A que no? …

Dejarme llevar por la ira no es la idea aunque son muchas las veces en las que tengo pensamientos que no me llevan al sitio anhelado, así que esto no me deja perpleja, sin embargo una extraña asociación de ideas me lleva a pensar que desde una azotea se pueden cerrar muchos asuntos inconclusos. Esto es algo interesante porque tengo muy claro que hay que cerrar para abrir, además el encanto de una azotea puede resultar  sobrecogedor e impactante. Lo mismo que yo puedo parecer hueca y opaca. Lo mismo que el sentido se acaba convirtiendo en sinsentido.

Desde tanta altura todo es tan minúsculo que resulta ridículo, puedo permitirme el lujo de vivir ajena al escándalo que hay abajo, pero no al estómago  porque miro y una sensación vertiginosa me invade, siento miedo, un horror indescriptible que sin embargo lo prefiero a las mariposas, ¡no quiero ni las de colores exóticos, no las quiero ni regaladas, no las necesito!… Mi estómago está hecho a prueba de bomba porque como no me gusta mentir siempre opto por el silencio, y es tan bueno. El silencio es bueno para tantas cosas… Y aunque las tolera no las soporta ni las digiere bien… Sí, hablo de esa sensación de tener mariposas en el estómago que se asocia a determinada emoción o sentimiento, o como quiera llamarse, yo no soy una especialista en esta materia así que no puedo decir nada más.

Me llamo Aurora y no soy una mujer con pulsiones suicidas, siento más debilidad por  las masacres, se llevan más, incluso sueño con ellas. Tampoco dejaría una nota de suicidio, ¿si te quieres ir para qué establecer comunicación alguna?, sería un desperdicio de vínculo o un vínculo desperdiciado. Tampoco me compraría un reloj “28”, no necesito saber los días, las horas, los minutos ni los segundos que me restan, sé que soy mortal y esta información es más que suficiente para mí. Con este dato tan fundamental sé que si mi ataúd es introducido en el nicho y nadie me echa de menos habré malgastado mi vida. Lo que me preocupa en un sentido metafísico es que… A ver, ¿cómo explicarlo?… ¿Y si todo esto es mentira?, todo… Absolutamente todo… Mis movimientos repetitivos en la vida, tanto los armónicos como los desordenados, mis vibraciones, las buenas, las malas y las sensuales, mi trayectoria y mi crecimiento, los que dicen quererme y yo no siento su amor, los que no me dicen que me odian pero yo siento su odio, mi soledad perpetua, mis prismas y dimensiones incluidas las tremebundas. Mi insomnio, mis lágrimas, mis risas y mis carcajadas feroces, mis promesas de darlo todo y también cuando lo he dado todo por nada… Mi espesura y mis ligerezas, mi hostilidad y mis sensibilidades extremas, mi repugnancia indiscriminada y mi generosidad incondicional, mis veranos largos, tediosos y calurosos, o mis inviernos cortos, divertidos y fríos, mis meditaciones junto al hambre brutal de mi alma. Mi tristeza que no se va, que no quiere irse, que va y se queda… ¡Que se quedó para siempre!… ¿Y si todo es mentira?… Mis viajes… A Paris, Ámsterdam, Bruselas, Rotterdam, Sóller, China, México, Menorca Sicilia, Dinamarca, Brasil, Florencia… ¿Y si no he estado nunca en Japón?… Con lo que me gusta el sushi.

Me voy a morir aunque respete el falso mito de esperar dos horas para el baño tras la comida, aunque cuide mi nutrición y haga deporte, aunque quiera creer en los milagros caeré fulminada como la torre, y todo por el simple hecho de haber nacido. No hay milagros, moriré pese a haber sido una buena neonata, una adorable niña, una adolescente maravillosa y una joven amorosa, moriré pese a ser la mujer que soy, la mujer mortal en la que me he convertido con el paso del tiempo… Moriré igualmente.

Mirar hacia abajo desde un piso número veintiséis es toda una experiencia de vida o de muerte, según cómo se mire… Sé que también moriré pese a ser tan graciosa y hábil con el uso de las palabras.

Mirar hacia abajo no es lo mismo que hacerlo hacia arriba, sin embargo el reto real es mirar hacia adentro, porque dentro de uno mismo hay demasiado para destripar si tienes tripas o estómago. La primera vez que miré hacia mi fuero interno tuve la misma sensación que ahora desde esta azotea cuando lo hago hacia abajo. Vi enseguida el escándalo que desde esta altura ahora me es ajeno. Vi mi vida y mi muerte porque son las dos caras de una misma moneda… Curiosamente desde dentro me sentí más viva que muerta aunque al ver todo lo que pude ver deseé la muerte, pero en ese preciso instante morir no estaba en los planes que al nacer me dieron así que continué explorando, y así hasta ahora combatiendo con las dos caras de esa misma moneda.

Desde aquí el equilibrio ansiado pierde todo su sentido, la balanza ciega de la justicia se contonea retándome. No quiero perder de vista el motivo real por el que estoy aquí arriba mirando hacia adentro mientras miro hacia abajo, ¿dónde ubicar la locura, aquí en las alturas o allí abajo con la masa de viandantes ridículamente minúsculos?… ¿Dónde está el límite y por qué limitarla?…

Hace demasiado viento. Hay demasiada altura. Demasiadas dudas, demasiados pensamientos, demasiado de todo y sin embargo siento que es tan poco. Es por eso que estoy aquí, porque me gusta el viento, porque adoro mis dudas, amo mis pensamientos, es por eso que todo es nada para mí.

Hoy cumplo veintiséis años, uno por planta. No sé cómo enfocar mi vida, no sé cómo enfocarme en ella, no sé qué es el todo pero lo que sé es que no soporto verlo como la nada, así que nada como sentir el balanceo de mi cuerpo en esta cornisa para jugar con mi equilibrio o tal vez para jugármela. La vida es un juego y jugando moriré, pero no voy a pensar que sea ahora, no tiene porqué ocurrir, yo sólo necesito sentir el viento y que desequilibre mi cuerpo para equilibrar mi mente. Es sólo un juego. No tiene por qué ocurrir nada más. Cerraré los ojos y no ocurrirá nada más.

¿A que no?…

Sofya Keer

A qué no

 

 

 

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Bloqueados, del verbo bloquear

Hoy la vecina del tercero del bloque de enfrente lleva todo el día en la ventana soltando barbaridades en idiomas diferentes que no sabe hablar, cierto que yo tampoco, pero estoy hablando de ella, como todo el vecindario. Creo que por la época primaveral, el cambio del tiempo y la presión atmosférica, la dosis que debería haber tomado no ha sido ingerida adecuadamente, tal vez ni se la tomó. Dicen que es esquizofrénica, pero esta semana he leído un artículo muy interesante en el que estudiosos de la materia decían de la esquizofrenia que es una enfermedad inexistente. Así que yo me pregunto: ¿Cuántas cosas creemos que son y no son, cuántas que existen y son inexistentes?…

Cuando bajo a la calle desde su ventana me saluda a gritos y me cuenta o me pregunta cosas intrascendentes porque para ella la vida no tiene trascendencia. Cuando me despido porque mi existencia se expande más allá de las cuatro paredes que estoy pagando a una entidad bancaria que realmente me está robando, ella se mete y en breve sale a tender la ropa, siempre tiene ropa en las cuerdas, no sé si la lava o no pero siempre está tendiendo ropa en las cuerdas, quizás ese es su único contacto con el exterior porque al parecer vive sola. La llaman trastornada, descerebrada, pero para mí sólo es una mujer que no trasciende por la química que contiene su físico, aunque alguna noche cruel me han dado ganas de asomarme a la ventana y decir a gritos:

– ¡Joder, tómate las malditas pastillas ya!

Yo creo firmemente que todos tenemos paranoias, puras o contaminadas, perturbaciones mentales fijadas en una idea, que o son crónicas o persisten, con ser un ególatra, un narcisista o con tener una baja autoestima ya eres un candidato perfecto para sufrir este trastorno. Así que no sólo mi vecina está trastornada, yo tengo una paranoia… Soy hábil y tengo un talento especial para dar una apariencia de realidad a lo que mi mente concibe. Todo me sirve con tal de demostrar lo que tengo en mi espíritu, nada que se diga en contra me disuade ni me incomoda porque mi idea es firme y está arraigada en mi ser de ese modo. Un modo paranoide.

Descerebrarse es muy fácil, con ser torpe, estúpido o un ignorante ya eres considerado un descerebrado, así que no sólo mi vecina parece estar descerebrada. Yo cometo torpezas léxicas que en principio son graciosas pero me han puesto en algún que otro aprieto.

La intrascendencia desde mi punto de vista es el mayor logro del ser mortal, sin embargo yo no sé por qué me esfuerzo constantemente en trascender siendo consciente de mi mortalidad y de la intrascendencia que esto implica en mi vida. Eso es ego, es inconstancia, narcisismo, eso es una enfermedad existente de la existencia y de la que jamás ningún estudioso de la materia podrá decir que es inexistente, porque es, está y me hace parecer siéndolo. Soy y estoy trascendente, por eso lo parezco.

Tal vez ser un débil mental es un defecto involuntario a la par que extendido y el arte de la simulación nos mantiene a raya mientras existimos, sin embargo todos estamos enfermos, todos tenemos un tocado que a veces nos lleva al estado de hundido y otras nos mantiene en la superficie aunque a contracorriente. Siempre he captado una belleza insoportable en las enfermedades de la mente, insoportable porque las personas que las sufren están tan dentro de sí mismas y tan dedicadas a su enfermedad que hacen cosas, que ante mi mirada son realmente maravillosas.

Ella sigue ahí, gritando, todo el mundo corresponde a sus saludos, ella ríe y habla sin parar mientras tiende su ropa. Después se enciende un cigarrillo  detrás de otro y así pasa sus días… Hay gente que se los pasa bebiendo o consumiendo drogas que no puede pagarse, otras personas los pasan debiendo dinero a alguien que en su momento se portó demasiado bien con ellas, hay gente desagradecida, mentirosa y cruel con fetidez de aliento que pasa por las vidas ajenas dejando mal sabor de boca. Hay personas que no son lo que aparentan porque ni son humanas ni están a la altura aunque midan un metro noventa. Y todas estas y muchas más que enfermas no toman pastillas como sin embargo sí hace mi vecina, que tal vez las necesiten pero que tal vez no, pues tal vez sólo están bloqueadas… Y tal vez eso es lo que le ocurre a mi vecina del bloque de enfrente… Que está bloqueada.

En la vida cuando nos bloqueamos ya no somos, no estamos, no parecemos ni tan siquiera. En el mundo virtual ocurre lo mismo, cuando bloqueas a alguien es porque no quieres ningún contacto con esa persona, no quieres que te lea, ni que te siga, no quieres que sepa nada de tu vida ni de la vida de los tuyos… Igualmente con Whastapp… Esas personas bloqueadas no son, no están, ni tan siquiera parecen… Menudo día lleva, sigue gritando:

– ¡Cuidado, que esto es muy pequeño, aquí se sabe todo! Jajaja….Cuidado con lo que hacéis que al final todo se sabe!….¡Cuidado con las mentiras, porque tarde o temprano todo se sabrá!…

La otra tarde me dijo:

– Sé que tienes novio.

– ¿Ves?, si es que al final todo se acaba sabiendo… (Le contesté riendo)

Ella empezó a reír como una trastornada, o como una descerebrada, así como intrascendente. Yo me reí del mismo modo. Reímos juntas diferenciándonos en una sola cosa, en que ella toma pastillas para no sé qué y en que yo no sé porqué no las tomo.

Sofya Keer

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Por cierto, el pasado no existe pero sí es importante

Vuelve el pasado en forma de llamada telefónica. Tu teléfono no está silenciado ni tampoco apagado. Entonces ese mantra tuyo: “El pasado no existe” se desmorona así, en milésimas de segundo, y entonces en millones de átomos se rompe un esquema… O no estaba muerto o ha resucitado, lo de la parranda no puedo contemplarlo, pero cuando eres de las que no comulga con la resurrección, cuando eres de esas entiendes dos cosas: la primera, que te han pillado en bragas con el teléfono operativo, y la segunda, que nada importa si eres tú la que ha decidido que el pasado no existe, o si directamente lo estrangulaste una noche cualquiera, en la que la cerveza corría a la misma velocidad que te movías tú cuando viste reflejado ese nombre en la pantalla del móvil mientras ACDC en forma de tono de llamada te advertía de que nunca descansarás hasta que mueras. Un destino funesto como el del resto de los humanos, así que descartados ya todos los discursos falaces e interesados que giran en torno a tu victimismo sólo queda una cosa, llegar al conocimiento de la naturaleza humana para entender algo así de farragoso y triste como esto.

La Odisea fatal de la humanidad en la que el Universo pierde paulatina y trágicamente todo su valor, ese es el escenario humano por excelencia y por naturaleza. Algo aterrador de lo que nos cuesta mucho hablar y por ello no lo hablamos, y al no hablarlo pierde su importancia y al perderla no es algo importante. Ya no lo es. Así es como lo banal, lo secundario y lo superficial ganan puestos en el ranking. Así es como morimos antes de nuestra muerte.

Desde que salgo por la mañana de casa y empiezo a interactuar con personas, hombres y mujeres indistinta e indiscriminadamente, lo noto. Lo noto y lo siento tanto… Lo siento mucho porque aunque pueda parecer exagerada, a mí me entristece la superficialidad. Sin embargo con lo superficial nos relacionamos sobrados aunque realmente el calificativo es automatizados. Con una conversación superficial puedes follar, puedes conseguir un empleo, puedes caer bien a la gente. PUEDES… Si profundizas en la conversación puedes no follar, puedes no conseguir el trabajo, puedes caer bastante mal a la gente, luego NO PUEDES.

Ni todas las leyes vigentes ni las derogadas ni las que están por llegar (visto lo visto), nos sirven, porque a los muertos sólo les rige la ley del silencio, y nosotros callamos para restar la importancia real a todo esto, y todo esto es el espacio o intervalo que abarca desde que vemos la luz hasta que regresamos a la oscuridad, un espacio que llaman vida para restarle importancia pero en realidad es la existencia, me gusta más ese nombre porque me gusta dar la importancia real a las cosas. Ni más ni menos, sólo la justa trascendencia. Pero como de esto tampoco hablamos, no es importante la diferencia entre vida y existencia, superficialmente hablando es lo mismo. Lo mismo. Pero no lo es.

Ya nadie ve la importancia cuando dices que prefieres una catarsis incontrolada a un orgasmo sin control (absténganse los graciosos superficiales de referirse a la marca de preservativos, que el orgasmo sin control sería sin dominio, sin mando, sin preponderancia ni regulación, como tiene que ser), al decirlo desde el modo superficial te juzgan como una frígida en el peor de los casos y en el mejor como una graciosa trasnochada. Pero no es importante tampoco lo que se piensa desde la superficie. No para mí. Yo bajo a las profundidades, bajo también a los infiernos, y puedo jurar que es al subir a la superficie cuando tengo que coger aire para respirar, me ahogo en la superficie y es en las profundidades que esa asfixia, ese sofoco y esa penuria desaparecen, en la profundidad siento la abundancia, la riqueza, el alivio y el consuelo existencial.

Y es magnífica y llamativa la pluralidad en todos los ámbitos y sentidos, sin embargo hay un algo indefinido que me define como inconformista porque la superficialidad reinante es la desesperanza más absoluta, a mí es que me causa una impresión terrible, descorazonadora, y si soy o no una pensadora farragosa eso no es importante, y si la importancia es relativa, eso no es importante, y si mañana morimos tampoco lo es, aunque tal vez alguien quiera hablar de esto… ¿Hay alguien que quiera dar la importancia justa a todo esto?, ¿alguien preparado?… Sería darle sólo la importancia justa.

Por cierto, el pasado no existe pero sí es importante.

Sofya Keer

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Un paseo por el Paraíso

“No saberme vigilada por ti, follar como mantenimiento y el futuro ya vendrá”…

Sólo le dije eso y en su mirada ensimismada pude reconocer a uno de esos hombres que no quieren darse cuenta de la verdad. Vi tan claro el miedo en sus ojos… Su miedo que automáticamente alejó al mío, y con mi miedo lejos  me alejé aún más de él.

Yo me redescubro de manera incesante constantemente, cada nuevo amanecer es un nuevo motivo para ello, no necesito más, el hecho de sentir que he tenido la suerte de poder despertarme cada mañana es el motor de mis días, esa planificación paranoica es el eje de mi salud espiritual. Yo sólo tengo que cerrar los ojos para que acuda el olvido, mi olvido es así,  facilón y bizarro, y no necesito fuerzas sobrehumanas, eso son falacias, cuentos que necesitamos creernos porque cuando miramos al cielo nos sentimos tan pequeños que necesitamos creer todas esas mierdas. La gente es más dura de lo que tú piensas, no sé por qué te crees esas historias meta-humanas de esos héroes del día a día… ¡Mira al cielo, maldita sea, no hay héroes!… ¡Míralo!… ¿Es que no te hace sentir?, ¡no estoy hablando de volar, hablo de sentir! , sentir no es volar, sentir es tomar carrerilla, pero volar es otra cosa… ¿O eres de esos que necesita una vida agitada para sentir algo?, ¿tal vez escándalos sexuales, a lo mejor necesitas que te digan que fuiste uno de los pioneros en lo abstracto?, por aquello de ser precursor en algo o porque no eres lo suficientemente fuerte, competente o bueno, o porqué vas a morir y todavía no eres consciente de tu mortalidad… Te invito a hacer una visita por el Paraíso, no tardaremos mucho, cogidos de la mano vamos a dar un paseo por allí, seré benévola y te dejaré que traigas tu pasado pero sólo como acompañante sin más interferencias, te lo pido por favor. Nos detendremos los tres en todas las tumbas que llamen tu atención bajo el silencio sepulcral y con el canto reconfortante de los jilgueros, entonces de las frías lápidas de mármol blanco y gris escogerás el epitafio con el que más te identifiques, y si no entras en pánico al ver claramente todos tus errores disfrazados bajo la apariencia de lecciones, te diré cuál es el siguiente paso… Si no entras en pánico te contaré algo que está en otro nivel, algo que no quieres escuchar ahora porque todavía no te has identificado con ninguna leyenda lapidaria, pero espera y verás… Si no sientes no puedes volar, y una vez que eres capaz de sentir acudirá a ti el miedo a volar, y durante un tiempo soñarás que vuelas pero deberás sentir más, mucho más para poder volar, y al sentir más, el dolor acudirá raudo y veloz, y de nuevo más miedos y te limitarás a soñar que vuelas… Así durante mucho tiempo, más del deseable, más del saludable, más del cuestionable… Ahí van tus días y tus malditas noches, también el insomnio… Ahí van tus sueños, los interminables, los rotos, los nítidos y los indescifrables… Ahí vas tu o lo que de ti queda y lo que llega al Paraíso ni es tu esencia ni es ya nada. No espero que me entiendas, es esperar mucho cuando ya no esperas nada de nadie, sin embargo, tengo depositada en ti una verde esperanza:

No saberme vigilada por ti, follar como mantenimiento y el futuro ya vendrá… Es casi perfecto, sólo tienes que dominar tu pánico… Yo mientras he decidido que te espero fumando.”

Sofya Keer

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Nosotros lo llamábamos “filosofía de alcoba”

Paso los días esperando un tren que me llevará muy lejos, yo sé adónde quiero que me lleve, sin embargo ignoro adónde me llevará realmente. Y todo esto por tierra, por mar y aire. Es la vida. Mi vida.

A mí me pone que me susurren secretos metafísicos en voz baja y sugerente, y no es vicio, es porque disfruto mucho de mi vida sensitiva y soy afín a Miguel de Unamuno, en cuanto a que cada vez me importan menos  las cosas y las ideas, y más los sentimientos y el hombre como especie. Los hombres también, pero ya como género. Un género aparte, por eso he apartado algunos.

Últimamente tengo un pensamiento nefasto, y es nefasto porque es algo que no puedo materializar así que me obsesiona, (como de costumbre me muestro innovadora y arriesgada además de irónica), lo que no me deja dormir ni soñar es el hecho de que si tuviera otra vida huiría de esta, me iría con mérito cero pues estaría huyendo, pero ¿y si me encontrara con la vida imaginada?, que no soñada, porque como ya he avanzado, no puedo ni soñar ni dormir… Mi problema es que recurro a la superficialidad por puro efecto rutinario, pero la verdad es que le profeso un odio irreparable y además me aburre, los bancos de corales están en la profundidad de los mares y océanos, no en sus superficies… Y en el fondo hay tantas cosas: el placer y el dolor, el bien y el mal, el yin y el yang, la vida y la muerte, las contradicciones convertidas en poesía que no en poemas, la tristura del teatro crudo de la vida, las luchas titánicas, el azar y sus carambolas  con las que nos vamos haciendo a nosotros mismos, y también  a la soledad.

Si tuviera otra vida huiría de esta, porque no hay nada más reconfortante  que tener un lugar adónde ir, esa sensación siempre es reparadora y benigna, por ello el mundo entero debería tener un plan B para poder huir sin temores ni obsesiones acosadoras del intelecto.

Siempre me gustó la filosofía, mientras en el aula el grupo de alumnos bostezantes  pensaba en los trapicheos de la anhelada hora del recreo, yo me planteaba si la felicidad y la vida guardaban relación alguna, y mi curiosidad era de todo menos imparcial, porque de hecho, la curiosidad imparcial no existe. Obviamente por ello, mi curiosidad por el profesor de filosofía acabó en una tórrida aventura amorosa que cambió a relación y con la que aprendí mucho acerca del sexo y el placer femenino, pero sobre todo aprendí mucha filosofía que nosotros llamábamos de alcoba. Él me conocía muy bien, de hecho ninguno me ha conocido como él. Así que cuando algún hombre o “niñato” (como él decía riéndose, mostrándome su dentadura blanca y su carnosa boca sensual) me dice que mi literatura es pesimista y sus energías negativas, yo ya sé que ese sujeto no es para mí ni para mi consumo, no, porque no da la talla su inteligencia, y esto no tiene nada que ver con el cociente intelectual, no seamos simplistas. Esto tiene que ver con lo que él me enseñaba cuando en clase algunos compañeros me  decían que era una pesimista y nunca escribía cosas alegres. Yo no sé escribir sobre arcoíris y unicornios pero en mis escritos no falta ninguno de los colores de un arcoíris si el lector sabe leer entre líneas… Unicornios aparte, resulta que yo no sabía esto de mis propios escritos, él me leía entre líneas y sacó lo mejor de mí en mi carrera literaria y en la filosófica, aunque también entre las sábanas de la cama de su apartamento donde me instalé por cinco años para sacarme el grado en “filosofía de alcoba”, cuatro fueron para el grado y uno para el máster, dónde al especializarme también en autoestima, gracias a él, supe entre muchas cosas más, que mi placer en el sexo depende del grado de inteligencia del hombre y no del tamaño de su pene, ni de lo diestro que sea en los previos ni después, si hay hay si no hay no hay, pero sin embargo pese a su inteligencia decidí que ya debía tomar otros caminos. Y una noche huí con mérito cero, porque no sabía qué decirle, ni cómo hacerlo, no sabía ni tan siquiera por qué me iba, y lo peor… No tenía adónde ir. Salí del apartamento, me senté en las escaleras para pensar lo que iba a hacer, recogí mi pelo pero finalmente ni pensé ni me lo pensé. Y no tenía adónde ir.

Con el tiempo me mandó un mensaje a mi móvil:

“Ninguna como tú… Fuiste sabia. No me contaste toda la verdad”

Ahora hay alguien nuevo en mi mente,  su sonrisa luce un arcoíris irresistible, me muero de ganas por tocarle, porque me sonría y me hable mirándome a los ojos, me muero de ganas imaginando la intimidad con él, el grado de su calidad y la cantidad de placeres desbocados sobre mi cama. Ahora hay alguien en el aire y en el que yo respiro partículas de su ser… Sólo deberá saber leerme entre líneas y lo demás vendrá y fluirá naturalmente, pero esta vez no me iré si da la talla su inteligencia, porque no tengo adónde ir y no entra en mis planes una nueva huida a ninguna parte… Es que no tengo adónde ir, soy lo que aparento y lo que ves, no tengo otra vida a la que huir… Sólo tienes que saber leerme entre líneas y lo demás vendrá solo, solo de soledad.

Sofya Keer

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Mis cinco elementos

Leí demasiado pronto El lobo estepario de Hermann Hesse, y digo demasiado pronto porque ya no volví a ser la misma mujer, mejor dicho la misma adolescente, la misma joven, bueno, dejémoslo en persona:

“Una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no eran cosas para mí”

Yo tengo cinco zonas problemáticas con sus correspondientes elementos, en ellas lo que hay obviamente son problemas, no inconvenientes. La primera se corresponde con el elemento vida, es mi vida, y resulta ser un lugar en el que no consigo poner orden, de hecho creo que poner orden en tu propia vida no es fácil, esto la convierte en una de mis zonas problemáticas.

La segunda se corresponde con el elemento mente, es mi mente, y a veces no es el momento de dar vueltas a la cabeza pero yo suelo hacerlo siempre, esto me coloca fuera de órbita casi constantemente y por ello es otra de mis zonas problemáticas.

La tercera se corresponde con el elemento cuerpo, es mi cuerpo y lejos de asumir que mi continente es fundamental y que por ello su contenido ha de ser un material cuidado y sopesado, me obsesiono con las dietas de piña, la sopa de letras que me entretiene de mis males y me distrae de mis obsesiones, y los caramelos ácidos porque la vida ya es amarga y lo dulce me empalaga y me hace enfermar el alma.

La cuarta zona se corresponde con el elemento incapacidad, y es mi incapacidad para controlar mis puntos fuertes mientras que los débiles me arrastran, estos últimos suelen ser vivencias que me atraen porque me provocan un placer puntual, intenso y efímero, por ejemplo, tener relaciones sexuales sin significado, como hacen los hombres recién separados, o decir lo que pienso y sentirme orgullosa de ser políticamente incorrecta:

” ¡Muy bien, has dicho lo que piensas!”

La quinta es la que guarda relación con el elemento búsquedas, y es que normalmente los destinos que me busco son los menos oportunos, algo así como los que el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación no recomienda por variados y complejos motivos bajo ningún concepto : Libia que se llamaba Lorenzo, Egipto que era Eduardo, Somalia o sea, Samuel, Nigeria o Nacho, Burundi que su apellido era Buñuel, Irak que se llamaba Ismael, Irán que era Israel, Pakistán que todos la conocían como Patricia y yo lo conocí como Paolo, Corea del Norte que se llamaba Carlos, Siria que era Sandro, Burundi, México y Colombia, pero de ellos no recuerdo nombres, ni sus tonos de voz, ni si funcionaban o no en la cama, ni si me hacían funcionar a mí, ni si todo lo contrario, aunque cuando funcionas bien sola esto no es importante, por eso lo olvidé, supongo… La cuestión es que estos destinos poco oportunos, por su fatídico don de la oportunidad siempre me complican a la hora de elegir entre el mundo y yo misma, en serio que me esfuerzo e intento tener claras las cosas para sobrevivir ante la adversidad, y si hay algo en lo que no puedo dejar de creer firmemente es que mis cinco elementos son mi realidad, y mi realidad desde niña siempre ha sido y sigue siendo la de un camino hacia el otro lado, el antagonismo de cada acuerdo, el antónimo de cada sinónimo, la divergencia de cada concordancia del resto del mundo y de todos los mortales.

Y son cinco porque astrológicamente este número es símbolo de aventura, de libertad, de polémica y controversia. Es el cinco porque me declaro inteligente, nerviosa y curiosa a los cuatro vientos, odio las rutinas, las propias y las ajenas, me encanta descubrir nuevas cosas y modos, adoro experimentar, por eso mis cinco elementos que son mis zonas problemáticas son mi refugio, mi casa, mi ser, mi tormento, con ellos puedo ser yo misma con mis yoes, y esto es más de lo que puedo esperar de cualquier ser humano que pretenda estar en mi vida, ocupar mi mente, rozar o tocar mi cuerpo, conocer y respetar mis incapacidades o apoyar y comprender mis búsquedas erráticas.

Todo esto venía a colación porque una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no son cosas para mí, y si tenéis paciencia alguien os contará cómo será mi muerte aunque del cuándo no respondo de momento.

Sofya Keer

Mis cinco elementos

 

 

Más, más y mucho más… Muchísimo más…

Tengo una idea que no sé si quiero plasmar, si debo o no hacerlo no me preocupa, estas son pruebas que ya superé en el camino, y aunque el camino no es sólo caminar, he andado mucho entre el deber y el querer y hace tiempo que decidí quedarme con el segundo, porque además es también desear.

La idea no es sólo una idea va acompañada de un objeto, yo tengo un defecto terrible y es que amo más a los objetos que a los seres humanos, a éstos los puedo llegar a querer, pero claro, eso depende del camino, del caminar y de lo que ande o no ande, depende del tiempo corriendo con su patético “tic-tac”, del apego y el desapego, de los fraudes, las tragedias y muchas cosas más. Ese objeto amado es un cuaderno bastante antiguo, hermoso por su antigüedad, y en él hay un registro que de momento sólo es de consumo o lectura personal, es intransferible e inviolable, porque es mío y de nadie más. Guarda relación con mis gustos sensuales, sexuales y septentrionales por lo de buscar un norte sentimental, pero lejos de todo este morbo en este registro subyacen versos sensibles, digamos que es mi poesía y es de mente, de cuerpo y de alma, más de cuerpo que de mente y más de mente que de alma, pero ni más ni menos demente ni menos ni más corporal.

Entre nosotros la mayoría de las veces hay obstáculos que nos separan. La mayoría de las veces hay abrazos rotos y palabras arrestadas o poco sensatas en el mejor de los casos. El ser humano es así. Hay distopias porque las utopías lloran hasta secarse. Nos situamos siempre en los márgenes periféricos de todo, sin embargo, a veces nos repugna traicionarnos, a veces, pero en ocasiones no.

Me gusta conectar más allá, dicen que tengo un aire melancólico, es como un placer sombrío que en tono ascético e imprudente me dice que el recorrido o la ruta de mi vida va a ser corta, con ese aire melancólico además un caminar solitario y por supuesto la visión oscura de un cadáver exquisito, no me falta detalle, pero no soy una mujer a la que le seduzcan los diluvios de palabras, mi apuesta es sin duda por la equidad, las justas y necesarias, lo demás en acciones por favor, que demuestran mucho más.

Como ocurre en la vida dentro de lo rutinario y lo vulgar todos tenemos nuestras extravagancias… Jajaja…. Ahora me río a carcajadas porque fue creciendo cuando empecé a sentir el dolor que me ocasionaban aquellos hombres que no paraban de hablar, cuando hablan mucho desaparece todo el sex appeal posible, el habido y el por haber. Yo necesito del silencio porque los silencios ante el hombre que deseo me dejan pensar, y pienso cosas sucias, obscenidades que luego recojo en ese amado y antiguo cuaderno que está lleno de sinopsis de esos silencios sucios. Y aunque la absolutidad es imposible, no he encontrado un pasatiempo tan absolutamente divertido y mordaz como este, y he sido adicta al póker, a los cromos antiguos, a los crucigramas, al alcohol, al cannabis sativa y al porno, y ninguno es tan absolutamente divertido y mordaz como este registro. Por otra parte, siendo justa con ellos y conmigo, debo confesar que está elaborado desde la sensibilidad, toda la sensibilidad posible que cabe en el deseo carnal, ese asociado siempre a la lujuria y alejado de lo espiritual, ese del goce físico y de lo terrenal. Sin embargo, en mi deseo carnal son mi mente y mi alma las que desean de verdad, mi mente y mi alma utilizan mi cuerpo como canal transmisor y él es el que dispara las dosis de mi sensibilidad que con el silencio se disparan muchísimo más. Con él no hay prejuicios, no hay delitos, perversiones, rechazos ni privación de libertad, no hay víctimas, adulterios ni abusos, hay silencio junto a mi cuerpo, mi mente, mi alma y ese hombre deseado frente a mí, aunque sin hablar.

Pero hay algo que no puedo contar, aunque quiera, o aunque deba, esta idea en este objeto esconde algo más, más y mucho más… Muchísimo más.

Sofya Keer

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