Salir de caza

El fascismo corporal es un castigo del siglo XXI, los juicios de si los cuerpos son estética y por lo tanto socialmente aceptables es una lacra que afecta a todo, y sobre todas las cosas a nuestras emociones. No todo el mundo sabe separar la sexualidad de los cuerpos, y esa es una de las claves del éxito en las relaciones. Otro de los problemas de nuestra Era, que además es una amarga herencia es que las creencias universales no son verdades universales. Yo estoy segura de que la belleza no tiene nada que ver con la simetría de los rostros ni con esos cuerpos moldeados, formados y  deformados en los gimnasios. La belleza podría ser simplemente la ausencia de dolor. Este es el eje central de mis soliloquios, uno tras otro tras todas mis relaciones fallidas y dolorosas, un tema recurrente con el que he podido divagar profundamente, y gracias a esas cavilaciones he podido comprender que no se sabe llorar si se hace de rabia o de ira. Llorar es otra cosa. Es algo más profundo. Llorar es un lenguaje sagrado. La gente llora y se equivoca cuando dice que si no hay amor hay rencor, la gente se equivoca porque también existe la indiferencia. Se da menos pero es más saludable y en ciertos formatos hasta indolora.

Huimos de la línea que separa la vida de la muerte, asistimos a sepelios y en los Tanatorios no somos capaces de vernos en el lugar de los muertos que despedimos como si la cosa no fuera con nosotros. ¡Malditas cajas de pino!… Pero claro, ante tantas preguntas mejores son las mentiras y el auto-engaño es otro de los privilegios más vacíos y dolorosos del hombre. A veces me quedo pensativa en lugares concurridos como en este bar. Todo el mundo bebe, baila y trata de escapar de todos estos misterios y entuertos humanos, de toda la falacia de una especie a extinguir como la nuestra. Porque estamos extintos pero no lo sabemos, no lo vemos, no queremos ser conscientes de tanto dolor. Creemos que con estas evasiones mantenemos la muerte a raya, pero no es así.

Estoy bebida y como los escritores somos un poco más distraídos que el resto de los humanos, ando en ese canal mío entre la fantasía y la realidad y no sé porqué le doy vueltas a la cantidad de brujas con conocimientos medicinales que quemaron en Europa. Mis dos amigas que me acompañan están a mi lado bailando y bebiendo como cosacas preparándose para la caza. Yo no bailo. Apoyada en la barra y con mis cavilaciones permanezco en mi canal cuando de repente aparece ante mí un chico que a mis ojos es la ternura salvaje personalizada. Va con un amigo, de momento no sabe de mi existencia y tampoco sé hasta qué punto ignora lo esencial de la suya. Pero de momento eso no lo voy a juzgar. Hoy las chicas y yo hemos salido de caza. Solamente de caza, y bastante tengo con intentar cazar sin convertirme en presa como suele ser mi tradición existencial. Mi biografía está llena de ejemplos como este. Hoy voy con el machete en la boca y voy a triunfar, entendiendo el triunfo como ser la cazadora y no la cazada.

La vida no es una unidad sino trozos o partes, momentos que como este te pueden sorprender ante tanta zafiedad que nos rodea. De repente él me ve. Y entre tanta gente me mira, me hago visible ante sus ojos. Se muestra paciente. Yo le acompaño en su paciencia, así que nos miramos pacientes por un largo intervalo de tiempo. Su mirada es de sorpresa, definitivamente no esperaba encontrarme, no esta noche, pero desgraciadamente me ha encontrado. Sí, resulta que yo ya sé que se arrepentirá de haberme encontrado. Mis amigas ajenas a la historia visual hablan, bailan, beben y ríen dejando a la amiga “rarita” a su aire apoyada en la barra y bebiendo, metida en su canal entre la fantasía y la realidad. Decido entre el ruido del garito concentrarme silenciosamente para que mi mirada no desprenda erotismo ni sensualidad, me concentro para que mi mirada sea una pregunta sin palabras, y mi pregunta es muy sencilla, es un “¿quieres follar conmigo?”, me esfuerzo para hacerle llegar mi mensaje y en el esfuerzo que es para mí como un juramento de los sioux, entiendo que como de costumbre será vano y fútil. Me pido otra cerveza y me retiro de momento dándole mi espalda desnuda porque hoy al salir de caza me he puesto un top grácil y sensual, una prenda muy erótica, por eso no necesito ni quiero que mi mirada desprenda erotismo ni sensualidad. Como había calculado, al girarme él ya está a mi lado, en la barra con su copa en la mano y sonriendo con una dentadura blanca digna de anuncio de dentífrico. Alarga su mano y se presenta:

– Javier.

– ¡Hola Javier!… Raquel.

– ¡Hola Raquel!

El formato es cómico y nos reímos sin parar, pero yo voy borracha y él todavía no. Mis amigas ya posan como el telón de fondo de su persona haciendo las tonterías que hacemos en las noches de cacería, algo terriblemente infantil que sólo puedo sobrellevar por el alcohol que recorre mi metabolismo.

– ¿Vienes mucho por aquí?

– No, sólo cuando salimos de caza y esto lo hacemos muy de vez en cuando.

– ¿Has dicho que habéis salido de caza?

– Sí, eso he dicho.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿entonces yo soy una de tus presas?

– O no. Date un tiempo a ver qué sucede.

– ¿Por qué dices eso?

– Porque es lo que pienso.

– ¿Entonces tengo que esperar?

– Eso es.

– ¿No bailas?

– No esta música.

– Pero entonces, ¿bailas?

– Por supuesto, como si no hubiera un mañana.

– ¡Ja,ja,ja!

– De hecho no lo hay.

– ¡Ja,ja,ja!, ¿te puedo proponer salir de aquí y dejar de beber por un rato?

– ¿Tan desagradable es mi borrachera?

– ¡Ja,ja,ja!. En absoluto, simplemente es para charlar tranquilamente sin ruidos.

– Tomamos lo que nos queda y salimos, ¿te parece?

– Está bien ¿Qué te apetece hacer, Raquel?

– Lo que me apetece es tocar el agua fría con la punta del pie.

– ¡Ja,ja,ja!

– Oh, vamos! ¿es que no puedes parar de reír?

– Obviamente no. Tu respuesta es…

– Es mi respuesta a tu pregunta. Me apetece eso.

– Está bien. Eres muy graciosa y divertida, por eso no puedo parar de reírme.

– Bueno, me pondré seria.

– No es preciso.

– Lo es… ¿Por qué te has acercado a mí?, ¿qué has leído en mi mirada?

– Me he acercado porque tu mirada es muy sensual. Eres una mujer muy atractiva.

– ¿Y mi top qué te parece?

– Muy erótico y atrevido.

– ¿Y por mi mirada, tú qué crees que yo quiero?, insisto, por mi mirada no por lo que yo te he dicho que he venido a hacer hoy aquí.

– ¡Ja,ja,ja!… Pues he leído en tus ojos que quieres conocerme.

– ¡Pues me ha salido mal!

– Perdona, no te he oído bien…

– Decía que me he equivocado, que me ha salido mal lo de la mirada.

– ¡Ja,ja,ja!

– En serio, deja ya de reír.

– Vale ya paro ¡ja,ja,ja!

– ¿Paras?

– Sí, paro… ¿He leído mal en tus ojos o te has expresado mal con ellos?

– Sin duda, lo segundo.

– Entonces…

– Lo cierto es que no quiero conocerte

– Ah, ¿no?

– ¿Qué es lo que quieres?

– Me he esforzado inútilmente para que mi mirada no transmitiera erotismo ni sensualidad. Yo sólo quería decirte a través de mi mirada y sin mediar palabra si quieres follar conmigo. Era sólo eso y lo he estropeado totalmente.

– ¡Ja,ja,ja!

– Lógicamente como mi idea era no usar las palabras no te lo voy a preguntar. Así ya no tiene gracia. Creo que ni me apetece.

– ¡Ja,ja,ja! Me encantas, eres una mujer increíble, ¿lo sabes no?

– Lo que sé es que esto no era lo que yo había planeado.

– Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?

– Pues… A ver… ¿Cómo decírtelo?… A mí me sigue apeteciendo tocar el agua fría con la punta del pie…. ¡Ja,ja,ja!

– ¡Ja,ja,ja!, vayamos pues.

La playa queda muy cerca del bar vamos caminando tranquilamente, yo miro a lo lejos tratando de enfocar con mi cristalino que en estado etílico se esfuerza como yo, inútilmente. Le propongo sentarnos en las rocas, me quito mis botines de tacón, mis medias calcetín de red y me acomodo junto a él…

– ¿Sabes que en esta parte de la playa hay mucha profundidad?

– No, no lo sabía. ¿Vienes mucho por aquí?

– Sí… A ratos paseo por esta zona… Y tanteo…

– ¿Tanteas?

Hablamos sin mirarnos, los dos tenemos nuestras miradas perdidas en el horizonte y con el vaivén de las olas que rompen en las rocas parece que nos embelesa más el paisaje marino que nuestros propios rostros. Además claramente no follaremos, entendiendo follar como necesidad biológica y física que es posible sin erotismo ni sensualidad, pues con ellos de por medio siempre se quiere repetir y eso es entrar ya en terreno de relaciones amorosas y /o sus sucedáneas. La caza es la caza.

– Sí, tanteo cómo sería morir aquí… ¡Qué fría está el agua!…

Mi presa deja de mirar al horizonte y me mira asombrado.

– ¿Y por qué haces esos tanteos?, no es una conducta muy común, aquí se viene a hacer lo que ahora hacemos nosotros, por ejemplo.

– También se puede venir a morir.

Él me mira perplejo, ya no habla. Yo sí, y lo hago mirando el horizonte. Perdida en él como en mi propia existencia.

– En el mar muere mucha gente y además muchos de los muertos fuera de él son traídos aquí en forma de cenizas. El mar es una fosa común y sus olas son el frío mármol. No digo esto por los efectos del alcohol, digo esto porque es lo que pienso.

– Es cierto y también bonito lo que dices.

Se relaja y de nuevo desvía su mirada hacia la inmensidad. Yo continúo…

– Al menos una vez debería intentarlo aquí.

De nuevo me mira con un gesto de indeterminación absoluta. Yo sigo…

– Intentar mi suicidio.

– ¿Cómo?, me asustas…

– Tranquilo, siempre lo hago cuando no tengo público. En las anteriores ocasiones no consumé, si mi abuelo viviera seguro que diría algo así: “lo que ocurre es que tú no puedes morirte nunca, cariño”… Él me adoraba.

– ¿Entonces lo has intentado ya?

– Dos veces.

– ¡Dios mío!

– ¡Otro cristiano, apostólico y romano!

– En serio, ¿por qué lo haces?

– Porque mi vida es mía y yo elijo qué hacer con ella. A mí nunca me llevará tu dios. Me iré yo sola cuando pueda consumar mi muerte. Deja de mirarme de ese modo. No es el alcohol, es lo que pienso y creo.

– Nunca me había encontrado con alguien así.

– ¿Así?, ¿cómo?, ¿con alguien que no sabe valorar el don de la vida?

– Pues ciertamente la vida es…

– ¡Cállate, la vida es una jodida mierda!, la diferencia entre tú y yo es que yo lo sé, lo veo claro y nítido y tú eres uno más de esos a los que la ceguera y el auto-engaño les lleva a luchar para nada, y es para nada porque tu lucha te va a llevar igualmente a morir, ya puedes meterte en mil combates y en todas las guerras del mundo y luchar como un guerrero de la puta luz, pero caerás definitivamente y comprobarás que no eres nada y tu conducta habrá sido la común, la misma que todos tienen cuando visitan el mar… No serás nada ni nadie.

– Creo que ha llegado el momento de ir a casa.

– Yo también lo creo.

– ¿Vamos?

– No, vete.

– No pienso dejarte sola, además voy a acompañarte a tu casa.

– No lo harás. No quiero que me acompañes.

– Entonces me quedo.

– Está bien me pongo las botas y nos vamos. ¡Uf, no me noto los pies, están dormidos del baño helado!

– Imagino.

Me he despedido de él y he caminado despacio hacia casa. Ha sido una noche bastante absurda, pensar en voz alta al lado de un desconocido ha sido un error. Uno más en mi lista interminable. Ya no tengo la sensación de embriaguez, la brisa marina de la madrugada y el agua fría me han devuelto la cordura mental. El paseo en soledad me está haciendo bien. La soledad me sienta muy bien aunque al resto del mundo le parezca que no. ¿Qué saben ellos?… Lo que yo sabía es que encontrarme iba a ser  una desgracia para Javier. Hoy no podrá conciliar el sueño al conocer a una chica de esas locas suicidas y pensar cosas en bucle le llevará a un insomnio seguro.

Creo que mañana llamaré a Carlos, es el mejor psiquiatra que he tenido en toda mi vida, sin embargo él no evitará lo inevitable. No tiene titulación para eso. Yo voy a elegir mi muerte, el dónde y el cómo, el porqué me lo llevaré conmigo ya que nadie quiere entenderlo. Empiezo a notar esa sensación de vacío cruel y de dimensiones enormes, tan grandes que se desbordan en mi cabeza. Empiezo a sentir que no soy yo aunque nunca me haya encontrado del todo, esta sensación es la que me lleva a ese punto, y todavía no quiero porque necesito algunos paseos más de tanteo, necesito asegurar la tercera ocasión porque a la tercera va la vencida, y necesito que ella me venza cuanto antes. Esto es insoportable, insostenible, casi todos los días abro mis ojos y siento que me ahogo, mi respiración es la que me ahoga, no la necesito para vivir porque no quiero vivir, no amo la vida. Yo no sé amar. Nunca he amado nada. Nunca  a nadie.

Ahora que lo pienso, ¿cómo sería así?… Tumbada, esperándola:

¡Joder, tengo que hablar con Carlos, no puedo esperar a mañana!

Sofya Keer

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La mía se titula A Summer Place

Pasar por el canal del parto no tiene que ser nada fácil aunque te ayuden. Pero claro, si hay que nacer se nace y si no se aborta, aunque puedes nacer y morir porque de hecho naces para eso, pero el sentido de todo esto es tan simple como… ¿Cómo explicarte?… Selecciona uno de los temas de música que más te guste, ponte unos auriculares para que nada ni nadie te molesten. Escúchalo. Siente la música como si a partir de mañana ya no pudieras volver a escucharla. Atiende a lo que te digo, nunca más porque mañana morirás.

Escuchando la música trata de imaginarte cómo es eso de no sentir, cómo es eso de no respirar, ¿cómo es eso de que ya no vas a estar?… Pero piensa además que esa canción seguirá sonando, y serán otros los que la escuchen y alguien como tú en vísperas de su muerte comprobará con estupefacción que nada es importante cuando ya no puedes escuchar esa música. ¿Sabías que durante todo este tiempo que la has estado escuchando todo era igual?, nada era realmente importante sólo que tú no eras consciente y no podías llegar a este entendimiento subliminar. Y mortal.

Entender la mortalidad es sin duda estar por encima del bien y del mal partiendo de la base de que ambos son sólo conceptos y por eso podrían no existir materialmente, entenderla es estar por encima de lo humano y lo divino pero también sería comprender lo que queda justo entre ambas cosas, entiende además que lo humano es una falacia y lo divino un engaño. Es aprender a leer entre líneas, eso es entender la condición de mortal. ¿Y si en lugar de saber que mañana morirás te diesen la oportunidad de volver a vivir tu vida tal cual ocurrió?, paso a paso, traspiés, avances y tropezones incluidos, tal cual la has vivido, ¿tal vez mal vivido?… Pues hoy arriesgo a decir que escogerías volver a escuchar esa canción para morir tranquilamente al amanecer del nuevo día. Tu último día. ¿Para qué más de lo mismo?…

Cuando todo pierde importancia empiezas a valorar lo que es realmente importante. Para entonces ya es tarde porque eso de que nunca es tarde es otra mentira podrida, un triste y decadente consuelo de nuestra especie, ese recurso no renovable que es el tiempo pasa factura cuando de trenes que se te escaparon va el asunto. Y el asunto es serio pero en el fondo no es importante porque ser mortal elimina automáticamente toda la trascendencia de lo que ocurre en tu vida, en las ajenas y en las del mundo entero. Sin embargo que no cunda el pánico porque a la muerte no hay que temerla, según dicen las malas lenguas cuando tú estás ella no viene y cuando ella viene tú te vas, así que no debemos tener miedo a morir. Es así de sencillo, si tú estás ella no y a la inversa. Como ves algo intrascendente, sin la menor importancia. Por supuesto mi tono rezuma ironía.

Escuchando esa canción y sabiendo que mañana emprenderás el viaje definitivo, vendrán a tu cabeza recuerdos de tiempos pasados que no te detendrás a pensar si fueron mejores o peores porque ese juicio de valor sería algo inútil y bastardo. Ya sabrás por lo vivido que todo lo que no da fruto no es realmente importante, de adornos y ornamentos vamos sobrados desde que nos alumbran hasta que nos apagamos, deslumbrar sólo deslumbra lo trascendente y la trascendencia es relativa y elástica cuando el destino es mortal. Y mortal de necesidad no hay nada porque con la muerte nada hay y aunque estemos vivos por un tiempo, más largo será el tiempo que permanezcamos muertos. Y en este punto debo mencionar que la inmortalidad es una construcción humana que como tal se cae y de desmorona con el cerebro perecedero que juega a inmortalizar a alguien.

Y todo esto no es más que una manera de pasar el rato, es un intento de darle importancia a este espacio de tiempo en el que vas a escuchar en bucle ese tema que tanto te gusta porque no sabes lo que ocurrirá mañana, y lo peor es que tampoco sabes muy bien para qué viniste a este mundo ingrato en el que los hombres sin importancia juegan a ser importantes y la medida de la importancia tiene que ver con las posesiones materiales. Así que escuchando esa canción también llegarás a la conclusión de que lo mejor que le puede ocurrir al hombre es morir, o si no quieres arriesgar tanto por lo del qué dirán, lo mismo piensas que lo mejor para el humano sería entender que mientras está vivo nada es lo suficientemente importante porque el pasado no está, el futuro no existe y el presente dura lo que dura esa canción.

Por cierto, ¿cómo se titula la tuya?…

Sofya Keer

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Flores a tu tumba

De vez en cuando me gusta recordaros que podéis leer mi novela de manera gratuita y en formato blog. Es una historia de mujeres apta para hombres, cargada de emociones, drogas y sexo vacío. En resumidas cuentas, tenéis vida y tenéis muerte en 35 capítulos. ¿Así que porqué no os arriesgáis ahora que aún tenéis existencia?... Quiero aprovechar mi publicidad engañosa, para agradecer a los que ya están leyéndola su interés. Las estadísticas de lectura del blog me siguen sorprendiendo, y creo que necesito pensar que no es porque se trata de una novela de lectura gratuita.
Ahora en serio, muchas gracias a todas y a todos.
Sofya Keer
https://floresatutumba.wordpress.com/

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Eres hermosa, pero morirás

La vida son trenes que van y vienen, traen gente y también se la llevan.

El olor a café me sienta bien. Necesito embriagarme con su aroma antes de tomarlo. Es un ritual matutino que me relaja, es pura necesidad porque no hay nada dentro de mí que esté en su verdadero lugar. Incluso tratándose de sitios absurdos  las cosas deben estar en su lugar, no en otros. Y las personas igualmente. Después llega el momento en el que me tomo el café caliente y recién hecho, entonces pienso en que la felicidad a medias es más bien tristeza, pienso en el don de la ubicuidad deseado e inexistente, pienso en los títeres y en los titiriteros y también en las mujeres que como yo prefieren bailar solas… Como de costumbre a medio vestir escucho música con ese primer café y sorbo a sorbo voy marcando el compás con el zapato. En breve saldré corriendo hacia la oficina donde pasaré ocho horas intensivas e intensas intentando solucionar vidas ajenas mientras dentro de mí nada está en su sitio. Y no, no es una paradoja es algo mucho más grave, triste y turbio. Realmente es algo sucio y canalla. Y lo hago con una indecencia nimia que delata mi condición de humana turbia, sucia y canalla.

Hoy estoy especialmente sensible y aunque no voy a llorar los recuerdos me llevan a ese punto en el que desearía quedarme en casa encerrada, con los víveres necesarios para pasar el resto de la semana sin hablar ni relacionarme con nadie. Sin intentos de solucionar vidas ajenas mientras los cimientos de la mía amenazantes sobre las arenas movedizas de mi historia, me recuerdan que todo va mal. Y no es algo, es todo.

Lo siento por esas mujeres que no aceptan los piropos masculinos, pero sé que a ninguna, y hablo de ninguna fémina en el mundo entero ningún hombre le ha dicho jamás lo que él me dijo a mí mientras caminábamos por el centro de la ciudad. Nos cruzamos, él iba y yo venía y entre idas y venidas nuestras miradas se encontraron. Paró en seco justo delante de mí, de ese modo me frenó irremediablemente y entonces dejó caer su piropo:

– Eres hermosa, pero morirás.

Del mismo modo, es decir irremediablemente me enamoré. Con el tiempo pasando y durante nuestra relación descubrí que realmente me había enamorado de la profundidad de aquellas palabras. No de él. Sin embargo como la vida está hecha de errores y fracasos, erré y fracasé, pero el consuelo de que aún tenía vida me ayudó a dejarle. Y le dejé, pero no pude dejarle claro que el motivo real era que su piropo fue tan lacerante y abismal que quedé tocada para después hundirme.

Cuando te hundes te sumerges y te vas al fondo, te quedas totalmente dentro y desde tu interior te ves obligada a plantearte cosas como flotar, superarte, animarte, y si la generosidad de tu espíritu consigue emerger hasta te planteas vencer… Vencer a la pena, al dolor, a la rabia, a la ira, y si no vences al enemigo te conviertes en una vencida, y como tal eres una derrotada a la que las pasiones, los sentimientos y los impulsos dominan. Y lo hacen de ese modo, irremediablemente.

Entender que la vida es esto ayuda mucho y aunque es una alternativa es más que válida cuando no ves la solución. Si además consigues darle a todo la categoría de inconveniente y no la de problema, si consigues verlo así ya estás salvada. Y salvarse es librarse del peligro, es evitar riesgos o dificultades, es rebasar cierta altura elevándose por encima de ella. Altura y altitud son lo mismo, y no hay mayor caída que la que sufres cuando caes desde los picos extremos de tu inestabilidad emocional.

Si soy o no hermosa eso es discutible, lo que no se puede discutir es mi condición de mortal y tampoco el hecho de que a ninguna mujer del mundo un hombre le haya dicho un piropo como este.

Sofya Keer

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Estíbaliz es nuestro nombre y la desilusión nuestra bandera

Perder la ilusión es morir y morir en vida lleva un porcentaje considerable de la herencia de nuestra basura genealógica y otros restos colindantes. Pero esto no puede saberse desde lo superficial. Todo en nuestras existencias es epidérmico y desde ese punto no podemos llegar al fondo de nada, y como el que nada no se ahoga yo surqué los mares para conocer la historia de mis ancestros, todos ellos muy decepcionados.

Mis tatarabuelos vivieron enfermos y desilusionados hasta el final de sus días. Mis bisabuelos perdieron la ilusión y murieron en vida muy pronto. Mis abuelos la perdieron completamente viviendo juntos y desenamorados de manera mutua durante sus vidas tristes y longevas. Mis padres sufrieron la misma desdicha cual maldición cuyo poder mágico llevara consigo el deseo maligno de que sus existencias tuvieran de todo menos ilusión.

Así que yo nací desilusionada, incluso en la noche de Reyes yo siempre estaba más pensativa que deslumbrada, no conseguía entender aquella extraña magia de que aquellos tres hombres montados en sus camellos hicieran algo tan increíble y fantástico en una sola noche. Cuando descubrí el fraude navideño disfruté mucho al sentirme más inteligente que el resto de los niños y niñas que creían con ilusión aquella extraña magia inconcebible para mí. Yo era la más inteligente y también la menos ilusionada, pero mi carga ancestral era la losa de frío mármol que aún arrastro… Y sin duda es fría como el mármol de mi Panteón familiar.

Sin embargo en mis descubrimientos allende los mares, he tenido momentos realmente hermosos porque la tristeza es bella y si la celebras mojándola con lágrimas puedes llegar a alcanzar un nivel de entendimiento muy importante. Yo puedo entender perfectamente el desencuentro, el desamor, la enfermedad y la soledad que les acompaña sin reservas. Yo soy capaz de encontrar en ellos el eje central del engranaje de cualquier existencia, el argumento del sentido o el alegato de la sinrazón. Yo puedo con todo desde la frialdad de mi desilusión heredada. Descubrir un viejo diario de tu bisabuela es algo conmovedor, su ortografía trabajada sobre unas hojas amarillentas con aroma a nostalgia y desengaño fue mi hallazgo más celebrado. Un diario repartido en cinco cuadernos de tapas duras que he tardado mucho tiempo en leer y no sé cuánto tardaré en digerir. Sin embargo cuando te tragas la ilusión ya nada se te puede indigestar, así que ando llorando por mis rincones predilectos sabiendo a ciencia cierta que mi rostro es su vivo reflejo, y mi mirada perdida, distraída y triste es sin duda la suya. Puse su foto en un marco  y cuando alguien viene a casa y lo ve siempre se crea una fascinación irreprimible ante nuestro parecido físico pese a la realidad. Y no me puedo ilusionar porque me desilusiona más el hecho de no haberla conocido, pero no es sólo nuestro parecido físico que se aprecia indudablemente en esa vieja fotografía lo que me conmueve, es nuestro sentir, nuestro intelecto, nuestro raciocinio lo que me dejó realmente fuera de juego. Y esto lo he podido ver en todas y cada una de esas páginas de ese diario en cinco partes. Algo impresionante. Leerla ha sido leerme a mí misma y en esta lectura inesperada me he encontrado cara a cara con mi propia desilusión que antes fue la suya. El bisabuelo tardó poco en descubrir las cartas que ella intercambiaba con el amor de su vida, uno de sus primos hermanos del que lógicamente la familia la separó sin titubeos por motivos obvios de época. Según su diario, el bisabuelo interceptó la que fue su última carta y tirándola al suelo le propinó un tortazo que le hizo girar la cara, cuando mi bisabuela giró su cuello y la llevó de regreso al sitio inicial, dice textualmente que quedó mirándolo fijamente sin derramar ni una sola lágrima. Desde aquel preciso instante todo se rompió, su vida se hizo añicos y él organizó una mudanza al otro lado del mundo. Así que hasta que murieron vivieron en una casa de campo de estilo clásico en Argentina. Lejos de todos los amigos y de ambas familias. Él la quiso castigar de ese modo, aislándola, pero su castigo fue mayor y sé de lo que hablo. Su mujer vivió con él amando a otro y los dos frutos de esa unión forzada y forzosa fueron dos abortos. Con el segundo ella habló en secreto con la matrona y le pidió por favor que la vaciase. Le contó su historia y la doctora contribuyó y engañó al bisabuelo diciéndole que era necesario para que su esposa no muriese. Para él ella perdió todo su interés pues tenía 25 años y ya no era una mujer completa, así que ella pensó que por lo menos ya no tendría que soportar más violaciones en su matrimonio. Sin embargo esto duró solamente dos años hasta que una noche mientras la abuela dormía notó como él se metió debajo de las sábanas, subió su camisón, bajó sus bragas y comenzó a lamer y a chupar con una ansiedad asquerosa e insoportable los labios de su vulva, su clítoris y la entrada de su vagina. Según escribió en su diario gritó y le golpeó con sus manos en la cabeza pero él siguió hasta que bajó sus pantalones y con la erección prominente de su miembro viril la penetró incansablemente hasta desgarrarla. Estuvo hospitalizada dos semanas en las que leyó y escribió sintiéndose más aliviada sin él, pero su vida tuvo muchos episodios de estos que la convirtieron en una mujer fría y desilusionada hasta las últimas consecuencias. Y es que fue ella la que por encargo pagó a un sicario para matar al bisabuelo. Así está escrito y aunque estos diarios han pasado por las manos de mis abuelos y de mis padres, al parecer nadie llegó a este capítulo, o si alguien llegó guardó silencio para siempre.

De mi bisabuela además tengo el nombre, y de tantas cosas que tengo de ella desde que empecé a leer su diario, cada día me guardo un espacio para imaginarla y como no podía ser de otra modo, lejos de ilusionarme me desilusiona que no hayamos podido coincidir en ninguno de los capítulos de su vida, aunque sólo hubiera sido en alguna página de alguno de esos cinco cuadernos, ya que nuestro ADN nunca podría coincidir.

Ella leía y escribía en secreto, leer y escribir eran su refugio, por eso sabía lo que era el clítoris y muchas cosas más que otras mujeres ignoraban entonces. Por eso tuvo la fuerza de hablar con aquella matrona y pedirle la operación, por eso no lloró cuando él cruzó su cara con una bofetada, por eso pese a estar casada se carteó con su primo hermano, por eso contrató a un matón para que acabara con su pesadilla. Por eso cuando la amante de mi bisabuelo durante esos dos años en los que no tuvo sexo con ella, se presentó en su casa con mi abuelo en brazos que era el fruto de aquella infidelidad, ella no titubeó ante el abandono de su madre biológica y lo crió como a un hijo, de hecho mi abuelo siempre habló de ella como de su madre.

Por todo esto me siento orgullosa de mi basura genealógica y de sus restos colindantes y además me gusta mi nombre porque es el de ella… ¿Qué más puedo pedir a la vida?…

Estíbaliz es nuestro nombre, la desilusión nuestra bandera y yo mañana tengo una cita importante con alguien que se encargará de acabar con mi pesadilla.

(Nota a pie de página: Hay personas que no tienen nuestra sangre sin embargo se parecen a nosotros porque todos tenemos un doble. Ella era mi doble y siempre será mi bisabuela, aunque mi abuelo no fuera fruto de su vientre. Lo importante realmente es que no fue el fruto de aquella unión nefasta con el bisabuelo.)

Sofya Keer

Mother-Daughter

Querido diario

Compleja, filosófica, pesimista y nihilista. Estoy condenada, pero mi vida no es una existencia al uso, más bien diría yo que al desuso porque no es como las del resto, mi vida no es vegetativa. Superé el apego inseguro cuando mi madre nos abandonó a mi padre y a mí, desarrollé mi inteligencia emocional gracias a él y a mi abuelo que siempre han estado en mi vida. Ellos supieron criarme, quererme y cuidarme, por eso nunca tuve falta de confianza ni sufrí el deterioro del sentido de mí misma, ni tampoco tuve problemas o dificultades con los límites interpersonales.

Tras estudiar la carrera de Filosofía y Letras elegí el aislamiento sin sentirme aislada, pues para mi pesar lo que sobra en el mundo son personas, esos seres que se diferencian por géneros y se agrupan a su vez en la denominada especie humana. Decidí bastante pronto no tener pareja. Yo nunca voy a establecerme con nadie porque ya estoy establecida muy bien así, sola. Estoy comprometida conmigo misma y con mi causa y desapegada del resto. Mi teoría es que el mundo se mueve y en sus movimientos desprecia y desestima al pesimismo. Esto no es real, no es realismo, no la realidad.

Soy profesora y un alumno en mi clase expresó su terror al dolor. Yo le dije que lo peor no es el dolor porque lo peor es la futilidad. Hilé fino y maticé:

– No hay nada peor que una vida fútil.

Mi alumno con una tremenda voz apenada me preguntó ante toda la clase:

– ¿Y qué es la futilidad cuándo sabes que tu vida es corta?

Este alumno falleció a las tres semanas de esta intervención en el aula. Ese día le habían diagnosticado un cáncer muy agresivo de páncreas. Me dijo que había decidido seguir asistiendo a mis clases hasta el final porque le hacían mucho bien, y cuando el mal está hecho sólo queda hacer el bien, y si es mucho pues mejor.

Mi esencia es el conflicto y no podría concentrar mi vida en un solo instante porque mi existencia es una cadencia atormentada de momentos en los que me entrego intensamente como si no hubiera un mañana a mi hermetismo y a mi centrifugado mental. Esta implicación o característica de mi personalidad me impide discernir qué o cuál momento resalta sobre el resto.

Ni cuando la conocí a ella recuerdo ese instante como el más destacable en mi vida. Jamás le otorgaría ese reconocimiento a aquel momento. Y ya que ha surgido, reconozco que la vi y me vi a mí misma. Una belleza oscura con un rostro triste que en mi caso pone cachondos a los hombres, y en el suyo al parecer a quien puso a tono fue a mi padre. He comprobado que la tristeza tiene un componente erótico y sensual muy demandado por el género masculino. Follársela es un trance hipnótico con una carga emocional muy potente, me refiero al miedo o pánico que ocasiona el hecho de ser o estar triste. Sí, a la tristeza es mejor follársela que poseerla. La gente se equivoca, follar no es poseer. Los hombres necesitan estar alegres que no felices, y vivir en la superficialidad de las cosas. Son alegres superficialmente. Eso es lo que cuenta, lo que se ve en apariencia. Pero la realidad de las profundidades es algo que nunca viene a cuento con ellos. Y de esto hablé con mi madre cuando nos reencontramos, porque ella demostró tener bastante desarrollada esa parte masculina, ese vivir en la superficialidad. Lo que alegó para justificar su abandono fue que era muy joven para tener ya esas cargas familiares y según ella, de lo que tenía edad era de viajar, conocer otros hombres y vivir en comunas hippies con huertos ecológicos. Yo sentía la necesidad de preguntarle por qué lo había hecho y en su respuesta me vi a mí misma, con la diferencia de que yo no traeré hijos al mundo para no tener que abandonarlos, porque tal vez lo haría; ella lo hizo, ¿no? Cualquier mujer puede hacerlo. Quedé agradecida por este encuentro. Con él até cabos sueltos en mi vida y solté el lastre que arrastraba. Cuando me preguntó que por qué estudiaba filosofía y letras le contesté:

–  Para sentirme más sola.

Ya no hubo más preguntas. Quedó claro que yo era su hija y ella mi madre. A lo largo de mi vida he conocido historias en las que eran los padres los que abandonaban a los hijos y a sus mujeres que eran ante todo madres. Cuando yo digo que fue la mía la que lo hizo, en ocasiones puedo hasta escuchar discursos a favor de ella en cuanto a su actitud innovadora y transgresora para su género, y por supuesto para el rol de una madre que decide de ese modo dejar de serlo. Aparte dejo el debate ético o moral de lo que es o no correcto o procedente, y aparte también desecho el discurso de las obligaciones filiales que son cargas realmente. Rol que no asumió, pues en el fondo actuó como continente que tenía un contenido al que dio a luz y después se deshizo de él porque tenía claro que no quería ser madre. Lo que no tenía claro al parecer es que acostándose con un hombre se corren riesgos de ese tipo. Luego lo vio nítido y meridiano por eso huyó. Y yo soy ese contenido complejo, filosófico, pesimista y nihilista.

Pero afectada realmente y herida de trauma lo estoy por mi abuelo, al que quise como a una madre porque padre tuve, y él no me abandonó ni cuando le dije que quería estudiar filosofía. Mi abuelo fue uno de esos hombres que decidió elegir el momento de su muerte. Tiene muy mala fama el suicidio, yo no la comparto. Llegué de la facultad y lo vi colgando del techo. Se había molestado en descolgar la araña del salón y ahí colgó la soga mortal. Su rostro tenía ya un color azul morado. Lloré desconsoladamente porque yo sabía todo lo que había sufrido al ver a su hijo sacar adelante a su nieta. Yo sabía que antes ya había sufrido con la larga enfermedad de la abuela, que durante quince años había estado empalmando un cáncer con otro hasta que una leucemia galopante se la llevó. Yo ya sabía que estaba harto, tan harto que no pensó en el impacto que ocasionó en su nieta ver aquella escena. En su carta de despedida y cierre nos decía a mi padre y a mí que le habían diagnosticado un tumor cerebral terminal y no quería sufrir ni hacernos sufrir a nosotros. Así que a pesar de todo, hay que cantar y aprovechar que el otoño entra en el jardín para ser frío como el mármol bajo el ciprés. Actitud y dirección van de la mano, así es como yo me voy levantando de las caídas, así y con mis particulares viajes intimistas y simbólicos. Yo idolatro el sinsentido de nuestra especie que tiene una belleza misteriosa, burda y cruel. Debo confesar que la desolación me entretiene mucho. Lo cierto es que no me cansa. Nunca había visto a un ahorcado balanceándose, y verle a él ha sido terapéutico. Si antes siempre había un punto lejano en el que perderme ahora ya no lo necesito. Ahora encuentro una forma retorcida de enderezar las cosas y eso me funciona. Si antes necesitaba paseos para buscar soluciones racionales a mis problemas, ahora el cambio es más sofisticado y complejo: le veo a él balanceándose y ya no tengo problemas, son solamente inconvenientes. Lo que hizo no es atroz. La humanidad está en la sombra y nuestras existencias son demasiado anodinas. Lo peor es nuestra tendencia a plantearnos el sentido de la vida a toro pasado, eso es lo peor de todo. Eso y que cuando decides un ahorcamiento es algo definitivo y por lo tanto y definitivamente, ya no volverás a disfrutar con tu nieta de tardes lluviosas frente al fuego, de conversaciones divertidas, de risas y silencios reconfortantes. A cambio eso sí, al no respirar dejarás de sufrir.

No soy muy comunicativa pero cuando hablo se me entiende claramente. No me ando con rodeos, soy directa y por eso puedo parecer maleducada, pero nada más lejos de la realidad. Digo lo que pienso porque me educaron de esa manera. Esto no es bueno ni malo. Tengo una madre que me abandonó y a la que no le guardo rencor, un abuelo que adoré y eligió una muerte muy dura y se lo perdoné desde el mismo instante en el que le vi con su piel azul-morada. También colecciono hombres que me han usado porque les gusta acostarse con mujeres tristes y son libres al elegir sus parafilias. Yo lo respeto porque también les uso cuando mi onanismo y mi tristeza flaquean y necesitan emociones más fuertes.

No me quejo de lo que tengo y he alcanzado, no me avergüenzo de mis raíces ni de lo que soy, no espero mucho de la vida y nada de nadie. No quiero hablar de mi padre porque es mi héroe y me quedaría corta hablando de su esencia y explicando su materia. No es que me sienta dichosa porque no estoy hecha de plenitudes ni llenuras, pero no puedo pedir más y menos mal que no puedo hacerlo.

Ahora tengo claustro. Durará cerca de dos horas. Hoy saldré de noche de la Universidad. En este rincón de la terraza de la cafetería de la facultad es donde tomo mis cafés y me pierdo con este diario que espero y deseo, que alguien descubra y lea cuando yo ya no esté. Es el diario de una mujer triste y en él sólo se podrán leer tristezas. Así que hoy voy a lanzarme al abismo y por lo menos voy a ser agradecida:

Gracias mamá. Gracias abuelo. Gracias papá.

Sofya Keer

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La tía Gertru

Hay un asunto que no concierne a nadie, el hecho de que mi vida carece de sentido. La trascendencia de esto es considerable pues en el fondo nunca cambiamos de vida porque sólo vivimos una. Sólo tenemos una y solamente perdemos una. Pero acabamos acostumbrándonos a todo y en el fondo cada día estoy más de acuerdo con lo que me dijo la tía Gertru en su lecho de muerte:

– Nena, anímate y piensa que en el fondo nunca se es completamente desgraciado.

Y se estaba muriendo, así que gracias a ella no me siento demasiado desgraciada. Me gusta acumular conocimiento en la mesa del despacho, eso me permite pasar horas y horas aislada, porque con la gente en general hay muchas cosas de las que no me permito hablar. Prefiero quedarme amodorrada bajo el sol, fumar mirando el mar, desequilibrarme deseando a un hombre y destruir así el equilibrio de mis días, antes que hacerlo por haber tenido que mantener una conversación falsa o superficial.

Anoche me bebí una botella de vino yo sola. Por un intervalo de cuatro horas estuve recordando momentos especiales de mi vida. Recordé la noche tan accidentada en la que nos conocimos, él iba con su esposa y yo con mi pareja. Recordé que el sexo era de calidad pero no podía soportar su cháchara vacía idéntica a la de mi parentela en las comidas y eventos familiares. Recuerdo cuando la tía Gertru que era la única del clan que no se ahogaba en las profundidades del ser y el asumirse, me decía:

– Querida sobrina, el secreto está en matar el tiempo y que él no te mate a ti aunque acabarás muriendo, pero empieza a entender que hay muchas maneras de morir.

Recordé que yo antes con la lluvia lloraba y ahora prefiero un buen vino en soledad, recuerdos endebles y acabar riendo estrepitosamente. Prefiero esto a llorar. Con o sin lluvia. Pero no hacerlo bajo ningún concepto. Ya no…

Hoy es lunes, la vulgaridad triunfa y ambas cosas me vacían insensiblemente.

Anoche recordé también cuando me pidió matrimonio. Obviamente le dije que no, que eso no ocurriría jamás. La tía Gertru cuando se lo conté me miró trascendente y dijo:

– No lo hagas. Casarse no significa necesariamente querer a la persona pero siempre significa acostumbrarse a ella. Yo hubiera preferido no casarme con tu tío y poder quererle sin acostumbrarme a él, así la pasión nos habría durado un poco más, no tengo ninguna duda. Ni tan siquiera le digas que te es indiferente, simplemente niégate, que tu alma no lo acepte todo porque el tiempo no echa el ancla.

Su testimonio me pareció aplastante y aunque soy una mujer triste y severa sus palabras me llegaron tan hondo que tocaron fondo y al caer en mi vacío interior me devolvieron el eco de mi llanto ahogado.

En el minuto anterior a su sedación cogí su mano y le dije:

– Tía, ¿qué es la muerte?

Con una sonrisa triste y severa apretó mi mano y con sus afectadas y débiles fuerzas por la cruel enfermedad me susurró lo siguiente:

– Hoy siento que la idea de la muerte es una de esas ideas exageradas que nos hacemos de las cosas que no conocemos. Y hoy moriré. Recuerda siempre nuestras charlas remojadas y con olor a sal, te quiero más que a mi vida aunque no es un buen momento para decirte esto, ¿verdad?…

Reímos por última vez juntas mientras la buscapina y la morfina le ayudaban a cruzar al otro lado.

Hoy no beberé ni recordaré nada más. Nada más…

Sofya Keer

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