Conferencia sobre el esperpento

No sé si será una actitud poco conveniente, pero a veces me ocurren cosas tristes y mi corazón las celebra… Son cosas bellas de la vida misma, del amor en sí mismo y lógicamente por ello tienen que ser tristes… Me conecto con mis fuerzas internas y aunque no soy propensa a obtener lo que pido, intento mantener la serenidad desde mi fantasía, y así bajo la voz de mi estrés emocional, porque de este modo me resulta más fácil soñar que llego a ese punto anhelado… Y lo sueño, y lo mismo hasta un día llego, entonces supongo que se despertarán mis emociones, incluso tal vez haré temblar a mis cimientos y a mis estructuras, ¿por qué no?, sé que ese será el hechizo que deshaga mi tristeza, porque hay cosas que cuestan asimilar, y cuando logro asimilarlas resulta que se convierten en un infierno. Lo paradójico es que a veces ni siquiera puedo llorar por ello, así que no sé muy bien si será una actitud poco conveniente… Yo sé mantener el caos en medio de la calma, no al revés como hace ese resto de los mortales que tienen cierta habilidad para ello, después con una bomba calórica caigo rendida hasta el día siguiente, y esa bomba calórica siempre lleva chocolate… Siempre.

Pero no es de esto de lo que he venido a hablar, hoy no me han contratado para soltaros este torbellino que ha surgido así, desordenadamente, que realmente es como se organizan los pensamientos en mi cabeza, como se desplazan, como se agolpan y aglutinan… Desordenados…

Hoy he venido para situaros en nuestro momento histórico partiendo de la generación del 98, aquellos escritores y poetas españoles descontentos y profundamente afectados por la crisis moral, política y social desencadenada por la derrota en la guerra hispano-estadounidense,¡ pero no, no voy a hablar de guerras!, voy a hablar de la época en la que surgió el esperpento en España, hoy vengo a hablaros de Valle Inclán y de su obra maestra, vengo a hablar de un hombre que rompió los moldes literarios del momento porque no le gustaba aquella España dividida, de políticos con cargos y corruptos, de decadencia y crisis generalizada… El esperpento es un género literario  que se basa en la deformación sistemática de la realidad, Ramón del Valle Inclán presentó una visión deformada y grotesca de la realidad, él habló de la estética comparándola con un espejo cóncavo, y dijo algo maravilloso:

“Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas. Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España”

Hoy he venido para situaros en nuestro momento histórico actual partiendo del esperpento, pero no puedo continuar con la conferencia porque… Porque no sé si será una actitud poco conveniente, y además estas cosas tristes que me ocurren y que mi corazón tiene que celebrar… Buenas tardes… Lo siento mucho, no puedo continuar hablando, me voy de celebración a un bar de copas que he visto justo frente a esta librería… No sé qué más decir, tal vez que si gustáis estaré allí tomando un buen brandy, aunque no sé si seré una buena compañía… Pero lo mismo eso no es lo que vosotros valoráis en este preciso momento de vuestras vidas…

Sofya Keer

CONFERENCIA SOBRE EL ESPERPENTO

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Mis pequeños sacrificios

He probado infinidad de veces a salir de mi cuerpo y de mi mente para saber quién soy realmente, porque ni mis posesiones, ni lo que creo sentir o pensar soy yo. A estos espacios yo los llamo mis pequeños sacrificios, pues en el fondo constantemente debo vencer mi timidez para hacer ciertas cosas, y cuando intento salirme de mi pequeño molde siento temor por lo que mi mente y mi cuerpo me esconden. Es como ese momento en el que alguien te dice que quiere que te sientas libre a su lado, sin embargo no hay nadie, soy yo la que lucha sin tregua para sentirme libre intentando saber quién soy realmente, saliendo y volviendo a entrar en mi cuerpo y en mi mente. Necesito ese minuto íntimo de silencio para que mi dolor interno salga afuera y deje su herida, su herida que es mía es una invitación sutil a la entrega, entonces capto la sutileza y hecho sal en ella, kilos y kilos de sal, pues no tengo ninguna prisa en que cicatrice… Así es como al multiplicarse el dolor opto por dar un paseo en soledad dejando que el aire acaricie mis mejillas, juego a huir sola, sin el trance de que alguien me pregunte qué es lo que estoy pensando…

Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, y es que hay otro pequeño sacrificio que tímidamente me permito por las noches, este es un sacrificio porque lo mío no es la tecnología… Tengo un Phantom 4 negro sin luces de navegación que recorre discreto y raudo los bloques de mi vencindario… Buscando por buscar o buscándome a mí misma, encontré dos bloques más allá a un chico excitante con el que me cruzo a diario por el barrio y aunque también cruzamos miradas, él ignora que yo sé cómo son sus noches.

Mi drone tiene un sensor especial que me permite seguir sus movimientos nocturnos, su pequeña cámara le graba y yo puedo disfrutar de sus imágenes y aunque no graba audios, no necesito escucharle. A veces empleo los veintiocho minutos de autonomía de vuelo porque me embelesa, pero ahora quiero poner a prueba a mi juguete volátil, pues es capaz de ir hasta cinco kilómetros más allá, y el otro día conocí a un hombre muy interesante de mirada inquieta, que me ha hecho pensar que salirme de mi cuerpo y de mi mente no tiene por qué ser una vivencia de sacrificio… Le seguí disimulando entre escaparates y vive  a unos tres kilómetros de mi barrio, sin embargo, no sé si con veintiocho minutos de autonomía de vuelo, mi pequeño drone tendrá tiempo suficiente para ir, volver y facilitarme esa información nocturna que necesito para saber quién soy yo realmente. No quiero accidentes innecesarios ni que le ocurra nada malo a mi artefacto salvador y volador… Y además no sé porqué cuento  todo esto… Lo que pasa dentro de mi cabeza no puede saberse, así que supongo que esta confesión mía insensata y descabellada es otro de mis pequeños sacrificios, aunque he de confesar que no me ha costado mucho contarla porque creo que estoy empezando a  disfrutar enormemente saliéndome de mi cuerpo y de mi mente. Sólo pido discreción pues sé que este intento de encontrarme a mí misma tiene tintes de ilegalidad.

Sofya Keer

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Servicio de compañía

Mi fantasía se altera fácilmente cuando un deseo nuevo cosquillea mi alma y me aleja de esas tareas que me enojan… En mi cabeza se abren miles de válvulas y puedo convertirme en tu ama de llaves compasiva, de género neutro si así lo deseas, puedo ser vulgar hasta límites insospechados o elegante y de venenos refinados si es ese tu anhelo… Con una sonrisa contemplativa puedo convertirme en tu desahogo anímico o en un híbrido sensual a caballo entre el arte y la filosofía, puedo mostrarte mi catálogo de maneras y modales, mi educación en las artes amatorias y mi brusquedad sexual cuando de placeres carnales se trata… Con ingenio y voluntad también puedo acompañarte y compartir contigo hallazgos existenciales que no podrías ni tan siquiera imaginar: ¿Sabes que cuando escuchas a las alondras ya son cerca de las seis de la mañana?, ¿sabes de mi placer anal tras mis oraciones vespertinas?…

Ella inspira por su cordura y seriedad, es una mujer muy respetada que despierta pasiones a cada paso por sus distracciones momentáneas y la fatalidad de su alegría. Ella es un secreto muy solicitado, es un profundo arrebato que te hace enrojecer violentamente.

Cuando contraté sus servicios por primera vez entre los que no hay ningún método artificial, me miró fijamente a los ojos con su cabeza negadora, y errante me susurró:

“Yo soy como los dioses, sólo si crees en mí existo”

Sofya Keer

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Vaporizando pensamientos

Al enterarse de su muerte pensó que el mundo era un poco mejor cuando ciertas personas se van, desaparecen, o simplemente ya no están en él.

Con la noticia decidió fumar algo de hierba, solía utilizar un vaporizador para el consumo de la marihuana, una versión terapéutica que le gustaba más porque le aliviaba esos dolores que la asediaban a altas horas de la madrugada quitándole el sueño y las ganas de vivir… Todo era fruto de una infancia caótica y un cúmulo oscuro de acontecimientos negros en su vida, y Sara era así, oscura y caótica.

Con la primera calada y sin ningún remordimiento por su pensamiento inicial ante el óbito recordó aquel momento en el que tuvo que decidir prolongar la situación con él y a la vez suspender sus emociones, así es como contradictoriamente pudo tomar el control, sin notas de despedida huir, y pagar con los pocos ahorros que tenía el servicio de un sicario de alto nivel para con esa muerte garantizar su propia vida, no había ningún seguro más eficaz, eficiente y rentable que ese.

Con la siguiente calada del porro se sintió como la diosa de la muerte, rió a carcajadas como una mujer exenta de cordura, como una desquiciada o enferma mental. Sin embargo, locura era todo el dolor que contenía dentro de su delgado cuerpo y de su ya mínimo ser, dolor era la sensación de su alma rota y de su espíritu triste, dolor eran sus costillas magulladas… Y locura eran los hematomas que escondía bajo sus vestidos, locura era el hecho de no poder volver a confiar en ningún hombre nunca más, no querer hacerlo y además no necesitarlo, ¡eso sí era locura, eso era dolor!…

Acabó de fumarse la hierba, se vistió para tan noble ocasión, y pidió poder presenciarlo todo de principio a fin. Vio cómo lo introdujeron en el infierno a casi 1.000 grados y como una trastornada esperó en la sala las casi cuatro horas estipuladas hasta que lo vio salir reducido a la mínima expresión humana, él ya era polvo. Salió del Tanatorio de luto riguroso y vació su contenido orgánico en el contenedor más cercano, después hizo lo mismo con el relicario.

Llegó a casa con las manos vacías como de costumbre y con un dolor tremendo al que le costaba acostumbrarse, preparó el vaporizador y con una dosis terapéutica quedó profundamente dormida con la tranquilidad de que gracias a ella el mundo era un poco mejor que antes… Y no, no era ninguna locura aunque era consciente de que todavía le duraría demasiado tiempo el dolor.

Sofya Keer

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La realidad no siempre acaba bien en la página ciento cincuenta

Era de buena cuna, así que todo eran buenos augurios para ella, de elegantes ademanes y muy diferente a la mujer promedio, según diagnosticaban todos los psicólogos y psiquiatras que trabajaron con ella y con sus emociones rotas desde su más tierna infancia.

Sin embargo, nada de todo esto fue determinante en su existencia porque ella no creía en la religión de la psiquiatría, y además, sufría la enfermedad incurable de la sinceridad feroz, ella sentía nostalgia del absoluto, ella disfrutaba del placer de dormir dos días seguidos, levantándose únicamente para satisfacer sus necesidades más primigenias, entre las que estaba oler el jazmín que trepaba por la ventana de su dormitorio.

Era inquieta e indócil, buscaba la alegría en la lluvia y olvidaba constantemente que iba a morir, tarde o temprano, antes o después, lo olvidaba constantemente. Lo que no conseguía olvidar era el dolor de existir y la patética precariedad del mundo real. Era su clara tendencia al devaneo la que la llevaba a aceptar el alma sucia y materialista del mundo en general, y a ratos sin poder ni querer evitarlo, una palpitación antigua la angustiaba hasta hacerla caer desmoronada al suelo, pero ella sabía que se trataba de un ruido transitorio que en el fondo aunque sarcástico y castizo, la despejaba de su enfermedad virulenta.

Nunca encontró la línea divisoria entre filosofía y poesía, esto le acarreó serios problemas académicos que a ella no le preocuparon ni en su momento ni con el tiempo corriendo. Leía, mejor dicho, devoraba libros del antiguo Egipto y nunca supe el porqué, ni qué buscaba en esas lecturas, ni qué encontraba en aquellas páginas.

Cuando su ataúd fue introducido en el nicho pude recordar aquella tarde… Y es que a la intemperie,  las bellezas tristes son las que más me seducen… Ella era bella… Ella nació y murió triste… Y por supuesto, demasiado joven…

Amaba el uso abusivo de las metáforas tóxicas, yo la recordaré siempre como la peligrosa tentación de los finales imprevistos porque como me decía ella cuando tomaba unos vinos de más:

 “La realidad no siempre acaba bien en la página ciento cincuenta”…

Y al decirlo exaltaba aún más su belleza, y sin querer ni poder evitarlo, resaltaba todavía aún más su tristeza.

Sofya Keer

 

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Cuándo perdemos el sendero en nuestras vidas? …

El recuerdo del fetiche muerto la hacía sentir profundamente insegura, porque eso la convertía en una persona normal y ella sabía que las personas normales son muy peligrosas.

Comenzó a aceptar invitaciones que inmediatamente rechazaba, se presentaba a fiestas para irse enseguida, la dulce sensación de que las cosas en su vida nunca estuvieron bien fortalecía aún más su espíritu de hierro.

Abrió la vieja puerta que crujía y su crujido le recordó que tener una vida mezquina no era tan grave… Al abrirla el aroma marino y al fondo la marejada; Caminó hacia la oscura inmensidad sintiendo que hay horas de gran soledad en el mar, y esa era una de ellas, ese preciso instante en el que contemplándolo se sintió orgullosa por haber aprendido a vivir con lo que no entendía, se sintió cómoda en su zona de prostitución, esa que el resto del mundo llamaba de confort… Recordó a Nietzsche y su abismo, se planteaba si era ella la que miraba al mar o si era el mar el que la miraba a ella, ¿tal vez se observaban mutuamente?…

En esa hora de tanta soledad en el mar, la soledad era realmente suya, sin embargo aquel adiós fue su libertad y por ello fue también una de esas cosas que se daba a sí misma, aunque a otros les pareciera una invención cómica y surrealista, ella sabía mejor que nadie de las terapéuticas y trascendentales propiedades del adiós. Caminando con los pies hundidos en la fría arena y bajo la oscuridad nocturna una pregunta acudió a su mente:

“¿Cuándo perdemos el sendero en nuestras vidas?”…

El silencio le devolvió un pensamiento:

“La respuesta a esa pregunta te viene grande y es demasiado áspera”

Regresó a casa, cogió los Arcanos, los Mayores y los Menores, a sabiendas de que ese era un juego que no le sirve a nadie, uno de esos juegos que no llevan a ninguna parte… Barajó mientras perdía la fe en todo, pero lo hizo a conciencia para remover con las cartas todas las probabilidades y posibilidades, una tirada de su vida, un concepto aséptico e insuficiente de la existencia, otro juego más que la convertía en vegetal, y todo fruto del agotamiento de la razón sistemática, todo por buscar el éxtasis del orden remoto, todo en una quietud silenciosa.

Sintió la voz solitaria de la desesperación del mañana, mientras en su divergencia mental, se mostraba ante ella todo el arte imperecedero del flagrante olvido de sí misma, y lo peor era que a lo lejos brillaba como un astro, el sendero perdido de su vida.

Sofya Keer

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La responsabilidad en contra

No suena muy original decir que me deslumbró, tal vez decir que me tenía perturbado o totalmente interesado cuando yo ya me encontraba desprovisto de toda sorpresa, sea más atinado y además novedoso. Al margen del canon y de que olía más a tumba que a vida, era culta, sensible y cometía errores y pifias constantemente única y exclusivamente por su neurosis de desplazar con mayor facilidad el círculo vicioso de su vida. Y lo sabía hacer muy bien, lo hacía con un civismo honesto y un cinismo pueril, era la dama en su laberinto, pura inmersión en profundidad, sin manuales de uso en desuso.

Pero no fue fácil, porque se sentía sola constantemente, desolada a ratos y asolada sin tregua alguna… Yo jugué mal mis cartas al desaprobar su modo de vida, eso es algo que todo superhombre que se precie no debe hacer nunca, bajo ningún concepto; Pero lo hice, entonces dejé de estar de candente actualidad en su vida, dejé de ser esa ferviente etapa que hacía sus prosas más deslumbrantes, me convertí en el idiota orgulloso de moral burguesa que la seguía acechando fascinado. Ella por su parte, seguía siendo la mujer intrigante, culta y sensible, seguía siendo la dama en su laberinto, sola, desolada y asolada, constantemente, a ratos, e incluso sin tregua alguna…

Y aunque no suene original me deslumbró como ninguna otra lo ha hecho en toda mi puñetera y falaz vida… Y esto no se olvida fácilmente, por muy fácil que resulte la división del tiempo que el reloj se encarga de gestionar día a día, semana tras semana, mes a mes… Así siento quebrarse mi serenidad, así es como ante el espejo veo en mi mirada los ojos culpables día a día, semana tras semana, mes a mes…

Tic, tac, tic, tac… Tic, tac…

Sofya Keer

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