Comida india

Huyó del seminario porque su vida rezumaba engaño, se creía impotente y abúlico por la podredumbre encubierta, sentía su yo aniquilado y al mismo tiempo los brotes verdes de un anhelo en su interior que nacía hediondo y se difundía por todas partes como un perfume. Cuando salió de aquella cárcel se creyó indestructible pese a sus diferentes tentativas de suicidio bajo el titilar de las estrellas nocturnas. Era una sed nueva de sumirse en la nada ante un retorno inevitable. Era eso, sólo eso… El asunto de las voces era otra cosa… No quería parar las voces en su cabeza, por lo menos no de golpe o de sopetón ya que en el fondo le tranquilizaban, aunque lamentablemente no siempre estaba seguro de lo que ocurría, ni de lo que le ocurría.

Yo guardo los recuerdos exactos de cuando nos entregábamos a nuestros placeres y desenfrenos. Él adoraba la comida india…

Aprendí a ahorrar el aliento, sabía cómo mostrarme insensible a los pinchazos, al ardor y a mis dolores emocionales. Con él y su naturaleza inquieta aprendí a escuchar embelesada el agua del riachuelo, aprendí asidua y escrupulosa a mendigar su amor en silencio.

Una meta se perfilaba en su horizonte cuando en la resonancia magnética le dieron la fatal noticia. Con una embriaguez turbia se tuvo que convencer de que debía acabar el ciclo y finalmente quiso evadirse del ciclo, lo deseó, y yo le odié por ello… Una tarde paseando por el bosque de bambúes se lo dije. Él rió a carcajadas, unas carcajadas feroces que le hacían aún más atractivo pese a los efectos de la enfermedad en su piel y en su rostro, entonces cuando se relajó él y relajó así su belleza me dijo:

– Es la inesperada virtud de la ignorancia, amor mío…

Yo guardo los recuerdos exactos pero no sé si eso me salvará de este duro trance… Tantos meses en su cama sin poder escuchar el agua del riachuelo, sin poder pasear por el bosque de bambúes… Sin poder probar la comida india…

¡Joder, y yo odiándole por todo ello!…

Sofya Keer

comida india

El sambenito de la locura

Un monstruoso universo desconocido en el que el sujeto escindido es el protagonista indiscutible, en el que la fascinación por las tendencias suicidas adquiere un sentido vital, en el que hay un colapso nervioso por la presión de la angustia y la inestabilidad emocional.

Los impulsos vitales me convierten en una fugitiva con miedo, la vida surge ante mí como una figuración mental y me enfoco constantemente hacia el abismo para compensar contradictoria y perversamente el vacío.

¡Me veo deslucida entre mi ego y mis obsesiones!, con esta cara de lela, de no sabe, no contesta… Tal vez son ideas enfermizas, tal vez no, todo tiene un límite, ¡yo estoy al límite!… ¡Maldita sea!… El consuelo de que todos los viajes tienen su fin me calma ante la certeza de que he entregado las llaves de mi reino a una pandilla de farsantes.

¡No debes ser vergonzosa, este es el teatro de la vida!… Tu enfermedad no se cura con penicilina, lo cierto es que no tiene cura… Tal vez este es el lugar más horrible que podrías crear, el más horrible que pudieras imaginar, es algo además tan inútil como pasarse la vida buscando a Dios… Pero tal vez no es tan horrible, tal vez sólo es inútil… Jajajajajajajajajajajajajajaja….

La locura es sólo una etiqueta externa, ¿verdad?…

¿Tú crees?… Jajajajajajajaja….

Sofya Keer

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La mantis

Era la misma radiografía del dolor, una mujer dotada de espíritu con un corazón ardiente. Siempre atraída por el arte del canibalismo de la mantis religiosa y por el funcionamiento de las guillotinas para decapitaciones humanas… De una seriedad espantosa que  no conocía de procesos de decadencia, y de un  carácter que jamás se mostró agónico, bajo ningún concepto por muy complejo o retorcido que fuese, ni en ninguna situación, por delicada que se plantease.

Le gustaba contemplar su sombra mientras caminaba con la cabeza de su último ejemplar en la bolsa negra y en la otra mano lucía el arma letal, su sombra era oscura y alargada como un adiós prolongado en el tiempo, y mientras se regocijaba en los placeres de su memoria que la habían convertido en lo que era, pensaba en lo fabuloso de su ser cuando hastiado y anhelante se distraía  manipulando a los demás.

La llamaban la mantis y la buscaban desde hacía ya varios meses. Ella arriesgaba saliendo de la casa de su víctima y exhibiendo su cráneo embolsado y la pistola silenciada, pero su tránsito planetario la favorecía de manera constante por su ascendente atrozmente generoso, aliado además con su signo zodiacal. A su paso las mujeres la miraban sonriendo, y los hombres asombrados por su atractivo y hechizados por su sombra oscura y alargada no reaccionaban conforme a la justicia socialmente generalizada, entonces estas circunstancias se traducían en una huída aceptada colectivamente e individualmente elegante, fruto todo ello de su karma anterior, y de su particular concepción de que sólo ella era la única y la última  dueña de su voluntad.

Llenaba lugares secretos y espacios recónditos de cabezas masculinas, y en los funerales de sus víctimas siempre faltaron en las cajas de pino sus respectivos y depravados cráneos, sexuales y desviados todos…

¡Pobrecitos ellos, qué destino infame y cruel!, sus cabezas separadas de sus troncos, una infame y cruel metáfora existencial, que les convertía en lo mismo estuvieran o no sus cabezas sobre sus hombros, menos mal que los pies permanecían intactos y entonces podían seguir vistiéndose como todo hombre que se precie. Uno de los principios ineludibles de los caballeros, que por eso ella no eludía.

La llamaban la mantis y nunca fue alcanzada por la ley pues su karma anterior era el que era y se arrastraba con ella junto a su sombra oscura y alargada como un adiós prolongado. Se arrastraba como lo hacían todos y cada uno de los caballeros a los que después del sexo les disparaba a bocajarro en la cabeza, rodeando sus cuellos de un simulado collar de balazos para después con un toque maestro frío y calculado finalizar la operación de decapitación.

La llamaban la mantis y a ella le gustaba terriblemente ese alias, ¿a quién no?…

Sofya Keer

La mantis

Cuidadosamente embalado

Yo veo el dolor aunque no pueda sentirlo, saborear el vacío por dentro ayuda cuando sabes que eres de esas mujeres que no puede sentir nada por nadie.

Vivo acostumbrada a que me califiquen de “rara”, pero lo cierto es que eso ya no me importa, hace mucho tiempo que dejaron de importarme los juicios ajenos, de los prejuicios ni siquiera me preocupé jamás de que me importaran; Intento día  a día aprender a estar segura, esto es algo fundamental en mi vida que por ser tal es insegura, y cuando es así me siento como una niña en su fiesta sorpresa, lo celebro, celebro mi sentimiento de seguridad paradójico, porque la sensación de mantenerme a salvo para hacer las cosas bien me envuelve, y embriagada finjo bien, como una buena psicópata.

Entonces me convierto en un monstruo muy pulcro…

Sin embargo a veces hay que sacrificarse y entonces consiento que alguien haga que me den escalofríos, es una necesidad en evolución que no sé muy bien por qué, pero en no pocas ocasiones evoluciona hacia la agresividad y la agresividad se convierte inexorablemente en violencia, la cuestión es que hay rituales de apareamiento que no entiendo, esto me supera  y al final lo único que me gusta de él es que siempre dice que cuando habla conmigo se vuelve más inteligente. Es un ser trastornado, muy peligroso, que se rebana el cráneo pensando en  lo cuidadosamente embalado que le gustará ver su cuerpo cuando decida el día, la hora y el lugar de su muerte.

Yo sé que todo es por culpa de la gente normal y su franca hostilidad, y también por ese afán mío de experimentar para encontrar siempre la forma correcta, y porque entiendo que no es lo mismo morir por el humo que por el fuego.

Y siempre que me dice eso yo me pregunto: ¿Cómo piensa ver su cuerpo cuidadosamente embalado si ya estará muerto?, es entonces cuando comienzo a caminar por las vías del tren para encontrarme frente a él, pero ya han sido tres veces las que me he arrepentido y al escuchar el pitido y ver sus luces me he tirado hacia cualquiera de los dos lados, entonces ya a salvo, me pregunto siempre y de nuevo:

¿Cómo piensa ver su cuerpo cuidadosamente embalado si ya estará muerto?

Y caiga a la derecha o caiga a la izquierda de las vías, siempre que aplazo mi cita con el destino esa pregunta es lo primero que acude a mi mente

Sofya Keer

Cuidadosamente embalado

 

Quiero vomitar …

Ese es el secreto, amar a alguien que está igual de perjudicado que tu. El gélido milagro del hielo emocional es un escenario horrible que aumenta la emoción, es emplear la fuerza bruta, renunciar a la morfina para sentir el dolor. Es la idea hermosa de desligarse de la humanidad. Es un día más en la nada, pero de otro modo…

He de esperar, desear que pueda ejercer el control de mis impulsos y además saber canalizarlos… Pero eso no es todo, quiero más, porque si tuviera corazón ahora mismo debería romperse, hacerse añicos, sin embargo no entiendo la emoción de la muerte, y las gafas de sol me están salvando de este trance. Mantener mi gesto compungido y apenado por dos horas se está haciendo bastante insoportable. Lo único que acude a mi mente es que matar a alguien supone privarle de hacer el bien, veo el color de su rostro que revela una evidencia mortal y al mirarle a través del cristal en la cámara frigorífica, pienso que un cuerpo puede sufrir en reposo, y aunque el suyo ya no reposa ni tampoco sufre, los demás sí… Los nuestros todavía sí.

De repente procede suavemente la sensación premonitoria de que la muerte es el inicio de una reacción en cadena, y para iniciarla siento que quiero vomitar.

Sofya Keer

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Agresión animal

Hay un momento muy grande, casi mágico, es algo así como darte lo que mereces, es un espacio maravilloso que cierra el caso. Entonces es cuando logras rescatar tu legado, y además entiendes que sólo se puede renacer si se sabe olvidar… Hay un momento profético, que se regula bajo el auspicio de que no es inmoral el manido “sálvese quien pueda”, que puede verse e interpretarse como una agresión animal, porque siempre es legítima la diferencia o la diversidad del prisma vital, sin embargo, realmente, es un momento muy grande, tanto como la inmensidad del cielo, es un momento casi mágico como una noche cálida y estrellada de verano, maravilloso como el sol del invierno, y profético como una mañana de intensa lluvia primaveral, en la que además, has decidido casarte…

Ese momento es cuando decides mirar hacia otro lado, y tal vez, y por qué no, hacia el otro lado.

Sofya keer

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Del problema de la superpoblación

Demasiada ambición intentar protegerse de uno mismo, desconectar del mundo podría ser más que suficiente, sin embargo ya nada asegura el éxito, mi éxito se pierde o se aleja entre la mugre lodosa de los días agotados que además son cansinos. Y le echo la culpa al problema de la superpoblación y de tanto hijo de su madre que anda suelto, pero sé que ese no es el problema real.

No encontrarse en el camino adecuado es algo que ocurre, la duda, la duda ocurre también, y el descontento vital existe, ¡claro que existe!, y la verdad no es ya alarmante ni grave ni gravosa, igual que los secretos que han perdido ese aura de misterio, sí, esos secretos que pesan sobre mi cabeza ya no saben dar color a mis días, es demasiada ambición, y el mundo está loco y desordenado y ciertamente es un problema el de la superpoblación, porque todos y cada uno de los seres humanos que habitamos la Tierra nos encontramos así, es demasiada ambición tratar de protegerse de uno mismo,  nadie puede hacerlo, y de entre todos los millones de hombres que superpoblamos el  Planeta, no hay ni tan siquiera uno que tenga un refugio real de sí mismo, pero la cuestión que más me alarma es que yo no soy diferente.

Espero días de lluvia para empapar el alma, algo que  sería reconfortante, tal vez lo más cercano a ese refugio, sin embargo si ha de venir sé que será una lluvia ácida, o lo mismo una dorada, pero me quedaré esperando la lluvia que choca y golpea los cristales de mi coche cuando decido poner el velocímetro a doscientos, y mi latido a la velocidad de una arritmia letal que me permita estar muerta cuando salte  al abismo.

Así que pediría un deseo, y sería aprender a apreciar la vida, la tuya, la mía y la de cada uno de los seres que han convertido mi existencia en un problema superpoblando las ciudades, los pueblos, las áreas metropolitanas, los guetos urbanos o mi cabeza. Pediría un deseo y dejaría de lado los placeres ociosos de alcoba, las arenas movedizas de mi mente y mi lógica del caos ilimitado que juega a limitarme constantemente.

Pero no voy a pedir un deseo que no se cumplirá, voy a continuar por mi camino inadecuado, con mi duda irresistible, con el descontento vital con el que me acuesto y que me hace el amor al amanecer cada mañana como a mí me gusta, despacio y recreado, voy a asumir el vacío de la verdad y de mis secretos… Creo que voy a continuar con este sentimiento de soledad que a todos los que superpoblamos el mundo nos embarga, voy a poblar mi alma de silencio a falta de esa lluvia redentora, voy a poner el velocímetro de mi coche a doscientos y el latido de mi corazón a la velocidad de una arritmia letal, voy a saltar muerta al abismo, y voy a hacer todo esto para protegerme de mí misma aunque suene demasiado ambicioso.

Pero además me voy a vestir muy elegante porque la ocasión lo merece, y yo también.

Sofya Keer

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