Harakiri mental

Hoy he tenido un sueño desasosegante y por ello he amanecido escéptica, desquiciada, y si cabe, con más luchas y desvaríos en mi mente. No juego a pensar en si será o no premonitorio, sería un acto abominable del que no quiero responsabilizarme. Yo quiero actos cultos y hermosos, como se desean los hijos… Hermosos y cultos. Además, lo que se necesita para vivir es candor pues es ley de vida el hecho de que jugar contra nosotros mismos es detener nuestra felicidad, y en el fondo a nuestros bailes siempre le suceden nuestros descansos. Debería descansar pues.

En el sueño, manipulaciones oscuras e impulsos opuestos con juegos cerebrales en los que los astros no eran benévolos, me han llevado a un punto en el que en contra de mis intenciones no pugné con las posibilidades, así que exhausta opté por romper procesos. Pero no voy cometer el acto abominable de pensar que es premonitorio, sería ir contra mí misma, sería detener mi felicidad y flaco favor sería ese cuando ya poco creo en ella. No lo haré, voy a dejar ir los pensamientos y distraeré mis emociones.

Lo cierto es que ya desde los catorce años era una anticuada. Mi vida era un elogio a la lentitud en el que yo pausaba adrede, con alevosía y nocturnidad la inmediatez de los ritos de crecimiento. Supongo que por miedo a crecer. Sí, era un miedo atroz, el mismo terror que me da reconocerlo. Y todo era miedo a la muerte por creer que a más edad más cerca de ella me situaba. Tenía relaciones ilógicas con las cosas y con las personas, conexiones impensables en las que adoraba objetos y odiaba sin piedad a personas. Esto me generó traumas a los que me he adaptado perfectamente, porque perder la esperanza es necesario para mí, yo no puedo mantenerla siempre intacta flotando en el aire en forma de castillos de color verde intenso y bajo el lema de verde que te quiero verde o alegando que ella es lo último que debe perderse, esto siempre ha sido para mí una carga insostenible e insoportable, algo inasumible, por eso pierdo la esperanza con la misma facilidad que a los amores.

Y no sé si esto me preocupa más o menos que mi sueño, tampoco sé si debo dejar mi descanso y reiniciar mis bailes, aunque tal vez no estaba descansando, empiezo a no tener claro si prefiero un acto abominable como esas personas que odiaba o por el contrario otros hermosos y cultos como esos objetos que adoraba y eran libros. No sé si esta técnica del harakiri emocional renovará mi equilibrio, pero es que no sé si alguna vez estuve equilibrada o si mi equilibrio es diferente al del resto de personas odiosas que habitan este mundo abominable y hermoso, que no culto.

No sé si mi sueño es premonitorio o si mi realidad es un anticipo de ese sueño, sólo sé que si sueño con tu muerte, morirás, más no hay esperanza en la muerte cuando no crees en otras vidas. Así que en ese punto deberías elegir entre las dos opciones posibles:

¿Qué prefieres, tus bailes o tus descansos?, yo sólo puedo decirte que si sueño con tu muerte, morirás. En cuanto a mí y a mi sueño… Pues sinceramente,  ya no sé si bailar o descansar.

Sofya Keer

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Pequeñas verdades: El plan B

Terminamos de cenar… Fuimos a mi casa. A mi biblioteca, y ese día empezamos a leer “El Quijote” juntos. Capítulo a capítulo en mi cama, cada vez que volvía a mí leíamos uno, y además alternábamos para leerlos en voz alta. Ese era el esquema, juntos en mi cama, capítulo a capítulo siempre que volvía a mí. Y como era el libro original, leímos los 52 de la primera parte pasamos a los 74 capítulos de la segunda, y como leímos los 126 juntos cada vez que volvía, pasé al plan B… Y entonces, entonces irremediablemente perdió la cabeza por mí.

Un brindis cerró el trato, era el brindis de la adicción, de la infancia muerta, de la esperanza devastada, de la inmovilidad de la certeza, de las ausencias y sus tormentos. Era el brindis de la tristeza de lo nacido y de lo que no nace. Y con el brindis un deseo ebrio de fornicación sonámbula se quedó inmóvil en ese punto muerto, porque en mi plan B las lecturas eran ausentes, el sexo era ausente y además yo me ausenté.

Hay amores difíciles en los que la clave está en apuntar alto y en ese desafío que alimenta su vibración. No tengo la menor duda de que la creatividad en las artes amatorias debe ser un continuo flujo de inspiración y un insolente e ilimitado juego para regalar escalofríos. No debes perder de vista esas señales que te manda y ese entendimiento erótico a tu imagen y semejanza, pero que es sobre todo cambiante y alejado del empobrecido de las rutinas amorosas. Ahí está el infinito glamour y el auténtico sex appeal de las relaciones románticas. No en lo superficial ni en lo que se ve, está en la profundidad, en lo más hondo y frondoso de nuestro sentir. Y todo esto no lo tenía con ella después de veinte años de machacar al amor y destruir todas sus enclenques y sutiles construcciones. Por eso volvía a mí, por eso y porque mi construcción le hizo perder la cabeza. Tras esos 126 encuentros furtivos le dejé un sobre con una carta en la que fue mi casa durante esos espacios y de la que él tenía llave. En ella le decía que esa casa ya no era mía porque ya no la iba a alquilar nunca más. También le dije que no volvería a verme jamás porque me había ido del país. Cogí un autobús, después un barco y definitivamente un avión. Adoro esa sensación de huir o escapar con la certeza de que algo se va para siempre.

Fue delante del féretro de mi padre que lo vi todo claro. Yo haría con los hombres lo mismo que él hizo con mi madre y con dos mujeres más que me dieron dos hermanos, a los que tuve la suerte de conocer el día de su funeral, al que por cierto nuestras tres madres no asistieron porque él les había hecho perder sus cabezas huyendo y desapareciendo de sus vidas. Tres vidas, tres familias y tres cabezas femeninas rotas. Cuando descubrí lo de la prole dispersa de mi padre rompí a reír en el funeral y pedí que me abrieran la caja de pino. Era guapísimo, incluso frío y amarillo su rostro simétrico era hermoso. Pasé dos días con mis hermanos en Florencia que era donde la muerte le sorprendió y donde residía con la cuarta candidata que lloraba desconsolada ignorando la pequeña verdad del plan B de papá. De vez en cuando miraba al suelo en actitud cavilante aunque por su cabeza nunca pasaría la pequeña verdad del sabio amortajado. Cuando nos confirmaron que de ella no teníamos hermanos salimos de borrachera y bailamos hasta el amanecer, decidimos brindar por él y también por nuestras pobres madres. Los tres heredamos de su genética el gusto por el arte, mi hermano mayor era escultor, mi hermana pequeña tocaba el piano, y a mí que caí en medio de ambos, me tocó la filología y la escritura. Él era un gran filólogo de literatura antigua. Un hombre interesante cuya mente y sentir devastados eran oscuros y obtusos, y desde luego siendo mujer, lo peor que te podía ocurrir era enamorarte de él porque siempre acabarías perdiendo la cabeza por su ausencia provocada e intencionada. Y es que esa sensación de huir o escapar con la certeza de que algo se va para siempre es adictiva. Doy fe de ello y de que sellarla con un brindis es adictivo igualmente, como el “Chinchín” de las copas y el encuentro de esas miradas que jamás volverán a encontrarse.

Así que una vez descubierta mi carta en ese piso que ya no era mío, él me mandó infinidad de mensajes al móvil. Y pueden pasar años y sigo recibiendo mensajes de esos hombres que van perdiendo la cabeza por mí. Ese teléfono está lleno de registros alocados de todos ellos, palabras de odio, desamor y locura que leo a ratos en los descansos de la vida tan ajetreada que llevo alrededor del mundo. Y no contesto a ninguno de ellos, como hacen los morosos cuando les reclamas lo que les ha dejado y es tuyo. Y ellos siguen ofuscados, y aparecen y desaparecen como el río Guadiana, pero por mucho tiempo que pase no caigo en el olvido, tarde o temprano vuelven a recordarme y recibo sus mensajes impotentes y desesperados, incluso algunos sensuales y sexuales pese a mi ausencia intencionada y definitiva. Todos son leídos con su doble click azul reglamentario y ninguno obtiene respuesta, ellos sólo necesitan saber que los leo y que estoy viva, esa es la pequeña verdad del plan B, que no estoy, pero estoy viva. Mi conciencia está en su sitio, porque yo no les dejo hijos, no puedo ser madre, mi mente está devastada, es oscura y obtusa, no estaría bien.

Cuando introdujeron el ataúd en el nicho lloré porque por primera vez en mi vida entendí qué era lo que iba a hacer hasta mi último día, y lo supe gracias a él. Yo quiero que todo el mundo hable bien de mí. No escuché a nadie en el funeral hablar mal de mi padre. Todos los asistentes a su despedida formaban parte del teatro de su presente, su pasado había muerto y su futuro ya también. Era perfecto, todos hablaban bien de él y mis hermanos y yo callamos porque no era el momento, ya no procedía que el pasado irrumpiera y menos en ese momento mortal.

Yo le estoy agradecida porque me dio la vida, y en concreto, le debo la vida que llevo. Le estoy agradecida aunque mi madre ya no me habla porque dice que soy como él, más no por la simetría y la belleza de mi rostro, sino por mi mente devastada y mi sentir oscuro y obtuso.

Sofya Keer

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Correr …

Corro para que mi mente se olvide. En el trayecto recorrido senderos cristalinos pisoteados y adormecidos me recuerdan que otros muchos corren a diario como yo. Son carreras locas de huidas para que nuestras mentes se olviden, y aunque con cierto grado de preocupación, nos permitimos el lujo de hacerle un hueco al sentido del humor para intentar sanar un poco por dentro. Y en el fondo es eso, sólo un intento…Fallido y vacío.

Y ver los jardines cortados al paso y la destrucción de tantas historias. Millones de ellas se destruyen a diario. Correr con el carburante de mis cavilaciones profundas y con la fuente ilícita del auto-engaño, para que lágrimas de cansancio por la carrera, por el germen de lo que soy y por el triunfo de la vulgaridad me empapen y caigan sobre mí. Y yo empapada de su mar salado… Fallida y vacía.

A la mañana siguiente convencerme de que no tengo tiempo para volver a correr, porque en el fondo no quiero que mi mente se olvide de ciertas cosas, porque no quiero huir, porque deseo esa preocupación burda y a pelo, sin sentido del humor, porque no quiero sanar por dentro y además acepto la destrucción de mi historia y la de todos los seres egoístas y hedonistas del mundo.

Porque además también sé que no siempre es saludable profundizar.

Y de nuevo lágrimas de cansancio, pero no por la carrera pues hoy no he querido tener tiempo para correr, sino porque sé que la realidad es que no hay tiempo. Leí a Honoré de Balzac y me quedé con su teoría de que la habilidad para ocultar la grandeza de los sentimientos es indicio de una inmensa superioridad. Por eso corro, por eso yo soy superior pese a mis miedos, pese a mis dudas absurdas o a las revelaciones que nunca llegan, pese a los acontecimientos tumultuosos en mi vida, pese al poliamor desgastado y a los claroscuros de mi persona. Soy superior por mi profundo sentido de la justicia, pese a mi injusta auto-exigencia. Soy humana y esa es mi especie, la llamada superior, la que es hábil para ocultar la grandeza de los sentimientos… Inmensamente superior e inmensamente fallida y vacía.

Y aunque sin conciencia correr es un monólogo largo, complejo e insólito, un trayecto mental transformador, casi alucinatorio, que aunque es, está y parece en nuestra atmósfera cotidiana, provoca sensaciones intensas. Correr… Eso es, correr y correr.

Yo corro, tú corres, él corre, nosotros corremos, vosotros corréis y ellos corren… Y todo, para que nuestras mentes olviden con esas  carreras locas de huidas, todo, hasta que al final se corra ese tupido velo negro que yo prefiero de encaje, y entonces…

Entonces daremos todo por fallido y vacío. Entonces seguiremos siendo inmensamente superiores.

Sofya Keer

Correr

Heráclito de Éfeso es mi ídolo

Monólogo en voz alta ante el hombre que no se conoce a sí mismo. Y él escuchándolo:

“Tengo un ídolo desde mi adolescencia. No es de estructura ósea metrosexual, pero a mí me pone en órbita porque me tomo muy en serio todo lo que decía. Sí, he dicho decía porque él ya no está, pero dijo que “a todo hombre le es concedido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente”.

Su nombre era Heráclito de Éfeso, y esta cita suya desde el instante mágico en que la leí aun siendo muy joven, decidí que iba a ser mi objetivo de vida. Lo cierto es que en el camino se han cruzado otros, pero ninguno ha estado a su altura. Él brilla en la lejanía con luz propia y con él brillo yo por hacerle tanto caso.

La cuestión es que todavía no he aprendido a meditar sabiamente pero sí me conozco muy bien, y por ello sé que pasaremos en mitad de la noche y ya no nos miraremos, no nos reconoceremos. Hay una cosa que me sobrepasa, el hecho de ver algo hermoso, la belleza de un sentimiento o de una emoción me supera, porque es así como mi ego desaparece y eso no puedo soportarlo. Recuerda, no nos miraremos, no nos reconoceremos ya nunca más.

No podría soportar una herida narcisista tan monstruosa y desmedida.

Sé que aunque lo odies me muestro distante, yo desde la distancia divago mucho mejor, pero es que mi alma no está para esfuerzos, podría ser un manicomio, una pocilga, incluso parecerse a un jodido forúnculo, pero jamás podría parecer en este preciso instante un alma… ¡Además el absurdo de oír mi respiración junto a la sensación de no poder respirar!… Pero la complicación insospechada surge cuando resulta que no puede serte ajeno lo que está ocurriendo, es tuyo, y te pertenece aunque a ti no te lo parezca. Son las reglas, la cosa es así. Intentaste tenerme en tus manos en la grisura de los días que pasan lentos, en ese ambiente enrarecido y espeso. Por todo ello adivino que ahora toca resurgir de las cenizas de la niebla, sin ningún tipo de pudor, ni siquiera acepto un pudor de esos profundos que todos guardamos celosamente, de esos que nadie sospecha pero que te reconcome hasta el tuétano. Y además resurgir siempre implica esfuerzo. Y es que mi alma no está para esfuerzos, ¿te lo había dicho ya verdad?”…

– Dame fuego por favor…

(Él la observaba atento y en silencio absoluto, pero necesitaba fumar)

“Hoy estoy burda y lo veo claro, si estuviera espiritual lo visualizaría, eso es claramente diferente. Pero la diferencia hoy la marcará un baño caliente que voy a darme en llegar a casa, esclava de mi capricho y deseosa de que mi sorpresa deje ya de ir en aumento. Algo que ya se me hace insoportable, porque tus sorpresas me hacen desdichada. Voy a ahogar en mi bañera nuestros destiempos, nuestros ritmos arrítmicos, nuestros versos leídos juntos cada noche antes de dormirnos. Voy a hacerlo. Nada ni nadie podrá pararme porque me conozco a mí misma tan bien que sé que si me dejas sola en un tiempo aprenderé a meditar sabiamente. Y esa es la otra parte mi objetivo. Te quise pero no te amé, y si lo hubiera hecho nunca hubieras sido mi ídolo. Pero eso ahora no es importante, la importancia de lo que nos ha ocurrido reside en que tu ídolo no era él, ni tu objetivo de vida ese, y al no conocerte a ti mismo bien, no has estado a la altura. Eso es lo más importante y lo más grave, que no sabes quién eres.”

Monólogo del hombre que no se conoce a sí mismo:

Se aleja ante mí, ¿se marcha definitivamente?… ¿Hablará en serio?… ¿No me conozco a mí mismo?… ¿Cómo lo sabe ella?… Y, ¿cómo lo sé yo?… ¿Lo llegaré a saber?…

Sofya Keer

Heráclito de Efeso es mi ídolo

Cualquier mujer no sueña con ser una fulana de aquellas de Montmartre

Había soñado con ser una de esas fulanas de Montmartre, pero se quedó en un club de carretera de por vida y muerta de la risa, apurando su segunda copa, me dijo:

– ¿A qué esperas, a que un gran guacamayo de dimensiones extraordinarias y plumaje  irreal te diga cuál es el secreto de la vida?…

Rompí a reír con su ocurrencia divertida y vil. Estábamos de vacaciones por las selvas mejicanas y pese a lo maravillosos que eran aquellos ejemplares de los que ella hablaba, enseguida entendí que ella sí era todo un ejemplar de mujer.

Nos conocimos en el hotel, ambas viajábamos solas para intentar aclarar y desconectar nuestras cabezas. Nuestras mentes conectaron rápidamente pese a la diferencia de edad, y lejos de aclararlas pasamos unos días etílicos estupendos en los que compartimos charlas muy interesantes, que nos alegraron las almas y nos hicieron perder la compostura, bailando y riendo hasta el extremo del cansancio más extenuante de nuestras vidas… No, no exagero.

Sus conversaciones me embelesaban mientras charlando pasábamos las horas muertas de un Caribe empapado en alcohol:

– La primera vez que ves un cadáver es vital, no mortal. Yo desde entonces sé que me quedé tarada.

Yo no podía parar de reír… Era una deslenguada exquisita…

– ¡En serio, no te rías como una loca!… Yo sé que desde que vi a mi tía Aurora muerta algo en mi cabeza se disparó. Sé que por ello mi vida ha sido una existencia de decadencia, pero cuidado, una decadencia muy trabajada a base de sarcasmo y ahínco. Cierto es que recibí una educación pobre, pero… Jajaja …

Yo reía al verla reír y no poder finalizar la frase en condiciones…

– Ay… ¡Pues eso!, que recibí una educación muy pobre porque mis padres eran pobres de todo, de solemnidad, de espíritu y también económicamente claro… Jajaja…

– Si sigues riéndote de esa manera no te tomaré en serio.

– Jajaja… ¡Pues tú misma!, todo lo que te cuento es cierto, es la pura verdad, pero la happy hour se alarga demasiado en este jodido complejo hotelero… Jajaja…

– Está bien. Te creo. Ahora es mi turno.

Ella me miraba intentando con gran esfuerzo ponerse seria.

– ¿Sabes qué es lo que hizo que se disparara algo en mi cabeza?, y te doy una pista, no fue cuando vi por primera vez un muerto…

– Escucho con atención…

– Pues verás, además sigo haciéndolo, imaginarme a la gente en la cama…

– ¿Qué coño estás diciendo?… Jajaja…

– Lo que oyes. Tal cual…

– ¡Esto es grave!, ¿te has quedado tarada para siempre por pensar esas mierdas?… Jajaja….

– Sí… Jajaja…

– ¿Y qué es lo que imaginas?, si puede saberse…

– Bueno, ellos y ellas son los que me inspiran. Así que a veces pienso cosas picantes y soeces, otras son picantes pero elegantes… En ocasiones son cosas más horribles, mugrientas y ¿arrugadas? … Jajaja….

– Jajaja….

Fueron unos días realmente maravillosos hasta que la última noche, la que soñó con ser una fulana de aquellas de Montmartre se mostró más seria de lo acostumbrado:

– La edad es un grado. Soy cínica y sabia. Y por eso mismo estoy triste y agotada. Y te estoy hablando de una tristeza infinita. Y también es cierto que estoy algo tarada pero relacionarme toda la vida con hombres impostores ha sido crucial.

Esto lo dijo con un tono cortante y casi sepulcral. Con gran fortaleza continuó…

– He pasado mucho tiempo dominada por el pánico. Un pánico atroz a relacionarme con el mundo, un miedo escénico vital que me daba por culo siempre en el backstage de la vida misma. Ser una fulana no es cualquier cosa y tampoco eres una cualquiera. El sexo vacío no es un sexo cualquiera. Es un sexo triste y crucial…

Hace dos años que la conocí y coincidimos en aquellas vacaciones tan especiales para ambas. Hace tres meses que no responde a mis mensajes. Sé que le ha ocurrido algo, nuestras comunicaciones eran fluidas y casi constantes desde que nos conocimos. Ahora que voy camino de otro destino vacacional y la tripulación nos acaba de avisar para que abrochemos nuestros cinturones por las turbulencias, la he recordado, porque con ella había que abrocharse siempre el cinturón para no caerse y para caer en la cuenta de muchas cosas. Podrá parecer una tontería o simplemente palabras vacías, sin embargo sé que la quise cuando la conocí, la quiero ahora y la querré aunque ya no esté, porque ella no era una cualquiera… Cualquier mujer no habría soñado con ser una fulana de aquellas de Montmartre.

Sofya Keer

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Aclarándote los conceptos

La dignidad es inviolable. Al orgullo hay que violarlo y follárselo  a veces para estar a la altura. Pero la altura da vértigo y nos deja vulnerables, y la vulnerabilidad es un lujo que no merecemos, y menos del otro. Porque cuando alguien te muestra su vulnerabilidad eso es un lujo, no es debilidad, no es lasitud, pensar eso es quedarse con el veneno de las cosas… ¡Créeme!, y el veneno es nocivo para la salud, provoca daños mentales y también morales, el veneno tiene el poder nefasto de frenar la acción de nuestros catalizadores, y la expresión de la vulnerabilidad es una muestra de amor y de confianza, es un catalizador que favorece el proceso o el desarrollo de las relaciones.

Es que ya no sé cómo decírtelo. Dame un tiempo, el justo para el ajuste, el necesario para reajustarme. Hay algo desconcertante en esta historia, como en un amor molesto, como en una prueba de paciencia… Dame un tiempo para mirar las montañas y que mi mente descanse de su particular vorágine, que mi mirada clavada, distante e inmóvil me lleve a conectar con algo impreciso en otro lugar lejano, necesito que ese lugar esté muy lejos de aquí, de nosotros… De ti… Y así, callada, mientras mi mente descansa observando los montes poder vislumbrar en mi horizonte una preñez de posibilidades para afrontar este cúmulo de dificultades.

Necesito prudencia, ternura e implicación y sobre todo quiero una revelación ante mi ser, nítida, clara y contundente, y no tener que beber para olvidar. Necesito la sensación del claustro materno, donde anidan la incondicionalidad y los afectos, no sólo en la teoría sino también en su práctica. No quiero  obstinaciones aberrantes, ni ademanes amenazadores, no necesito estados de alerta ni dejar el amor por imposible, no puedo vivir con esta incredulidad, ni con la desapacible voz de la sumisión, menos aún con sus terroríficos ecos.

¿Lo tuyo es provocación o es ironía?, creo que pasaste del encuentro sexual al amor demasiado rápido. Es desasosegante, no sé qué ideas tenéis los hombres, pero a las mujeres nos gusta también el sexo y la intensidad de lo fugaz. Me dejé arrastrar por las sensaciones, tu pulsión amorosa no es más que una sensación simple y fatal, ¿lo sabías?… Tal vez esto que te digo es sólo la lógica de mi desatada imaginación, o tal vez es que así siento menos muerta mi vida, pero lo cierto es que en esta mortecina hora lo que realmente me duele es ver los lirios deshojados, ¡maldita sea!… Me dejé llevar por tu pulsión amorosa… ¡Qué idiota he sido!…

No quiero argumentos inconsistentes porque no se sostienen, porque se alejan de la lógica formal, además estoy fuerte y rápidamente diseñaré mis contraargumentos para refutarlos… Si tu afirmas yo niego, si tú niegas yo afirmo, si tu depuras los sentimientos yo ensuciaré mi mente de manera persistente y repetitiva.

Hoy ya sé que soy un conglomerado de personalidades, yo sólo buscaba sexo y me dejé arrastrar por el sentimiento amoroso, me niego a odiar la soledad porque eso sería odiarme a mí misma, y ya siento el viento en mi rostro mientras me precipito por este vacío, y el zumbido en mis oídos por la caída es como una voz que repetidamente me dice que la gente odia a los solitarios, pero no puedo más, necesito volver a mis anhelos y dejarte a ti que me has situado en las antípodas de mi sentir.

Dame un tiempo porque quiero ser digna y follarme mi orgullo con otro que merezca el lujo de mi vulnerabilidad, alguien que valore las alturas y su vértigo, alguien que sepa cuidar los lirios porque lo cierto es que lo que más me entristece de todo esto es verlos deshojados. Dame un tiempo y luego volveré, pero ya sabes que sólo estoy hablando del encuentro sexual. Ya no te amaré ni te mostraré mi vulnerabilidad porque no has sabido apreciarla ni apreciarme. Dame un tiempo, sé que volveré y te voy a decir por qué, no ha habido ni habrá nadie como tú entre mis sábanas, y para disfrutar del sexo y de la intensidad de lo fugaz volveré. Solamente por eso lo haré. Mientras, aprende a cuidar los lirios porque es lo único que será igual, me seguirá entristeciendo verlos deshojados, y el sexo conmigo si estoy triste no es lo mismo. Ya lo sabes… Porque…

¿Tú sabes cuánto tiempo llevo así de triste, verdad ?…

Sofya Keer

aclarándote los conceptos

 

Mirando cornisas desde un manicomio

Sal de mi cabeza, te lo pido por favor… Cierro los ojos para dormir, y si me duermo, siempre intento perderme y si me pierdo en mis sueños anhelo el sueño eterno. No me resulta fácil olvidar ciertos detalles, por ser bellos y anodinos, como por ejemplo que me volvía loca tu pinta de traficante de armas, o cuando hablábamos largas horas y me hacías volver a la realidad con frases como: “pocos medios pocos problemas resuelven”, tampoco puedo olvidar cuando en la calle mientras hablabas con algún vecino te aproximabas a mí pidiendo disculpas por la interrupción de la charla y sonriendo  me susurrabas: “ Sube a casa y espérame casi desnuda en el sofá”, lo hacías con un tono agresivo y territorial fingido que me provocaba un tremendo y excitante escalofrío que recorría mi cuerpo entero… Desde mi atolondrada cabeza hasta mis pies que ya levitaban por tu insinuación en ese “casi desnuda” que tus labios pronunciaban susurrando… Adorabas el brillo de labios con olor a fresa que me ponía a diario y te acercabas contoneándote para lamerlo y comértelo con sensuales bocados en mi labio inferior, recuerdo cómo después decías: “Por favor, vuelve a ponerte esa mierda tan sensual en tu boca… Hazlo, por favor” …

Y por favor te lo pido, no estoy acostumbrada a rogar, sal de mi cabeza con esos eternos porqués, con mi culpa como bandera, con nuestros excesos inútiles ya… Recuerdo cuando me dejabas hablar y hablar sin parar, sin interrupciones, algo muy poco caballeroso de tu parte. Te mostrabas distante y distraído para que mi enfado alcanzase cotas insospechadas, entonces me cogías en brazos me llevabas a la cama, me desnudabas, te desnudabas y ya no había tiempo… No había espacio… Yo flotaba, y tú lo hacías conmigo.

Ahora todo es tan normal, es como mirar cornisas desde un manicomio. No puedo olvidar tu mirada lasciva y tierna a la vez, algo maravilloso que te convertía en el hombre que todo lo hacía bien. Y yo estoy haciendo un gran esfuerzo apartada de ti, con la puerta de casa como frontera y con una congoja infinita que me desborda en esta extraña soledad. A ratos una música imaginaria en mi cabeza me distrae del silencio y con afán de burla me lleva a ese punto fijo en la nada en el que mi mirada se centra hasta que mares y mares de lágrimas me salvan de mi particular naufragio mental. Ya lo ves, no te exagero, es todo tan normal como mirar cornisas desde un manicomio, ¿quién iba a sospechar de alguien que desde un frenopático pasara las horas muertas mirando las cornisas de la tremenda construcción psiquiátrica?, nadie sospecharía, todo el mundo lo vería normal… Tan normal…

Nuestra intensidad se disparaba y apuntaba maneras, y el tiro era certero y la diana no fallaba, la diana siempre era yo, tu centro era yo y apuntabas y me dabas y yo caía rendida…Y no fallabas… Y no fallaba, nuestra intensidad nunca fallaba.

La pregunta que no puedo dejar de hacerme es : ¿Qué es lo que falló?…

Sofya Keer

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