leer tranquilamente tomando un vino blanco o fumando hierba si es lo que te apetece, pero sobre todo deberías leerla despacio y en silencio. No hagas juicios de valor, ni te juzgues ni me juzgues por lo que leas pues en el fondo es mi sentir, y aunque seas tú su único inspirador, esto no va contigo, son mis emociones, mis sentimientos, todo esto va solamente conmigo.

Desde niña mis padres no sabían muy bien si yo era autista o era una niña solitaria. A mí no me preocupó nunca lo más mínimo ni lo uno ni lo otro, ni la diferencia entre ambas etiquetas. Yo tenía y tengo un mundo interior hecho a mi medida, es vasto y extenso, y aunque desde fuera se veían y pueden verse en él toda clase de taras, para mí era y es perfecto pues mi cuarto de aseo no es comunal y en él tengo una biblioteca muy particular en la cual sólo hay libros que hablan de amor. Del amor romántico. Algo que nunca he logrado entender pues al leerlo en palabras ajenas es como que la experiencia leída está muy lejos de ti, de tu mundo, de tu experiencia… Y además, están tan lejos… Con esto quiero decir que conocerte no me ha hecho verlo todo claramente en este sentido romántico de la palabra, ni tampoco eres lo mejor que me ha pasado, porque lo único que ha ocurrido es que has aparecido en mi vida de repente, y eso nunca es crucial en una existencia, no para mí, aunque hay poetas que así lo escriben o expresan, para mí algo crucial es tener que elegir entre la vida y la muerte, y cuando te conocí no barajaba el suicidio ni por ello tú me devolviste las ganas de vivir, simplemente te vi, me viste y ocurrió algo que yo sé expresar perfectamente porque voy sobrada de vocabulario y también de emociones para expresarme, no como esos escritores que dicen no tener palabras para contar ese maravilloso sentir tan romántico y profundo que les desborda. La exageración es tan literaria y se abusa tanto de ella y de sus usos y costumbres… Pero mi carta no es exagerada, es sólo mi sentir y mi sentir nunca exagera, él  fuye,  y fluir no tiene nada que ver con exagerar.

Tal vez me estoy extendiendo demasiado con mi introducción pero si sabes todo esto entenderás mejor mi emoción y en el fondo ese es mi objetivo, que entiendas lo que expreso, tal cual es. Tal cual siento.

Pronto fui consciente de que me trataban de manera especial ante las dudas acerca de mi autismo o de mis excesos solitarios, eso me sirvió para fingir enfermedades que contribuían paulatinamente a enriquecer más mi mundo interior, así que en él lo tengo todo, no le faltan detalles y no le sobra nada porque la nada en él es serenidad, es  silencio, es recogimiento, y todas estas cuestiones son reparadoras y reconfortantes. En mi mundo estoy como en el útero materno y en él puedo flotar con mis sensaciones. No es tontería. Tontos son aquellos que desde fuera le ven taras.

Así que esta es mi carta de amor para ti:

Te quiero dentro de mi mundo interior y muy dentro de mí. He estado con otros, por supuesto que sí, pero a ninguno de ellos ni por insinuaciones les he hecho esta oferta. Ninguno ha estado dentro de mi mundo interior. Te juro que ninguno de ellos. A modo de prueba te ofrezco un día entero los tres: Tú, yo y mi mundo. Gracias a él flotaremos juntos y por ello después aceptarás una segunda visita a mi cuarto de aseo no comunal, en esta segunda prueba te leeré algunos fragmentos de ejemplares de mi biblioteca, tú me leerás algún texto, y para entonces ya no querrás alejarte de mí. Te juro que ya no te imaginarás sin mí. Tienes un mes para pensar si aceptas la primera prueba que generosamente te ofrezco. A modo de pista yo de ti buscaría el significado de flotar en el diccionario, todas sus acepciones. Recuerda que habrá una segunda degustación y que será a la tercera cuándo ocurrirá lo que tanto estoy deseando… ¿Sabes algo?, para entonces tú lo desearás aún más que yo”

Sofya Keer

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Cartasamilena@gmail.com

Cuando me lo propuso yo acababa de finalizar la lectura de Cartas a Milena de Franz Kafka y le contesté con una de sus citas:

“Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas”

Fue un acto reflejo de resistencia tonta pues no había nada en ese puñetero momento ni en toda mi puñetera vida que me resultara tan excitante y romántico. La felicidad tiene su cultura y en la cultura de la felicidad no hay capacidad para razonar, sólo con vivir en la ociosidad, sólo el hecho de pensar que nos acercaríamos de puntillas a una escena que nunca ocurrió pero que ambos deseábamos, solamente estos nimios detalles eran ya la premonición absoluta aunque se dice de la absolutidad que es imposible. La soledad es muy puta, las emociones contenidas miserables, la cobardía ante el cambio un lastre que damos a luz cuando nos alumbran y perdura hasta que se extingue nuestro latido, así que acepté gustosa mirando fijamente sus ojos, sabiendo que tras esa mutua y profunda mirada, excitante a la par que romántica no habría beso… Ni uno ligero rozando nuestros labios, ni uno húmedo e intenso de boca abierta, no habrían besos porque nunca los hubo, son las cosas del no puede ser, que son muy putas y miserables también… Sin beso cerramos el trato o pacto o lo que quiera que sea, nos escribiríamos cartas expresando lo que habíamos callado durante todos estos años en los que fueron nuestras miradas, nuestras palabras y nuestras acciones, las que insinuaban aquello que para nosotros era impronunciable. El juego de la sinceridad de nuestros ojos pasó a mejor vida aunque es inevitable cuando coincidimos, pero ahora nos expresamos con palabras a través de dos cuentas de correo electrónico abiertas en canal y creadas para tan apasionada ocasión, que no noble…O sí, tal vez sí…

Llevamos cerca de un año, y nos quedan tantas cosas por decirnos y por compartir que tal vez nunca dejaremos de hacerlo. En mi bandeja de entrada hay cartas de tremenda nostalgia y sensibilidad, las hay divertidas cargadas de locuras y sueños juntos que en sueños quedarán, hay cartas de contenido erótico y sensual, las hay de corte sexual en las que decidimos introducir el juego del onanismo, hay otras en las que se masca la tragedia del querer y no poder, las hay de enfado y rabia ante el hecho de no poder materializar lo platónico, relegadas a la papelera sin eliminarlas para mantener a tope la retorcida emoción de que a los treinta días gmail se encargará de borrarlas del mapa, y entonces apurar el plazo, y justo en la víspera intentar recuperarlas muerta de la risa mientras apuro un porro de marihuana… Las hay largas, como esas conversaciones que se mantienen con damas de verdad, las hay breves y directas como los hombres solos con prostitutas… Pero ninguna logra vencer al olvido, ¿y para qué vencerlo?, ¿acaso estamos aquí para ganar o para proclamarnos victoriosos?, ¡qué tontería!, no se puede ganar cuando naces perdedor, y todos somos perdedores por nacer humanos y mortales.

Ahora  me apetece escribirle algo…

Decirle que… Que, ¡bueno!… Creo que es lo mejor que me ha pasado, aunque si dudo, porque creer no es saber, tal vez él sea lo peor que podría ocurrirme.

Sofya Keer

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La responsabilidad en contra

No suena muy original decir que me deslumbró, tal vez decir que me tenía perturbado o totalmente interesado cuando yo ya me encontraba desprovisto de toda sorpresa, sea más atinado y además novedoso. Al margen del canon y de que olía más a tumba que a vida, era culta, sensible y cometía errores y pifias constantemente única y exclusivamente por su neurosis de desplazar con mayor facilidad el círculo vicioso de su vida. Y lo sabía hacer muy bien, lo hacía con un civismo honesto y un cinismo pueril, era la dama en su laberinto, pura inmersión en profundidad, sin manuales de uso en desuso.

Pero no fue fácil, porque se sentía sola constantemente, desolada a ratos y asolada sin tregua alguna… Yo jugué mal mis cartas al desaprobar su modo de vida, eso es algo que todo superhombre que se precie no debe hacer nunca, bajo ningún concepto; Pero lo hice, entonces dejé de estar de candente actualidad en su vida, dejé de ser esa ferviente etapa que hacía sus prosas más deslumbrantes, me convertí en el idiota orgulloso de moral burguesa que la seguía acechando fascinado. Ella por su parte, seguía siendo la mujer intrigante, culta y sensible, seguía siendo la dama en su laberinto, sola, desolada y asolada, constantemente, a ratos, e incluso sin tregua alguna…

Y aunque no suene original me deslumbró como ninguna otra lo ha hecho en toda mi puñetera y falaz vida… Y esto no se olvida fácilmente, por muy fácil que resulte la división del tiempo que el reloj se encarga de gestionar día a día, semana tras semana, mes a mes… Así siento quebrarse mi serenidad, así es como ante el espejo veo en mi mirada los ojos culpables día a día, semana tras semana, mes a mes…

Tic, tac, tic, tac… Tic, tac…

Sofya Keer

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Ni más ni menos, justamente eso

Hay un fragmento de la náusea en el que Sartre describe un cuadro, donde se plasma el severo y merecido castigo de un soltero que fallece después de haber vivido solo para él, y por ello, nadie le cierra los ojos en su lecho de muerte. Lo recuerdo porque llamó poderosamente mi atención, la idea de un castigo severo y merecido por el hecho de elegir vivir para uno mismo.

Y aquí empezó mi particular odisea hacia un revisionismo personal, en el que fusionar mi mundo con el ajeno fue la idea más tonta de toda mi puñetera vida. Porque nadie vive en días de nadie, nadie puede juzgar cómo decides vivir tu existencia, y obviamente tú tampoco puedes juzgar las  ajenas.

Me dijo que yo le gustaba tal y como era, él siempre quiso que yo me quedara de ese modo, que no cambiara nunca, deseaba esa fidelidad severa de todo mi ser, pero cambié. Entonces se produjo el choque eléctrico de nuestras energías, porque hay que cerrar la puerta del establo antes de que se escape el caballo, esa es la clave. Pero lo cierto es que él pedía un imposible, una quimera que por serlo siempre sería irrealizable, y además mis falsas promesas eran su clara falacia.

Se produjo una escisión en nuestras almas y todo lo claro y nítido de nuestra historia quedo eclipsado sin remedio. Ahora sufro la edad idiota en la que el auto-asco infecta mis pensamientos y mis actitudes, pero no necesito ofrendas porque me regocijo en mi drama y en un extraño suspense, que no es real pero que mi cabeza ha creado para no sé muy bien qué fines o metas.

Cambié porque todos cambiamos, porque la vida nos cambia, porque el cosmos es cambiante, porque el cambio es la prueba irrefutable de que hay inteligencia en nuestros cerebros. Sin embargo mi cambio supuso el cambio en su visión de todas las cosas, entre ellas del amor y de mi persona. Ese caos particular que le ocasioné, me borró de su mapa de vida.

Víctima de una fervorosa rabia le miré enfadada.

– ¡No pienso acatar tus normas!… Ya tengo bastante con las que la sociedad y la cultura me han hecho interiorizar como si de mi cosecha se tratasen. Aunque debo decirte que gracias a ellas puedo ejercer mi esclavitud desde mi pseudo-independencia, algo que para mí es simplemente sagrado. Es mi paradoja vital favorita.

– No son normas.

– ¡Sí lo son, maldita sea!, ¿qué son sino?, ¿premisas, condiciones, pautas, patrones, guías?… Dime, ¿qué son?…

Isaac no hablaba. Me miraba sin perder detalle.

– ¡Joder! En el amor se fluye, ¿qué más da quién bese el primero o quién tome la iniciativa si es fruto de la naturalidad?, del acercamiento mutuo, de las miradas cada vez más cómplices y profundas, de la dinámica que nace entre ambos. ¡Pues no, aquí todo está preestablecido y determinado, y si no es así, no será!… No es orgullo, es que todo pierde el encanto del fluir, del qué ocurrirá, del cómo será. No te culpo, porque es un formato muy extendido, y es el que menos atrayente me resulta porque el hecho de que tú me digas qué es lo que debo hacer, no es sexi. ¿Y si mis normas son como las tuyas? … Suena tan ridículo el miedo al no, la negativa, la negación, como si eso fuera negarse a uno mismo… ¡Somos unos putos neuróticos en un mundo enfermo, con la capacidad nula para tolerar la ambigüedad o la duda, con el lastre de que nada es fácil nunca, pero es que vivir cuesta, las cosas que logramos no nos caen del cielo, no nos las regalan, a mí no desde luego!… Elige entre ser un mediocre o ser un hombre creativo, la mediocridad se retroalimenta, la creatividad alimenta, nutre, nos hace crecer, y además puede sorprendernos muy gratamente.

– Tú no sabes nada de mi vida.

– No necesito saber nada para pensar, que hayas pasado por el trance que hayas pasado, de esa experiencia, por muy negativa que fuera o fuese, no puedes hacer un patrón rígido y hermético para funcionar en tus relaciones. En el amor no se puede hacer eso… ¡En el amor no se puede hacer eso Isaac, simplemente, no se puede!…

– Uno puede hacer todo lo que quiera con su vida amorosa.

– Sí, pero no intentar llevar al otro a actuar según esa rigidez establecida. Además el cortejo es una materia común a los implicados, ambos deben entregarse al arte de enamorar al otro, el juego de la seducción debe seguir su curso, como el agua del río que fluye, ahí reside la belleza de los encuentros. Justo en este proceso inicial es dónde no deben existir papeles predeterminados, el factor sorpresa y la capacidad de mantenerlo puede desembocar en una pasión vehemente, capaz de perturbar la razón y exacerbar el deseo, un sentir sublime al que por no estar acostumbrados tememos, ¡qué idiotas somos!… Pero todo esto es sólo fruto del factor sorpresa y de la capacidad de ambos para mantener con gracia esos juegos amorosos y seductores.

Él me miraba en silencio. Estaba profundamente enamorado, pero sus normas eran inviolables y  ni su alma tenía permiso para proceder. Yo sentada en el banco del paseo apuraba mi cigarrillo, profundamente enamorada sabía que la magia inexistente por las circunstancias nunca me permitiría alcanzar sus labios, no había ni el menor resquicio de encanto, ni el necesario para acercarme a él, mirarle, prescindir del tiempo y el espacio y besarle. No había dosis ni para poder continuar con pequeños, suaves y lentos besos exploradores. No había nada, aunque en el fondo y contradictoriamente, nunca había sentido tanto ni de ese modo por un hombre.

Vivimos o creemos hacerlo, sin embargo hasta que no somos capaces de despojarnos del corsé de tantas normas impuestas o auto-impuestas, no podemos alcanzar esa sensación de libertad, esa liberación que da el decidir seguir el curso de los sentimientos y las emociones, y además ese actuar en consecuencia, sin la predeterminación impuesta o auto-impuesta. Es como respirar profundamente con los ojos cerrados y al abrirlos y expulsar el aire, saber que vas a hacer justo lo que te apetece hacer. Ni más ni menos, justamente eso…

En cuanto a sus normas, no pienso pronunciarme ni tampoco mencionarlas, de mis cambios hablaré menos todavía, ¡cambié, claro que sí!, pero, ¿cómo no iba a  hacerlo?…

Sofya Keer

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En crimen y castigo Dostoyevski dijo que los verdaderos grandes hombres deben experimentar una gran tristeza en este mundo. Yo lo hago extensivo al género femenino y además le añado música indie…

La pista está llena, un tema tras otro se suceden. Es música indie, ese tipo de música independiente a diferentes géneros o corrientes por distintos motivos que no vienen a cuento, pero que si no hay rock yo bailo encantada y de manera incansable hasta el amanecer, si es que amanece. Es un género no ligado a circuitos de mercado musical, con vocación artística y bla bla blá,  bla bla blá, bla bla, blá… Me gusta mucho y me dejo llevar, me pierdo en mi mundo, yo bailo en medio de la pista cuando está muy llena, y lo hago para aislarme… No hay nadie realmente, es como si estuviera sola, de hecho estoy sola… Mi cuerpo se mueve al ritmo de la música, está educado en el ritmo, siempre me gustó bailar, expresarme con mi cuerpo, moverme y moverlo al ritmo… Al de la música de la discoteca o el pub, al ritmo del ruido que cada día suena en mi mente y nadie más puede escuchar, al ritmo de mi instinto cuando se desatan mis pasiones, siempre al ritmo, porque es un juego perverso que me pone contra las cuerdas, es mi particular reto que me compromete, que me hace encontrar los papeles, mis papeles, porque yo no los pierdo si bailo al ritmo de la música, ni tampoco si lo hago al ritmo de mis instintos o pasiones, por que las mías no son bajas, son tan altas como el volumen de la música que ahora mismo está sonando. Bailando pienso en los pros y contras, en el antes y el después, pienso en qué hubiera podido ocurrir, en el cómo ocurrió, en el cuándo decidí que ocurriese, pienso en porqué tuvo que pasar y entonces río mientras le doy un trago a mi cerveza, y no dejo de bailar, no puedo dejar de hacerlo, me niego a perder el ritmo, bailando me pongo contra las cuerdas, y el ring tiene luces de colores con humo y música indie a todo volumen, tan alto como la bola de espejos en el centro de la pista, tanto como mis pasiones, que no son bajas porque nacen de mi mente y en su trayecto por mi cuerpo se transforman en deseos y entonces, salen y explotan al ritmo… A mi ritmo, y esa en definitiva soy yo, ésos son mis papeles, ésos mis roles.

Bailando recuerdo, pienso, me libero y me concibo. Y un tema es una historia pasada, otro una historia sin empezar, otro una que no será nada o tal vez una que está por llegar. Varios chicos se han acercado a lo largo de la noche con intentos fallidos, incluso para conversar. No quiero hablar con nadie ni tampoco quiero un puto plan para un revolcón, sólo quiero y necesito bailar toda la noche hasta que amanezca. Mis amigas andan por ahí, con sus líos, bebiendo, respetando mi plan sabático, porque hoy sólo quiero bailar y beber, de hecho sólo cuando es  mi ronda me acerco a la barra, pido lo de las chicas, mi cerveza, pago y sigo bailando. Los turnos se suceden toda la noche y ellas me buscan y me dan mi bebida mientras yo sigo al ritmo de la música.

Bailando me aflojo, me relajo y mis pensamientos se aflojan y se relajan conmigo… Entonces pienso que no me gusta sentirme sentimental, es una parsimonia amarga que no me suele parecer pertinente. Por ello me trabajo muy a fondo mis mecanismos de defensa. Así que es bastante probable que ante una ruptura sentimental o de pareja, mi despedida sea un elogio al olvido en toda regla… No me gusta la cosmovisión moral, boba y generalizada, es un bodrio hoscoso que me parece dramático y me provoca además una sensación de desamparo que ya no procede a estas alturas de mi vida. Otro trago de cerveza y una sonrisa, siento el nivel de alcohol invadiendo mi metabolismo, todo es fácil, me aíslo más, llevo el ritmo en mis venas etílicas y trasnochadas… No me gustan los recuerdos que actúan a modo de afrodisíaco, porque evocan el frenesí del amor, o al santo grial, o a una lectura catártica que es más bien de psicología positiva, no me convencen ya porque  son el pretexto vago de… De algo que no quiero nombrar…Voy muy borracha y sigo el ritmo de la música porque estoy sola, cuanta más gente me rodea más sola me siento, y esto es así desde mi más tierna infancia y así es como me gusta que sea… Pienso que tengo dudas acerca de si me entrego  más al baile que a mi propia existencia mientras suena Lonely boy de la banda the black keys, que por cierto, dicen que es rock oblicuo y a mí me enloquece la sola idea de la oblicuidad… Le doy mi cerveza a un chico que hay al lado, él sabe que se trata de un momento, subo mis brazos envuelta entre el humo, miro hacia las luces del techo y mis caderas se mantienen a raya y se cobijan en mi ritmo mantenido y distante. Bailo sola en mi soledad pensando en que aprovechaba cuando mi madre cortaba cebolla para llorar, porque para nadie había motivos y para mí éstos sobraban, así que la cebolla era ideal para no escuchar reproches ni incomprensión, todos los días preguntaba lo mismo: “¿qué hay para comer?, ¿lleva cebolla?”… Termina el tema, el chico  me sonríe y me da el botellín, había dejado de bailar para sujetar mi cerveza y en la otra mano su copa, parece galante, pero en el fondo lo que le ocurre es que tiene ese defecto del género masculino, la arritmia musical, y tener ambas manos ocupadas le ha venido estupendamente. Intenta seducirme diciendo que bailo muy bien, pero no funciona, hoy sólo quiero bailar y beber, además sé que hay cierto nivel en mis ritmos, no necesito el aplauso ajeno… De momento voy borracha y no pienso parar de bailar hasta que amanezca, si es que amanece, pues lo mismo hoy se cumple la profecía de Nostradamus o la de los Mayas, o ninguna porque definitivamente ya tiene que ocurrir de una puñetera vez… En cualquier caso si es hoy, me pillará bailando y caeré fulminada como la torre, así que caeré bailando.

Alguna de las chicas ha decidido que me invita a un ron con coca-cola, ¡vamos! ¿Es que la cerveza es demasiado vulgar para una mujer que piensa bailar hasta caer fulminada al amanecer?, insisto, si es que amanece… Le doy un par de tragos y me enfado tanto que salgo de la discoteca corriendo como una descerebrada, le doy un manotazo al “machaca” de la puerta para que me deje el paso libre y pasándome su autoridad por alto, saco mi copa a la calle, entonces, vacío el vaso de todo su contenido, porque recuerdo que mi último ron con cola fue hace mucho tiempo, cuando tú me dijiste que mi tristeza perenne era lo que más odiabas de mí. Entonces recuerdo que salí corriendo del pub, se leía la tristeza en mi rostro y  mientras me alejaba el viento hinchaba mi abrigo, recuerdo que me fui pensando…

El portero me coge de un brazo y me dice que no puedo salir con mi copa a la calle, voy muy borracha, de otro manotazo le aparto y le digo que no me toque, dentro se escucha Somebody told me del grupo The Killers, el tema con el que nos conocimos, más música indie.

Salgo corriendo, mis amigas me llaman  a gritos, la tristeza se lee en mi rostro y mientras me alejo el viento y mis pensamientos me recuerdan a ti, pues mi falda es demasiado estrecha y corta para que la hinche y mi cabeza nunca puede parar de pensar. Voy tan borracha que ya no me importa que haya o no amanecer, y por si fuera poco, ya no sé si quiero o necesito bailar hasta entonces, lo que no me plantea duda alguna es mi imperiosa necesidad de caer fulminada ya, aquí y ahora.  Y sigo pensando que… En crimen y castigo, Dostoyevski dijo que los verdaderos grandes hombres deben experimentar una gran tristeza en este mundo… Yo lo hago extensivo al género femenino y además le añado música indie…

Sofya Keer

En crimen y castigo...