La gente se equivoca

“La gente se equivoca, es la muerte la que nos destroza no la idea de la muerte”, desde que leí al novelista inglés Edward Morgan Foster no he dejado de leer su obra, aunque de esta cita tengo mi particular visión…

La gente se equivoca cuando ve en los cementerios y en los tanatorios la galería del terror porque realmente son el epicentro de ese cosmos desconocido e indómito que nos negamos a asumir como nuestro, pero son la contradicción y el desorden los que no nos dejan ver más allá, y sobre todo es la vida, el hecho de estar vivos es lo que más nos daña, yo pienso que no nos deja estar a la altura filosófica… Me explico, la vida nos distrae de lo esencial, nos humilla, nos martiriza, en millones de ocasiones pasa sin dejarnos desenterrar nuestro auténtico ser, sin descubrir sus leyes, sus valores… Desde la vida todo es vago, fluctuante, subjetivo y caprichoso. La vida puede llegar a ser repugnante de un modo hermoso por esto y por infinidad de cosas más.

La vida es como beber a jornada completa, es como estar colocado de ácido, nos situamos en el lugar apropiado cuando morimos, así es como saltamos definitivamente a la palestra, después de nuestras trayectorias fulgurantes de asco, odio y soberbia, con o sin arrepentimientos, con o sin pudor, descaradamente o a hurtadillas, pero finalmente salimos de la vida para adentrarnos en ese cosmos desconocido que muy bien podría ser la nada más absoluta… Pero, ¿y si es un placer oculto de blancura lechosa y con un desnudo espectacular y vibrante?, ¿y si es una reacción de defensa?, ¡sí, un burdo modo de protegernos!, ya se sabe, se puede calumniar al contrincante o borrar su recuerdo… La muerte borra a la vida, la borra entera, no deja ni rastro de ella, no deja evidencias ni de los malos amantes ni de los portentosos, ni de lo deleznable, ni de lo maravilloso, ni de … Y si deja rastro desde ese mismo instante se inicia un nuevo drama… Un drama vivo.

La gente se equivoca con la muerte porque no sabe lo que es realmente la vida, para qué sirve y porqué le ha tocado vivirla.

La gente se equivoca, y yo con ella.

Sofya Keer

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Cartasamilena@gmail.com

Cuando me lo propuso yo acababa de finalizar la lectura de Cartas a Milena de Franz Kafka y le contesté con una de sus citas:

“Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas”

Fue un acto reflejo de resistencia tonta pues no había nada en ese puñetero momento ni en toda mi puñetera vida que me resultara tan excitante y romántico. La felicidad tiene su cultura y en la cultura de la felicidad no hay capacidad para razonar, sólo con vivir en la ociosidad, sólo el hecho de pensar que nos acercaríamos de puntillas a una escena que nunca ocurrió pero que ambos deseábamos, solamente estos nimios detalles eran ya la premonición absoluta aunque se dice de la absolutidad que es imposible. La soledad es muy puta, las emociones contenidas miserables, la cobardía ante el cambio un lastre que damos a luz cuando nos alumbran y perdura hasta que se extingue nuestro latido, así que acepté gustosa mirando fijamente sus ojos, sabiendo que tras esa mutua y profunda mirada, excitante a la par que romántica no habría beso… Ni uno ligero rozando nuestros labios, ni uno húmedo e intenso de boca abierta, no habrían besos porque nunca los hubo, son las cosas del no puede ser, que son muy putas y miserables también… Sin beso cerramos el trato o pacto o lo que quiera que sea, nos escribiríamos cartas expresando lo que habíamos callado durante todos estos años en los que fueron nuestras miradas, nuestras palabras y nuestras acciones, las que insinuaban aquello que para nosotros era impronunciable. El juego de la sinceridad de nuestros ojos pasó a mejor vida aunque es inevitable cuando coincidimos, pero ahora nos expresamos con palabras a través de dos cuentas de correo electrónico abiertas en canal y creadas para tan apasionada ocasión, que no noble…O sí, tal vez sí…

Llevamos cerca de un año, y nos quedan tantas cosas por decirnos y por compartir que tal vez nunca dejaremos de hacerlo. En mi bandeja de entrada hay cartas de tremenda nostalgia y sensibilidad, las hay divertidas cargadas de locuras y sueños juntos que en sueños quedarán, hay cartas de contenido erótico y sensual, las hay de corte sexual en las que decidimos introducir el juego del onanismo, hay otras en las que se masca la tragedia del querer y no poder, las hay de enfado y rabia ante el hecho de no poder materializar lo platónico, relegadas a la papelera sin eliminarlas para mantener a tope la retorcida emoción de que a los treinta días gmail se encargará de borrarlas del mapa, y entonces apurar el plazo, y justo en la víspera intentar recuperarlas muerta de la risa mientras apuro un porro de marihuana… Las hay largas, como esas conversaciones que se mantienen con damas de verdad, las hay breves y directas como los hombres solos con prostitutas… Pero ninguna logra vencer al olvido, ¿y para qué vencerlo?, ¿acaso estamos aquí para ganar o para proclamarnos victoriosos?, ¡qué tontería!, no se puede ganar cuando naces perdedor, y todos somos perdedores por nacer humanos y mortales.

Ahora  me apetece escribirle algo…

Decirle que… Que, ¡bueno!… Creo que es lo mejor que me ha pasado, aunque si dudo, porque creer no es saber, tal vez él sea lo peor que podría ocurrirme.

Sofya Keer

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Mirarse en un espejo agrietado

No es mi novio, follo con él. Es experto en trigonometría pero lo que más me atrae de él es que le llama la atención el asunto ese turbio del turismo espacial, un potencial todavía sin explotar que me parece muy atractivo, me suele ocurrir con las cosas que no puedo desentrañar, me parecen irresistibles y atrayentes sobre todo porque no me enseñaron a soñar y con ellas sueño fácilmente, no demasiado, pero sí a intervalos intercalados, lo cual para mí es ya mucho.

Él me corta el aliento con cada orgasmo, reúne requisitos porque es perfecto cuando no hay sentimientos ni para comunicar ni para reservarse. Con él es el placer el que está en el aire y no el amor, es esa sensación de cuando no hay escapatoria, una avalancha para los sentidos, una combinación insuperable.

No me gusta que el teléfono interrumpa mi análisis mental, pero está sonando, siempre me pasa, siempre pasan cosas, “siempre donde quiera que vayas te encontrarás con un drama” eso me lo decía el abuelo, y luego añadía: ”Pero tú debes aprender a disfrutar con el sufrimiento propio, no con el ajeno, cariño”… Sí, el abuelo era tremendo, era tremendamente especial…

Mi familia es una lata, el abuelo era diferente a ellos, cierto que el hombre nunca fue unas castañuelas, sin embargo de tan discreto era como invisible, y eso es una cualidad que me fascina porque nunca he sabido cómo se hace, ¿cómo un hombre de cerca de metro noventa pasaba tan desapercibido siendo la media de uno setenta y tres?… ¡Pues lo hacía! y lo hacía muy bien… La abuela se separó de él porque decía que estaba profundamente trastornado, una exquisita metáfora para hablar de un adicto al sexo, en aquella época les llamaban puteros, pero a mí en estos casos y por ser él, siempre me gusta decir aquello de que la gente no es siempre lo que parece, o si es una comida familiar uso la excusa de que voy a apagar un fuego, o a enterrar fetos, me levanto y desaparezco para no escucharles… ¡Joder!, ¿es que no hay sitios bellos con piojos?…

A veces me quedo petrificada con mis ideas congeladas, sé que suena mediocre, pero es que lo que pienso me provoca auténtico espanto, tras cada una de mis cavilaciones se oculta el caos y mi mente luce lustrosa como una berenjena aunque alejada de la perfección de pensamientos y acciones, es mi lenguaje algebraico incompatible con la trigonometría el que me come las entrañas cuando me miro en mi espejo agrietado y le veo a él, y entonces su imagen rompe el silencio con mi llanto, él es mi abuelo, no el mequetrefe interesado en el turismo espacial… Cuando eres tu peor versión no ves en ello ni pizca de suciedad  y además echas de menos a tu abuelo porque fue tu padre, tu madre, tu hermano, tu mucho tu poco, tu blanco tu negro, tu nada… Tu todo… Cuando pasa esto la intemporalidad es tu peor enemiga.

Sofya Keer

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Las azucenas siempre tienen su sitio

Una tiene una idea de sí misma y no puede desligarse de ella fácilmente. Lo que sí asumo es que para que un cambio sea “un gran cambio” debe ser arriesgado, por ejemplo:

– Elige entre diván o tumba, ¿dónde prefieres reposar?…

Yo soy capaz de caminar descalza sobre cristales sólo para comerme un pastel de tres chocolates, no una tarta entera, y no me considero una mujer trastornada, sólo hay que entender mi temperamento y mis ritmos, aceptables cuando lo son, porque asumo que contra el tiempo es vana la lucha, y además es de una desfachatez ególatra que no me siento capaz de asumir, sobre todo porque mi ego anda en otras guerras de actitudes defensivas, relacionadas con hombres amorales y horribles que son la debilidad de mi yo, ¡o de mis yoes!… Me gustan los hombres amorales que huyen de mí en los peores momentos, ariscos y a ser posible con madres despreciables a las que pueda enviar el corazón de su vástago en una bonita caja… También me gusta decir barbaridades y no tener miedo a pronunciarlas, como acabo de hacer ahora mismo.

Mi transformación personal comenzó cuando dejó de darme miedo la vida, incluso pensé en la probabilidad de convertirme en un espíritu joven malogrado, y lo pienso todavía, también decidí dar credibilidad a las venganzas porque muchas de ellas la merecen, empecé a creer que la confianza se contagia como cualquier virus y aunque yo necesitaba algo sólido en mi vida, opté por beberme océanos de profundidad y oscuridad, y no era una cuestión de gusto estético, ni de toda esa mierda de la muerte elegida, las velas encendidas en mi honor o la idea romántica de que el principio y el fin están demasiado juntos… Era una cuestión de no convertir mi vida en un fracaso y por ello volverme loca ipso facto… Sé que todo esto puede parecer meticuloso, pero en el fondo es chapucero, el hambre humana es así, todos nuestros procesos son desordenados, nuestro crecimiento nos confunde, nuestros pensamientos, sentimientos, experiencias y recuerdos no son más que estructuras, y las estructuras en ocasiones caen con todas sus consecuencias y por múltiples causas. Nos hemos socializado en el mismo infierno y por eso no debemos fiarnos de nuestra felicidad, pero tampoco de la ajena.

Empecé a sentir que no se respetaba mi talento ni en casa, ni en la escuela, era como si andara toda mi puñetera vida buscando algo que no se ve, la gente lo llama destino o suerte, pero llegará el momento en que todos dejaremos de movernos y de buscar… Ahora me tiemblan las piernas y además este es mi taxi, dicen que la mayoría de las sobredosis son búsquedas de la muerte… La muerte y el silencio… La tristeza y el miedo…

– Las azucenas son símbolo de elección y de abandono a la voluntad de… A la Providencia, y yo siempre he pensado que los muertos se quedan en su casa, así que por favor, lléveme allí.

– Muy bien, pero ¿cuál es la dirección, señorita?

– Ah, sí! vamos a la calle de las azucenas, a la altura del parque por favor.

– Estupendo… ¿Se encuentra bien?… ¡Señorita!, ¿me escucha, está usted bien?… ¡Despierte por favor, despierte!…

Y es que dicen que la mayor parte de las sobredosis son búsquedas de la muerte.

Sofya Keer

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El candor de un animal primitivo

Mi especialidad es llegar tarde y con pelos de loca. Pero es que llego al lugar previsto, miro a mi alrededor y a mi cabeza acude este pensamiento: “Vamos a ver en qué lío me meto hoy”… Y acabo haciéndolo, me meto en algún lío que en ocasiones es como cuando fastidias algo, pero lo haces a lo grande. Siempre ha sido así, porque parece que para mí no existe el mañana y vivo el presente intensamente; mi abuelo solía decirme que yo sé dar emoción a las cosas inconscientemente, y eso era un piropo alejado de la objetividad porque yo era su nieta favorita, y lo subjetivo nunca tiene rango de ley, ni de regla, pero sí de creencia, y las creencias son una faceta muy importante en la vida de todo hombre que se precie, y de toda mujer…

Él desprendía un olor irresistible, supongo que el de siempre, pero al descubrirlo algo me atrajo hacia su persona. Nos miramos… Y en breve de nuevo, y de nuevo… Y otra vez… Siempre aprovechando los momentos en que su novia se distraía hablando con otros u otras asistentes a la macro fiesta… Era obvio que su relación hacia aguas o era una relación libre… De repente ella desapareció de la escena y empezó a sonar un pupurri de rumbas, me acerqué a él sonriendo y le invité a bailar, él dudó, miró hacia la puerta de salida que era también de entrada, pues al parecer ella estaba en los servicios, sonrió, y finalmente aceptó… Mirándole a los ojos le dije:

– ¿Sabes qué se dice de la rumba?…

Sonrió y me dijo:

– No, ni idea…

– Pues se dice de ella que es la expresión vertical de un deseo horizontal.

Rió sin apartar sus ojos de mis pupilas y dijo:

– ¡Pues qué cosas se dicen de ella!…

Rompimos a reír y bailamos hasta que ella apareció. Entonces el terror masculino se apoderó de él, su novia le había pillado infraganti bailando una rumba con otra mujer, y lo peor es que con ella nunca bailaba, ni rumba, ni tango, ni salsa, ni vals, ¡no bailaban ni sueltos, pero es que además se defendía muy bien en la pista!, pensó que éramos amantes desde hace tiempo y que íbamos a clases de baile de salón, ¡neurótica, histérica y psicosomática, que estrés en un nanosegundo!, él se convirtió en el horrible castrado, ¡qué horror más extraño y depravado!… Salí de allí corriendo mientras él la miraba a ella y después a mí, yo había ido a la fiesta para tomar algo, bailar y meterme en algún lío, no para simular un partido de tenis a ritmo de rumba bajo la bola de espejos girando… A ella y a mí… Y además el terror masculino que le convirtió en el horrible castrado de la macro fiesta… Salí rauda y veloz bordeando el abismo sacando de mi bolsillo el paquete de tabaco, otro amor muerto para mi colección de amores muertos, y mi honor rancio junto a mi lujuria secreta y la quietud de mis dedos traviesos… Mientras fumaba ya fuera del local entré en pánico, un pánico excitante y me pregunté: ¿A qué sabe la nada?…

Caminando lentamente en la noche decidí ejercer  mi auto-abandono después de exprimirme de nuevo y visité el cementerio para calmarme con su calma fría.

Llevo dos días encerrada en casa, mirando por la ventana, viendo el mundo desde aquí de un modo único y pensando que no puedo evitar esa especialidad mía de llegar tarde y con pelos de loca a los sitios, no puedo evitar tampoco meterme en líos, pero eso forma parte de uno de mis encantos más seductores, y es que tengo el candor de un animal primitivo.

Sofya Keer

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La odio por el templo secreto que habita en su interior

Hice una lectura ecléctica y veloz, casi instantánea, me estaba diciendo con su mirada de falsa timidez femenina, que cogiera el primer autobús y me marchase definitivamente… No era una fanfarronada… Yo ya no era su filósofo errante, ni un ser cósmico, yo ya no era inefable ni viril.

Cuando consideras que el ritmo es ya aceptable algo lo rompe, y de nuevo te ves arrítmico, bailando ridículo y solo en una pista desconocida y sintiendo que ha germinado en ti una idea psicópata, que por cobardía prefieres convertir en irracional, y aunque la música va por un sitio y tu por otro, sigues bailando y por dentro llorando preguntándote:

“¿Y si todo ha sido una mentira?”¡Joder!, la duda maldita que genera dudas infames…

Lo peor es que no consigues evadir las fantasías calenturientas de tu pene sucio y promiscuo que repugnante y obsesionado sólo sabe ofrecer más soledad, además el pensamiento repetitivo de que morirás pronto, que es un ultimátum y te advierte de que ninguna fue ni será como ella… ¡Pero ya qué más da!…

Organizaba su caos y yo no podía resistirme a su huracán psíquico, sabía cómo fabricar las psicomieles que mi cerebro necesitaba para poder dar la talla, pero eso era sólo una de sus más fantásticas destrezas… Lo más maravilloso, lo que la convertía en única e irrepetible no era su ADN, ella escondía un tesoro, un templo secreto habitaba en su interior y al explorarlo y tener acceso a él, creo que … Creo que fue cuando me convertí en un hombre esquizoide y bipolar, sin embargo me siento agradecido porque pensar desordenadamente tiene una contrapartida creativa que es tan placentera como cuando vibraba con ella, armónico y repetitivo, sobre los muelles de aquella cama de motel que únicamente utilizábamos para nuestras reconciliaciones turbias, sucias y sexuales.

Ahora necesito un retiro estratégico para asimilar los tiempos y los destiempos  que nos han separado, necesito masturbar mi mente y masturbarme, manteniéndome frío en este silencio ensordecedor y lapidario, que es terapéutico, aunque su recuerdo me perturba y al desmoronarme recuerdo su mirada de falsa timidez femenina para remontar, entonces me fumo el puto tedio, y desde mi confusión entiendo que tener un trauma es como estar entre dos mundos.

El ventanal me regala un cielo azul que sin embargo me advierte de una nueva época de heladas amorosas, y como distracciones momentáneas o pasajeras métodos artificiales que delatarán mi incapacidad humana en un mundo frígido, torpe y limitado.

Sin embargo lo más difícil de soportar es mi vocación sublime para destruir los pequeños milagros de la vida, y lo más grave es ver mi sombra glacial proyectada en la jodida pared de gotelé, de la sucia y turbia habitación del que erróneamente hablábamos como de nuestro motel.

Y el bucle: Me fumo el tedio, masturbo mi mente y me masturbo, pero sobre todas las cosas  la odio por el templo secreto que habita en su interior, y del que jamás hablaré con nadie.

Sofya Keer

La odio...

 

Grisuras navideñas

Uno de los pocos dones de los que puedo presumir es de mi extremada sensibilidad, y en un mundo que es de todo menos sencillo este don es como mirar a tu alrededor y encontrar el manantial. Y no importa que nada más nacer ya tuviera mi primer intento suicida con el cordón umbilical, ni tampoco importan mis senos bonitos ni mi boca besable, porque mi sensibilidad es lo más hermoso de mi ser y su porte extravagante, casi presuntuoso aunque suene raro ralentiza mi envejecimiento, el de mi alma, el de mi mente y el de mi cuerpo… Sentir mucho es saludablemente mortal, a veces es como abrir un boquete y desde la brecha abierta otear el abismo, otras es como una lluvia moderada y agradable, o como un amante de un día, y en no pocas ocasiones es como si me dejasen salir a empujones de un embotellamiento humano en un antro nocturno y de perdición. Mi sensibilidad en Navidad se dispara y veo toda la putrefacción de mi especie bajo árboles que brillan y lucen sus mejores galas acompañando al sinsentido de una celebración hipócrita, en la que nace y muere alguien que nunca nadie ha conocido personalmente ni visto jamás, y yo soy tan sensible que veo lo indecente y mugriento de estas fechas que para mí son tan frías como besar el rostro de un muerto.

Sin el menor titubeo estas atávicas costumbres están llenas de una insensibilidad casi obscena… Las calles están cada Navidad más llenas de personas sin hogar, hombres, mujeres y niños que no saben lo que es un plato de caliente, los hay que recientemente han sido desahuciados de sus casas y se estrenan en este mundo en el que lo material brilla por su ausencia y brilla tanto como nuestros árboles navideños…. Mientras, en el otro extremo estamos los privilegiados que por nuestra buena suerte, quejarnos es motivo más que suficiente para que con un golpe certero y maestro separen nuestras cabezas de nuestros cuerpos y así, una vez convertidos en troncos de Navidad posteriormente podríamos ser devorados por bestias de un mundo de ultratumba en el que también se celebre este teatro año tras año y por los siglos de los siglos… Y nos devorarían sin piedad y sin escrúpulos hasta el último átomo de nuestras carnes putrefactas… Lo estoy viendo, esta sería la escena que mi extremada sensibilidad visualiza si nos quejásemos de nuestra buena estrella, pero si lo agradecemos tampoco es suficiente, ser agradecidos es de bien nacidos, según el dicho popular, pero es muy cómodo y estrepitosamente fácil, igual que pedir perdón:

“Lo siento o perdona, no quería herirte “ (aunque lo he hecho) o  “gracias por todo lo que tengo” (aunque no puedo ponerme realmente en el lugar de los desposeídos y ya, ya lo sabemos, no es culpa mía, ni tuya, ni nuestra, ni de vosotros, ni de ellos)…

¿Ah, no?… ¿De quién es la culpa?, aunque dicen que buscar culpables no soluciona nada… ¿O tal vez sí?… ¡Bueno!, volviendo al perdón y a las gracias, ¡pues resulta que son tremenda y descaradamente fáciles!… Y es que desde este polo lo tenemos todo más fácil, porque lo tenemos todo, y punto.

Punto y final… Ah!, perdón por las molestias si pecáis del llamado espíritu navideño y gracias por leerme si la Navidad es vuestra celebración más querida… Ahora sí:

Punto y final.

Sofya Keer

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